Magdalena Úbeda de Rodríguez*[email protected]
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El Güegüense, Patrimonio de la Humanidad
Magdalena Úbeda de Rodríguez*
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El Presidente de la República, ingeniero Enrique Bolaños Geyer, gestionó en la UNESCO la recepción del expediente sobre El Güegüense para su admisión primero y su nominación como Patrimonio de la Humanidad.
Este expediente fue el resultado de dos años de trabajo fino, de labor prolija del Instituto Nicaragüense de Cultura. Fue una labor múltiple que comprendió investigaciones históricas, estudios sociológicos, valoraciones y consultas a expertos y literatos, en arte teatral principalmente, todo este esfuerzo culminó este 25 de noviembre con un triunfo rotundo: nuestro Güegüense ha sido declarado Patrimonio Intangible de la Humanidad.
La significación de esta declaratoria para la cultura nicaragüense, para el turismo, para la economía, tangencialmente es incalculable. Con esta declaratoria son dos nuestros patrimonios elevados a esa categoría mundial: La ruinas de León Viejo como bien tangible y El Güegüense como bien intangible. Espera turno en la UNESCO el expediente completo de la Catedral de León para llegar a obtener la nominación, mientras se elabora, con idéntico entusiasmo y laboriosa precisión el expediente sobre Granada y su entorno para proponerlo a la UNESCO y alcanzar en no lejano día esa deseable como merecida categoría universal, dado que Granada es la ciudad más antigua del continente (1523-24) entre las fundadas por la colonia española.
La proclamación de El Güegüense reviste especial importancia para los nicaragüenses, es una obra viva, se representa como pieza teatral, y como folclor sólo musical y danza. El protagonista de esta obra teatral anónima nos representa y define espiritualmente. Todos los nicaragüenses somos un poco o un mucho güegüenses. No lo podemos negar porque sería como negarnos a nosotros mismos. Lo aceptemos o no, nuestro proceder común, nuestra actitud ante la vida, ese eterno querer y soñar sin llegar a ejecutar nada, güegüense embustero, güegüense mentiroso, ponderativo y fachento es nuestro ser colectivo.
No es hacer la apología de nuestras características negativas, es sencillamente describirnos para que desde el conocimiento que extraigamos de nuestras debilidades ir en procura de enmienda. Ya lo dijo un experto güegüensista: “estamos como estamos, porque somos como somos”.
Pero apartándonos del reconocimiento de esa identidad que a veces nos abruma, las calidades de El Güegüense o Macho Ratón como obra dramática son palpables. Así lo ha reconocido el tribunal de la UNESCO, cuyo director general, el doctor Koichiro Matsura, hizo publicar el 25 de noviembre a la 1:20 p.m., en París, la proclamación de 43 nuevas obras maestras del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad, entre las que figura este patrimonio nicaragüense.
El Güegüense, como pieza dramática, no obstante venir del siglo XVII probablemente, es materia viva en Nicaragua. No hay fiesta de San Sebastián en Diriamba sin el clásico baile. Sus máscaras son reproducidas por todos los artistas y artesanos del país.
De El Güegüense se han ocupado grandes personalidades literarias nacionales y extranjeras, desde José Martí a Rubén Darío, de Franco Cerutti a Salomón de la Selva, Pablo Antonio Cuadra y Carlos Mántica, entre otros muchos. Cada quien estudiándolo desde su propia perspectiva, lingüística, poética, social, histórica.
Insto a los nicaragüenses a llevar en su mano un ejemplar de El Güegüense cuando viajan al extranjero.
A manera de epílogo: En septiembre de este año 2005, representando a la cultura nicaragüense estuvimos en un parque de Miami, Denis Martínez y yo (cada quien en su ámbito). Llevaba yo varios ejemplares del libro, los que obsequié profusamente, hasta que Denis me dijo: “Siempre he querido leer el Güegüense”. Le di el último que me quedaba.
* La autora es Directora General del INC