Adolfo Miranda Sáenz
En el caso de Agave Azul hay más de 13,500 nica- ragüenses que están siendo afectados en su calidad de promotores. La mayoría, personas pobres. Son los actores principales y es justo que el caso de Agave Azul también se vea desde su perspectiva.
Según han explicado, Agave Azul ofrece vender tequila a quien desee comprar en su calidad de promotor independiente. Al mismo tiempo le ofrece dos opciones: a) Entregarle el tequila para que el promotor lo comercialice directamente, ganando un 30 por ciento, o b) Que el promotor autorice a Agave Azul para que lo comercialice internacionalmente y le pague comisiones del 15 por ciento. Si el promotor consigue otros promotores, sus comisiones aumentan hasta llegar al 30 por ciento, además de ganar comisiones sobre las comisiones de los promotores que consigue, de acuerdo con una tabla.
Agave Azul asegura que internacionalmente el tequila tiene gran demanda, y que en Europa o Japón las utilidades son de más del 300 por ciento, por lo cual pueden pagar comisiones altas a sus promotores, y que su sistema se conoce como comercio de multinivel. Hasta ahora nadie les ha probado lo contrario.
Los promotores, lejos de sentirse estafados, han demostrado confianza en Agave Azul e indignación por las medidas tomadas por las autoridades. Afirman que siempre les han pagado cumplidamente las comisiones, y que muchos han recibido en comisiones más dinero que el que usaron para hacer su compra.
Lo que he percibido como el sentimiento general de los promotores lo expresó un señor entrevistado por periodistas del Canal 2, que dijo: “Yo entré en esto voluntariamente sin que nadie me obligara. Es mi dinero y puedo hacer lo que quiera con él. Estoy contento porque recibo lo que otros no me dan. Si estoy equivocado es cosa mía, corro el riesgo, pero que otros no decidan por mí”. Una señora me dijo: “Gracias a este negocio no me suicidé, porque estaba desesperada por las deudas, y ya salí de ellas”. Una joven estudiante de la UNAN me dijo llorando que todos los ahorros de su papá estaban en peligro por la intervención de la Superintendencia y que su familia estaba desesperada. Para ella, el daño no lo causa Agave Azul.
Cada cual es libre de creer o no creer en Agave Azul, pero considero que es una decisión personal. Diariamente tomamos decisiones en cada transacción comercial, en cada inversión, y actuamos confiando en múltiples personas o empresas. Son riesgos que todos tomamos cada día. Está bien que las autoridades adviertan sobre el grado de seguridad de ciertas inversiones, que señalen peligros, pero jamás impedir por la fuerza que cada cual tenga o use su dinero donde y como quiera. No hay prueba de que Agave Azul opere como banco; no hay prueba de que laven dinero; el público no se ha sentido estafado. Sospechas, presunciones, dudas, no son bases legales. Al público Agave Azul les ha cumplido y aseguran que lo seguirán haciendo si los dejan trabajar.
La libertad es preciosa aunque tenga sus riesgos. No podemos actuar contra la Constitución y la libertad de comercio. Si no, afirmando “proteger” a quienes no desean ser “protegidos” estaríamos justificando actos arbitrarios y subjetivos, y ese es el peor de los riesgos en un Estado de Derecho.
El autor es Abogado