- Dicen que 20 años no es nada, pero para la empresa privada nicaragüense sí ha sido mucho y bastante agua ha corrido. Unas quedaron en el camino, otras se reinventaron, pero la gran mayoría sigue luchando para sobrevivir en tiempos difíciles
Luis Núñez Salmeróneconomí[email protected]
Han pasado 20 años desde los días en que se vivía una economía estatizada en Nicaragua, ha pasado una violenta guerra, un proceso de ajuste económico acelerado y restrictivo, apertura de mercados y finalmente la firma de uno de los tratados de libre comercio más ambiciosos en la historia de la región centroamericana, el DR-Cafta, que para algunos constituirá la verdadera prueba de fuego para la clase empresarial nicaragüense.
El economista Róger Cerda, quien vivió una de las experiencias más ilustrativas, al frente de la empresa Plásticos Modernos, sostiene que se trata de dos momentos diferentes marcados por una misma variable, la política. En esos años la sobrevivencia de una empresa la determinaba el Estado, ahora la determina el mercado. ¿Cuál de los dos es más complicado?
Durante la década de los noventa centenares de empresas abrieron y cerraron sus puertas en un ambiente inestable, cuando lo más importante era sobrevivir. Centenares de miles de empleados públicos, del Ejército, la Policía y la Resistencia Nicaragüense buscaban empleos en una economía con poca capacidad para absorber a toda esta masa de desempleados.
La década del 2000 con todos sus conflictos logró finalmente dar un rumbo a la economía con mayor estabilidad y seguridad para las empresas. No obstante, el entorno es mucho más complicado porque al mismo tiempo los mercados son más exigentes y los consumidores cada vez tienen más conocimiento de lo que consumen y demandan. Ya no es lo importado versus lo nacional sino lo bueno versus lo malo. Durante los ochenta las empresas tenían que competir contra empresas del Estado, mientras que ahora lo hacen entre empresas privadas y la más competitiva es la mejor y la mejor es la que gana.
MERCADOS GLOBALIZADOS
Similar a Plásticos Modernos, la empresa de embutidos Delmor, con 45 años de existencia y que fue intervenida en los año ochenta y que en los noventa fue pasada a control de los trabajadores, también ha tenido que batallar contra la corriente para sobrevivir.
La década de los ochenta la vivieron lidiando con niveles de devaluación superiores al 200 por ciento, afirma Zacarías Mondragón, gerente general de la empresa desde hace más de 20 años “a veces teníamos, por ejemplo, tres mil millones de pesos, que nos quemaban las manos y de inmediato buscábamos cómo convertirlos en inventarios”.
A diario tenían que deshacerse de los denominados “chancheros” para evitar la descapitalización de las empresas. Sin embargo, a finales de esa década iniciaron un plan de reconversión productiva dirigida a mejorar la calidad de los productos. De esa forma lograron enfrentar la apertura del gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro en la década del noventa.
Empezaron a entrar productos centroamericanos y la empresa después de un proceso de ajustes llegó a convertirse en una empresa líder del mercado de embutidos.
Pero lo peor estaba por venir durante la administración del presidente Arnoldo Alemán, cuando el sistema financiero estuvo por colapsar con la quiebra de bancos “nosotros vivimos una situación muy difícil ya que teníamos intereses en varios de los bancos quebrados”, recuerda Mondragón.
Sin embargo, los nubarrones todavía no se disipan y en la actualidad tienen que enfrentar serios problemas. Ya no piensan en hiperinflaciones, ni sistemas financieros en problemas. Ahora los problemas son de otra índole, hace dos años la Asamblea Nacional aprobó una reforma a la legislación tributaria en la que les aumentaron a 10 por ciento el Impuesto Selectivo de Consumo (ISC) encareciendo los costos. Además están enfrentando el ingreso de productos más baratos desde Costa Rica, a precios que Mondragón considera de “dumping”. Una práctica ilegal que se caracteriza por vender productos con precios por debajo de sus costos originales, constituyendo una competencia desleal.
UN NUEVO CONTEXTO
El libre mercado ha traído ventajas en el desarrollo de las empresas pero también ha impuesto una dinámica económica de la que muchas empresas no han podido sobrevivir. En los años ochenta las empresas tenían que solicitar las divisas al Banco Central, entidad que muchas veces las utilizaban como una forma de castigo. Ahora el dólar circula libremente, pero no todas las empresas pueden acceder a él.
Lucy Valenti, presidenta de la Cámara Nacional de Turismo (Canatur) y vicepresidenta del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) sostiene que ese es uno de los principales problemas que enfrentan los empresarios actualmente, la falta de financiamiento. Un problema que según ella si no se resuelve “difícilmente vamos a salir adelante”.
Por otro lado, la crisis generada por los altos costos del petróleo ha significado un duro golpe. Esto se expresa en un incremento en el precio de la energía que depende casi en un 80 por ciento del petróleo. Situación que con estos precios significa una enorme distorsión de muchos de los indicadores de la economía y que ha sido una de las solicitudes más sentidas del sector privado: hay que buscar otras fuentes de producción de energía, afirma Lucy Valenti.
Por otro lado Alfredo Vélez, presidente de la Asociación Nacional de Avicultores y Productores de Alimentos (Anapa), sostiene que hay una mala distribución del Presupuesto de la República, por lo que la carga fiscal al final de cuentas cae en el sector privado. Una carga que está por encima del resto de países de la región y que pone al país en desventaja competitiva.
Al analizar estas condiciones, José Adán Aguerri, presidente de la Cámara de Comercio de Nicaragua (Caconic), estima que hay que ver también el contexto global de las empresas que actualmente aquejan retraso, en el nivel de tecnificación “nuestras pequeñas y medianas empresas son muy atrasadas».
DEMASIADA POLíTICA
Pero hay una coincidencia de todos los sectores y que la agenda del país está cargada fuertemente hacia temas políticos o “politiqueros”, donde el punto central es la pugna por cuotas de poder, “hay una enorme competencia por el poder político, por los partidos mayoritarios”, afirma Alfredo Vélez.
A esto el economista Sergio Santamaría agrega la falta de mano de obra calificada para el desarrollo de proyectos de magnitud. Algo que limita la absorción de inversiones de mayor calificación, afirma cuestionando la idea de construir megaproyectos que demandan gran cantidad de mano de obra calificada. Un ejemplo de ello son recientes construcciones que “importaron” a obreros salvadoreños.
No obstante, Róger Cerda ve una luz al final del camino y considera que el entendimiento de todas las fuerzas políticas hacia la estructuración de una agenda económica común podría llevar al país a un mayor desarrollo económico.