- Trabaja para no estar sólo sentado “esperando el viaje”
Claudia Pineda HerreraCORRESPONSAL/[email protected]
A las 2:00 de la tarde a don Miguel Serrato se le puede encontrar en el hogar de ancianos Vicente Paul, de Jinotega, balanceándose en su silla, descalzo y con sus chinelas remendadas a un lado.
A sus 89 años, su aspecto denota debilidad, pero cualquiera que lo conoce sabe que esta persona tiene aún energía para sembrar, cultivar, cortar y beneficiar café en el patio en el hogar de ancianos.
“Allí estoy trabajandito, lo hago para divertirme un rato, para no sólo estar sentado esperando el viaje”, contó don Miguel.
Don Miguelito es originario de Pueblo Nuevo, Estelí, y hace catorce años llegó al asilo, pero el café lo sembró hace cuatro años y este año cosechó sus primeros granos.
“Aquí sobra dónde trabajar, allí está esa punta de plancha, pero yo no puedo hacerlo porque me da esa aflicción, que los doctores no me permiten seguir haciéndolo”.
EN OTROS CULTIVOS
Don Miguel también ha sembrado papayas y bananos en el patio del hogar de ancianos.
“Cuando era joven, en vez de buscar una taza de café, me levantaba a buscar el machete, tuve unas fincas hasta con dos casas en el mismo terreno y ya heredé a todos mis hijos”, comenta.
“¿Lo van a visitar en Navidad?”, le preguntamos. “Quién sabe, puede ser que vengan”, respondió don Miguel.
Según don Miguel, sus parientes lo visitan algunos fines de semana y días festivos, pero hay otros ancianos como doña María, de Matagalpa, que nunca han recibido una visita.
En el albergue hay 55 personas atendidas que actualmente están necesitando ayuda humanitaria en medicamentos, enseres domésticos, fondos y, sobre todo, que sus parientes se acuerden de ellos en esta Navidad.
Julio Aburto Estrada, del club de Trópicos en Jinotega, dijo que este centro necesita también apoyo institucional de la Alcaldía de Jinotega y el Gobierno Central, porque esta casa podría convertirse en “el cementerio de ancianos”.