Gabriel Conde
En otra de esas “inverosímiles”, los diputados de la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Nacional nos dicen que sin leer, sin saber, sin darles tiempo de nada, y como si no les pagaran para trabajar, amnistiaron a un grupo de convictos entre los cuales iban incluidos individuos cuyos escalofriantes crímenes conmovieron a nuestra sociedad.
El ciudadano común y corriente se pregunta: ¿Esta amnistía, se aprobó por razones políticas, por coimas o porque la comisión ad-hoc está formada por tarados? Prefiero darle a los diputados el beneficio de creer en lo último, aunque automáticamente pase yo a integrar ese grupo de minusválidos.
Tendrán Feliz Navidad los despistados miembros de la alegre comisión, aunque más feliz la tendrán los afortunados que se sacaron el premio mayor del narcotráfico, porque El Güegüense que llevo dentro me grita que los más de diez millones de córdobas (equivalente a los seiscientos mil dólares) nunca serán recuperados.
Ahora se menciona que los magistrados se pondrán de acuerdo en minimizar las penas a los jueces y abogados de la trama bursátil. Este mismo Güegüense que me tiene poseído, me advierte que si las penas se endurecen estos gendarmes de la corrupción, enfurecidos podrían destapar la caja de Pandora, donde se anidan todas las formas de la desvergüenza y aquí sería Troya para los magistrados.
Las investigaciones que hace el Ministerio de Justicia, a cargo del “trivelizado” doctor Julio Centeno Gómez, tendrán como corolario, lo que ayer al pasar por Diriamba, me dijera el Macho Ratón: “Les seguirán dando atole con el dedo hasta que jodan al tal Tastuanes”.
Pero sucia y desvergonzada, yo te seguiré amando, eres mi Nicaragua, te quise en Quilalí, te amé en El Realejo, en Alamikamba y Macantaca y en el Río San Juan. Por ti yo moriría.