El presidente Enrique Bolaños entregó juguetes a niños en El Raizón. Al salir, los pequeños agradecieron con sonrisas.

Filas por un juguete

Algunos niños durmieron en la fila por un juguete Arlen Pé[email protected] Hicieron fila durante horas, algunos desde la noche del jueves. Algunos pequeños tuvieron que hacer sus necesidades en un predio cercano o aguantarse, pero no se movían mucho de sus puestos. La larga espera fue recompensada con una muñeca, un carrito o algún otro […]

  • Algunos niños durmieron en la fila por un juguete

Arlen Pé[email protected]

Hicieron fila durante horas, algunos desde la noche del jueves. Algunos pequeños tuvieron que hacer sus necesidades en un predio cercano o aguantarse, pero no se movían mucho de sus puestos. La larga espera fue recompensada con una muñeca, un carrito o algún otro juguete.

Miles de niños con sus familiares formaron una fila de más de 300 metros frente a El Raizón, para recibir un juguete donado por el Presidente de la República, Enrique Bolaños y su esposa Lila T. Abaunza.

Carmen García, de 45 años, vive en el barrio Walter Ferreti, de Managua; ella aguardó desde las ocho de la noche del jueves para que sus tres hijos pequeños y cuatro de sus nietos recibieran un juguete.

“Con mucho chavalo uno no puede comprar, somos bastantes en la casa. La casa la mantiene mi marido que es albañil y yo que le ayudo, soy ama de casa”, relató García.

MADRUGADORES

Lourdes Chamorro César de Bolaños explicó que quienes llegaron más temprano y hasta durmieron haciendo fila tuvieron su recompensa. “El que madruga come pechuga, ellos lo saben. Así que eso no es culpa de nosotros. Hay juguetes que son más bonitos que otros y a los que vienen primero se les da pechuga”, dijo.

Para organizar la entrega, el día 20 de diciembre se entregó en los barrios un tiquete para reclamar los juguetes, y una vez que los recibieron se les marcaba una uña con tinta.

SIEMPRE COLADOS

Sin embargo, algunos de los madrugadores se quejaron de “los metidos” que llegaron tarde y se “colaron”.

“Hay un desorden que no es jugando, porque la Policía no pone orden. Dejan que la gente se meta en la fila. Uno está desde las dos de la mañana y hasta las ocho de la mañana abren. Dos de mis hijos estuvieron aquí conmigo durmiendo y luego vinieron los otros dos. El año pasado fue más ordenado”, afirmó Carlos Calero, de 34 años, habitante de Piedra Quemada.

Durante el año se entregaron más de cien mil juguetes a nivel nacional. En las comunidades de El Raizón la entrega fue de cinco mil, aunque había 1,500 más para quienes llegaran sin boleto.

JUGUETES MODERNOS

Algunos niños como Ana María López, de siete años, ya habían participado de la entrega el año pasado. “Me dieron una muñeca y la guardé en la casa. Quiero que me den otra muñeca”, comentó la pequeña.

Omar José Brenes Sandino, de 12 años, relató que el año pasado recibió un camión, pero que ya no juega con él porque lo tiene de adorno. “Ahora quiero que me den un carro a control remoto para echarme a las carreras”, expresó.

Además, “quisiera que me dieran una guitarra, ya puedo tocar más o menos. Mi papá me enseña. Yo ya tengo una y él me enseña, pero mi guitarra ya está viejita”, añadió Brenes.

CUBRIENDO NECESIDADES

Pedro Pablo Sánchez Ampié, de 57 años, llevó a tres nietos a recibir los juguetes. “Me siento alegre porque reciben sus regalitos los niños. No había podido comprarles sus regalos porque no me da la bolsa. Le trabajo a don Ricardo Bolaños en vigilancia, pero gano poco, mil doscientos córdobas”, indicó.

AÑO DURO PARA FAMILIA PRESIDENCIAL

El presidente Enrique Bolaños y su esposa Lila T. Abaunza, salieron a entregar algunos de los juguetes.

Abaunza manifestó que para el 2006 espera tranquilidad. “He tenido dos golpes fuertes este año, se me murió mi hijo y al otro lo tengo con cáncer. Mi ánimo no es como el de todos los años”, dijo.

Agregó que “los padres de la patria para el año que viene ya no me van a dar un centavo. Dios ayuda, hasta donde me ayude Papá Chú, a Él es a quien le pido”.

Comentó que prefiere las entregas a grupos de niños más pequeños, que la fila de varios metros en El Raizón.

“Esa bulla ya no la aguanto, ya tengo 76 años. Este año me fui a repartir juguetes a las carreteras. Se veían grupitos de cinco o seis niños. La ventaja es que todos te dicen gracias y que Dios la bendiga. Aquí casi nadie dice gracias, ya están ‘civilizados’”, expresó la primera dama.

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