- Estados Unidos sigue atrayendo a los turistas latinos que viajan por salud. Pero América Latina empieza a competirle
José VelásquezMIAMI, FLORIDA
Gastón García ya no quiere ir a la Copa del Mundo de Alemania. Y no es que haya perdido la pasión por el fútbol, sino que hace poco halló una mejor excusa para conocer Europa: un crucero de salud.
«Mi esposa no quería gastar un montón de plata en ir al mundial, pero descubrí un crucero por el Mediterráneo en el que iba a haber charlas médicas y decidimos ir», dice este mexicano de 69 años con problemas de hipertensión y diabetes.
García se refiere al «Crucero de la Salud» organizado por el Centro Internacional del Baptist Hospital de Miami y que recorrerá en octubre de 2006 algunos de los puertos más emblemáticos de España, Francia e Italia. Si bien los huéspedes no son tratados como pacientes, el atractivo del viaje en el lujoso transatlántico es justamente el valor agregado que le da la propuesta de salud y bienestar.
Viajar largas distancias en busca de una mejoría física y mental es más frecuente, factible y barato de lo que la mayoría podría pensar.
Los precios de un crucero oscilan entre US$ 744 y US$ 1.944, lo que no suena tan mal para una semana todo-incluido por el Mediterráneo. Y no suena mal para nadie, pues ahora las grandes corporaciones médicas, así como los proveedores más pequeños, quieren una tajada del pastel.
El proyecto del crucero multinacional anual, que bien podría flotar por mucho tiempo, es uno de los productos más nuevos del Baptist en su intento por captar la atención del mercado extranjero.
El Centro Internacional atiende anualmente a más de 11.000 pacientes de más de 85 países, incluidos todos los de América Latina y el Caribe. Para competir con la tradición de las clínicas de Houston, como el Hospital Methodist que se posicionó en México, el Baptist sacó todo su arsenal médico y cerró convenios con hoteles de lujo, como el Doral Golf Resort & Spa, de la cadena JW Marriott, y el Turnberry Hotel bajo el concepto «prevención y diversión», que ofrece descuentos en revisiones médicas.
Mientras los pacientes reciben los servicios especializados, los familiares y acompañantes obtienen otro tipo de atención, como un paquete que incluye descuentos en centros comerciales, hoteles y atracciones.
Entre esos pacientes latinoamericanos hay ejecutivos jóvenes, que están de paso y aprovechan para hacerse una revisión general, madres en gestación que viajan antes de la recta final del embarazo, pacientes recurrentes con problemas crónicos, y personas que buscan una segunda opinión, una cirugía milagrosa o el tratamiento que les pueda salvar la vida.
Lo que aúna a todos es que deben pagar por los servicios médicos de contado o tener cobertura de un seguro internacional.
¿CUÁNTO CUESTA?
Un examen ejecutivo de un día en el Baptist, que incluye desde una prueba de esfuerzo hasta estudios que pueden salvar la vida, cuesta US$ 1.045. Más al norte, en Jacksonville, en la reconocida Clínica Mayo, una prueba más completa demanda US$ 2.900.
Pero para la chilena Adriana Gajardo, la salud no tiene precio. En noviembre de 2005 esta profesora viajó a Clínica Mayo una vez que médicos chilenos le informaran que sus problemas de esófago no tenían solución.
Tras pruebas y exámenes, el equipo médico confirmó una intervención para el próximo 10 de enero.
«He dicho a otras personas que si tienen los recursos no lo piensen dos veces, que hagan el gasto y tengan un diagnóstico serio», dice Gajardo, superviviente del cáncer de tiroides por la ayuda de la Mayo.
«Vine por primera vez en 1992 para tratarme un problema de columna y vengo cada vez que no me siento bien, sobre todo luego del cáncer». La cuenta por su última visita de 10 días le costará unos US$ 10.000.
En ocasiones, los viajes a EE.UU. pueden combinar dosis de entretenimiento, incluida una excursión con los hijos a Orlando, sede de Disney, a tan sólo dos horas por carretera de Miami.
Pero cuando el cuadro clínico o la circunstancia impiden mezclar diversión y tratamiento, Mayo ofrece a los visitantes un entorno natural que ayuda a aliviar las tensiones de sus acompañantes, que de por sí cuentan con las comodidades propias de los grandes resorts.
«Nuestro trabajo no es administrar hoteles ni nada por el estilo», dice Nancy Skaran, portavoz de Clínica Mayo.
«La gente que viene lo hace sólo por su salud». Luego de 14 años de iniciado su programa internacional en el campo médico de Jacksonville, se estima que entre el 65% y 70% de sus pacientes son latinoamericanos. En 2004, la mitad de ellos llegó por primera vez, mientras el resto pasaba por visitas rutinarias o de seguimiento.
Skaran dice que la mayoría de sus pacientes no tienen problemas de visa, y si acaso necesitasen hacer la gestión, Mayo suele ayudar a través de cartas que certifican las citas médicas.
Pero, igual que el resto de hospitales de EE.UU. que reciben extranjeros, la Mayo carece de un sistema propio de seguro o de un plan de medicina prepagada.
Los pacientes que llegan deben cancelar su cuenta al contado o con seguros internacionales.
Mayo ahora está pensando en actuar más como promotor que receptor. Desde hace un tiempo tiene un representante en México y fomenta labores pedagógicas a nivel médico y administrativo en la región.
CON FRANQUICIAS
En noviembre, un grupo de especialistas chilenos recibió un taller de actualización científica; anteriormente funcionarios del Hospital Español de México hicieron visitas de observación para empaparse del manejo contable y financiero de la Clínica. La idea con los médicos latinoamericanos es que eventualmente transfieran a pacientes de casos complejos hacia EE.UU.
No es la única en avanzar hacia el sur. El Metodista creó afiliaciones con la poderosa Clínica ABC (American British Cordway) de México y el Hospital Johns Hopkins, de Baltimore, y está extendiendo su franquicia para adelantarse a sus competidores invirtiendo US$ 32 millones en el panameño Hospital Punta Pacífica.
Otra de las movidas fuertes desde el norte es la de la International Hospital Corp. (IHC) de Texas, que creó una red de siete hospitales privados en países como México, Costa Rica y Brasil, comprando acciones de renombradas instituciones locales o construyendo centros médicos propios.
En Brasil, IHC tiene ya hospitales en Curitiba, Florianópolis y Volta Redonda bajo el sello Vita, y en México se posicionó en Santa Engracia, Chihuahua y Hermosillo.
Y está por inaugurar un hospital de 58 camas en Puebla bajo la marca Cima, franquicia que también llegó a Costa Rica, donde está Cima San José, con 55 camas. La inversión total supera los US$ 80 millones.
NORTE CONTRA SUR
Por otro lado el turismo de salud es un negocio creciente en Argentina. En la práctica, Buenos Aires ha estado creciendo como centro de atención de cirugías estéticas en América Latina, acercándose a Brasil, líder en el rubro. Hospitales argentinos han celebrado exitosos acuerdos con agencias de viaje para atraer a pacientes chilenos a un mix de cirugía + shopping de productos premium de bajo precio.
Según estimaciones extraoficiales, el 10% de los turistas de países limítrofes llegan a Buenos Aires por una corrección estética.
Sus centros médicos y profesionales están bien equipados y poseen alta reputación.
Con ellos, hace un esfuerzo por ingresar al nicho del turismo de salud, célebre en Cuba, que desde hace más de una década es la referencia de la clase media latinoamericana que no podía acceder a los servicios de salud de EE.UU., un negocio rentable y de grandes oportunidades.
De hecho, son pocos los que pueden pagar un viaje de salud a EE.UU. Un trasplante de médula en el norte oscila entre US$ 280.000 y US$ 350.000 y una radioterapia cuesta US$ 30.000, pero ambas intervenciones cuestan hasta la sexta parte en Sudamérica.
Sin contar la no necesidad de una visa y que el personal de las clínicas habla español.
Para las activas clínicas del norte el negocio, sin embargo, no está en el sur del continente, sino en México y, en mucho menor medida, en Centroamérica y países andinos como Colombia y Venezuela, de fuerte intercambio de viajeros con EE.UU.
Texas cuenta con tradición y cercanía con México, pero en Florida les apuestan a las facilidades de las rutas aéreas.
Sólo en la Clínica Mayo de Phoenix, en Arizona, que colinda con México, se frotan las manos por el incremento de vuelos directos desde Ciudad de México.
La clínica ABC, en la capital mexicana, se enorgullece en ser el centro hospitalario privado más antiguo del país. Fundada por médicos de EE.UU. y asociada luego a científicos ingleses, ABC ha sido tradicionalmente el lugar de atención de diplomáticos y extranjeros. El 95% de su personal médico es bilingüe y ha hecho estudios de especialización en el exterior. Cuenta con dos modernos hospitales con más de 300 camas.
Todo esto, sin embargo no ha servido para que México frene la fuga de pacientes. Paradójicamente, cada año llegan cientos de pacientes de Centroamérica y del norte de Sudamérica atraídos por la alta tecnología de sus equipos de diagnóstico y por su acuciosidad en el tratamiento de cánceres al pulmón, próstata y mama.
Además, sus departamentos especializados en obesidad y dermatología tienen fama. «Muchos llegan por nuestro enfoque multidisciplinario a la obesidad, en el que el paciente ve a un médico, a un psicólogo, a un cirujano y a un nutricionista antes de tomar cualquier decisión», dice Nancy Stich, gerente de marketing de ABC, en México.
En 2006, ABC cumple 120 años y, de alguna manera, refundará su organización inaugurando un centro de tratamiento del cáncer con los mismos protocolos médicos del cotizado Methodist Hospital de Houston, con lo que apunta a incrementar su porcentaje de pacientes latinoamericanos basado en el criterio adicional de que a los extranjeros les resultará más fácil -otra vez- gestionar una visa a México que a EE.UU., que los viajes serán más cortos y, sobre todo, que las tarifas serán más bajas.
A nadie le gusta tener que someterse a una cirugía o viajar por un tratamiento médico. Pero si es necesario, mejor que sea con confort, seguridad y, por qué no, con un poco de entretención.