- Un teléfono o una lámpara de mano le basta a muchos capitalinos para vigilar sus barrios
Elízabeth [email protected]
Ni el frío ni la oscuridad parece importarle a Araminta Jiménez. Mientras sus vecinos gozan del merecido descanso de la medianoche, desde el interior de su casa vigila el paso de cualquier sospechoso que camine por las desérticas calles del barrio Villa Cuba, al sur del Distrito Cinco de la capital.
A diferencias de otros barrios, en la segunda etapa del Villa Cuba, un grupo de mujeres permanece desde la medianoche hasta el amanecer del siguiente día con las ventanas semiabiertas para estar atentas a lo que sucede a su alrededor.
Jiménez reconoce que a diferencia de otras épocas, cuando la población organizada contrarrestó la delincuencia y las pandillas juveniles del lugar, que los convertían en barrios tierra de nadie, los hombres están pasivos en la vigilancia.
Mientras sus ojos están atentos a vigilar quién entra o sale en los alrededores de su cuadra, indica que una de las metas para emprender el próximo año es lograr que los varones vuelvan a incorporarse a la vigilancia comunal. Su ejemplo son los barrios aledaños donde grupos muy bien organizados de vigilantes patrullan las calles, como Naciones Unidas donde los hombres con garrotes en mano bloquean el paso a todo sospechoso, o en el Ángel Valentino donde en la madrugada todo extraño que pasa por el lugar bien puede distinguir los silbatos de advertencia.
Por arma, las mujeres de Villa Cuba cuentan con los teléfonos para formar de inmediato una red muy bien organizada en casos de emergencia.
Jiménez, profesora de preescolar, ha sido una dirigente comunal, integrada al Comité de Prevención Social del Delito quien lleva más de dos décadas en su lucha no sólo por desterrar el delito en su barrio, sino por alcanzar mejores condiciones para su comunidad.
OTRO EJEMPLO A SEGUIR
En Villa Austria existe otro grupo de vigilantes comunitarios que desde hace dos meses empezaron esta desgastante tarea, pero con resultados satisfactorios para la comunidad. Desde las primeras horas de la noche del día anterior hasta las 5:00 a.m. del siguiente, el grupo se reúne en la casa comunal de donde sale con una lámpara al cinto y algunos de ellos con “amansalocos” empiezan a recorrer las calles. La población los identifica por la chaqueta azul oscuro con que se abrigan.
La vigilancia la realizan acompañados del jefe de sector, el suboficial Pablo Chavarría, o en su lugar dos Policías Voluntarios que aunque son de la comunidad les han encomendado la tarea de poder requisar a todo sospechoso que ingresa al barrio. En total son 50 vigilantes quienes a diario rotan esa responsabilidad.
El interés de los pobladores integrados a estos comités es el mismo: llevar más seguridad a su barrio con la prevención de hechos delictivos.
“Nos sacrificamos un día para dormir los otros seis días tranquilos y que nuestros hijos, nuestras familias duerman tranquilos”, manifestó Armando Espinoza.
En esta ocasión los vigilantes nacieron antes de que se organizara el comité.
Sandra Jarquín, presidenta del Comité de Prevención Social del Delito de Villa Austria, recuerda que los vigilantes se organizaron cansados de las acciones violentas efectuadas por los pandilleros del barrio vecino, el Georgino Andrade, quienes con sólo cruzar un puente que les dividía estaban en territorio ajeno. En los dos últimos años las agresiones de los pandilleros cobraron tres muertes en Villa Austria.
Jarquín recuerda que los taxistas rehusaban ingresar a dejar pasajeros a ese barrio.
El coordinador del grupo de vigilantes, Pastor Corrales, le agregó una preocupación más, combatir tres expendios de droga en el barrio.
“Cliente (adicto) que viene, lo requisamos”, señala orgulloso el coordinador de los vigilantes comunitarios. En caso que les encuentran droga los entregan a la Policía.
Corrales y su grupo está apostando a que los dueños de los expendios tendrán que emigrar de Villa Austria, sin que ellos muevan un solo dedo en su contra ante las autoridades policiales, pues sostiene que cuando los clientes dejen de llegar por temor a que los retengan en la calle tendrán que desaparecer.
“Villa Austria estaba dentro de los tres barrios más peligrosos del Distrito Seis, junto al Georgino y los Laureles”, señala Armando Espinoza.
La experiencia de Villa Austria se extendió al Georgino Andrade, lo que se ha traducido en tranquilidad para los residentes de ambos barrios.
ÚNICO FIN: DISMINUIR LA DELINCUENCIA
El jefe del Distrito Cinco, comisionado Javier Obando, señala que la vigilancia comunitaria impulsada por los Comités de Prevención del Delito tiene como único fin disminuir la actividad delictiva en sus barrios, lo que según el jefe policial ha sido comprobado con las estadísticas policiales.
Hay comités que por iniciativa o necesidad propia se han organizado en vigilantes comunitarios, quienes se coordinan con el sistema de vigilancia y patrullaje que tiene la Policía, a través de los jefes de sector pues Obando señala que bien dice el proverbio popular: “una golondrina no hace verano”.
“Todos nos necesitamos y hemos llegado a la conclusión de que la Policía no puede funcionar, no puede resolver toda la problemática de la actividad delictiva sin el apoyo de la población”, sostiene el jefe policial.
Sólo el Distrito Cinco cuenta con 68 barrios organizados de 134 en total que lo conforman.
Aunque estos comités empezaron en 1996, en la modalidad de asociaciones de vecinos, fue en los tres últimos tres años que la Policía puso mayor atención en la comunidad, con los Comités de Prevención Social del Delito, lo que a criterio de Obando “hay reciprocidad” en esta tarea.
Estos grupos realizan una labor de persuasión, sobre todo por parte de los adultos con los jóvenes integrados a grupos juveniles para que abandonen ese tipo de vida, lo que les ha dejado importantes resultados.
En los últimos años, las llamadas pandillas representaban uno de los principales problemas para los pobladores de varios barrios del Distrito Cinco, sobre todo los que se conocían como los “Schick”, al igual que en muchos de Managua en general.
El mismo Obando señala que hace cinco años lo que predominaba en esos barrios “era el accionar de pandillas, los robos con intimidación, los robos con fuerza, los robos con violencia, las violaciones, las lesiones, eran zonas que incluso la Policía no se atrevía a patrullar”.
“Ahora existe una convivencia, una calma, ya la gente puede salir a las aceras de sus casas a tomar aire fresco; antes, la gente se encerraba por el miedo al accionar de las pandillas y en esto los comités han jugado un papel muy importante”, refiere Obando quien agrega que estos comités también asumen las charlas contra la droga, contra el sida y contra el alcoholismo.
POBLACIÓN SE ORGANIZA
El comisionado Javier Obando define a los Comités de Prevención Social del Delito como la población organizada que merece el reconocimiento no sólo de la Policía sino de la misma sociedad, porque es gente que trabaja para la comunidad sin devengar nada, en los que participan desde sacerdotes, maestros, empresarios, profesionales, hasta amas de casa.
Ahora por ejemplo, la Policía consulta a los miembros de estos comités sobre la existencia de expendios de licor en un barrio. Esto, aclara, no significa que le reste funciones a la Policía, sino que la gestión policial está apoyada pues se trata de la comunidad organizada.
Esto que se podría decir es una alianza entre la Policía y las comunidades a través de los Comités de Prevención Social del Delito, estima Obando, “es una fortaleza desde el punto de vista organizativo, es una fortaleza no para la Policía, es una fortaleza para Nicaragua, porque esto existe en todo el país”.
También reconoce que en otros países esta forma de lucha por la seguridad ciudadana en Nicaragua desde las comunidades es visto como si tuviesen algún sesgo político, como cuando en la época de la dictadura somocista surgió la temida mano blanca, o los llamados Comités de Defensa Sandinista (CDS), durante el gobierno sandinista. Pero el funcionario policial aclaró que esto no es así, pues en los comités incluyen a todo ciudadano con diferentes creencias religiosas o de colores políticos.
“El día que alguien le ponga eso (interés político), nosotros desaparecemos ese comité de prevención, porque no es esa su naturaleza, es un Comité de Prevención Social del Delito, para apoyar a la comunidad, para frenar el índice de crecimiento de la actividad delictiva, para educar a los jóvenes, niños, niñas…”, acota Obando.