Muchos llegaron a visitar a la Virgen de la Piedra en Dipilto, donde una gran peregrinación de católicos llegó a venerarla.

Peregrinación a Santuario de Virgen de la Piedra

Alina Lorío L.CORRESPONSAL / DIPILTO Dipilto, pintoresco y fresco pueblecito de Nueva Segovia y sede del Santuario Mariano de la Virgen de la Piedra o Virgen de Guadalupe, fue nuevamente escenario de uno de los eventos religiosos más importantes del año en el norte del país. Bajo un cielo nublado y temperaturas de unos 23 […]

Alina Lorío L.CORRESPONSAL / DIPILTO

Dipilto, pintoresco y fresco pueblecito de Nueva Segovia y sede del Santuario Mariano de la Virgen de la Piedra o Virgen de Guadalupe, fue nuevamente escenario de uno de los eventos religiosos más importantes del año en el norte del país.

Bajo un cielo nublado y temperaturas de unos 23 grados aproximadamente, centenares salieron en peregrinación desde Ocotal hasta el santuario.

Otros que vinieron de Honduras, dejaron sus vehículos en el puesto fronterizo de Las Manos y se enrumbaron a pie hasta ese lugar en Dipilto.

Muchos llegaban a rendir honor a la Virgen morena, otros a pagar sus promesas, otro pidieron milagros y muchos llegaron con sus botellas para llevar un poco de agua del pozo milagroso ubicado al pie del santuario y que, según los fieles, tiene poderosas cualidades curativas.

Hubo carrozas con personajes bíblicos, la gigantona, pólvora por doquier, el mariachi Triniteño dedicó una serenata especial a la imagen.

La peregrinación recorrió desde la entrada de Dipilto Viejo hasta la Iglesia del pueblo actual, donde el padre Francisco Roble develó la imagen que llevarían en sus hombros al Santuario de la Virgen de la Piedra.

Muchos católicos llegan a este santuario, como doña María de la Cruz Matute Medina, de Ocotal, que a sus 65 años de edad le debe “muchos milagros a la virgencita” porque la ha curado de “unas golondrinas” que salieron en sus senos.

Doña María del Socorro Pastrana Aguilar, residente en Las Manos, recuerda que “una vez que estaba grave le pedí a ella de corazón que me quitara un fuerte dolor que andaba en mis pies y rodillas que me impedían caminar y con la agüita y la arenita de ella me curé, tomando una medida diaria por la noche. Me ha hecho milagros”, reveló.

Según relató María Nieves Paguaga, dipilteña de casi 50 años, esta tradición nació luego que en 1947, monseñor Nicolás Antonio Madrigal propuso a los residentes que le pidieran con fe a la Virgen de Guadalupe la sanación de todos los del pueblo que eran diezmados por una epidemia de cólera o tifoidea que causó varios muertos.

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