- Pasan viajando, pero nunca pierden contacto. Así son los ejecutivos que forman el nuevo dominio de las corporaciones latinoamericanas
Carolina Vega y Violeta Arévalo
Fue en una sala de parto de Ciudad México donde el peruano Teobaldo Palacios descubrió el valor de la comunicación. Director de cuentas de Nokia para América Latina, Palacios fue asignado a México por tres años, tiempo en que nació su segundo hijo. «En la misma sala de operaciones le tomé una foto con mi celular y se la mandé a mis familiares en Perú como mensaje multimedia [MMS, en la jerga]», dice. «Así todos en Lima conocieron a Mateo».
Los costos de tener a la familia a la distancia también son conocidos por el argentino Pablo Zanardo, de Datastream Systems. La empresa de software le ofreció a Zanardo una posición en Santiago, que él aceptó porque resultaba un gran desafío profesional y le daba la posibilidad de no movilizar a su esposa e hijos, dada la cercanía con Buenos Aires. Ahora él vive con un pie en Santiago y el otro en el Río de la Plata, pero jamás pierde contacto. «Cuando estoy en Argentina, adopto el estilo de vida ‘móvil'», dice Zanardo. «Esto es, tener un celular con el mismo número de Santiago para recibir llamadas de clientes y proveedores, y acceso de banda ancha en mi hogar, con conexión permanente con la oficina».
Palacios y Zanardo no están solos en eso de vivir como si fueran un satélite de comunicaciones humanizado. «Dondequiera que viva o esté, estar conectado a internet es imperativo», dice el estadounidense Christopher Zanyk, gerente general de Nortel en Chile desde 2000. Para Zanyk, tecnologías como Wi-Fi o EDGE son esenciales, pues su vida completa está atada a internet: contactos, periódicos, noticias, bancos, inversiones o cuentas de servicios mensuales pasan siempre por su pantalla y no pasa fin de semana o día de vacaciones sin conectarse.
Esta adicción a la conectividad permanente es algo que la mexicana Laura Villarreal enfoca en los hot spots, las áreas cubiertas por conexiones de internet inalámbrica vía Wi-Fi. Como gerente de Comunicación de Intel para América Latina, Villarreal se la pasa saltando de México a Chile y de Argentina a Centroamérica. Y en vez de poner la vista en los paisajes, ella prefiere andar en taxis con la notebook abierta buscando una conexión para enviar e-mails, ya sea en la porteña Avenida del Libertador o en la chilanga Insurgentes. «Encontrar un hot spot es indispensable… Sólo dejo de buscarlos cuando estoy arriba del avión y no hay ninguna conexión disponible», dice.
En rigor, ninguno de estos son casos extremos de obsesión compulsiva de la era de internet. De hecho, según el estudio Estilos de Vida 2005 realizado por AméricaEconomía Intelligence, para el 44% de los ejecutivos latinoamericanos estar conectado las 24 horas del día es muy importante. Una gran proporción de ellos ha respondido e-mails en lugares tan inapropiados como una cena romántica (5%), la playa o la piscina (23%). Y un nada despreciable 35% lo ha hecho mientras estaba… en el baño.
Para todos ellos las tecnologías de conexión son fundamentales. En caso de un viaje de negocios, el 74% de los entrevistados se preocupa primero por llevar su celular y sólo un 9% por ver qué corbata pondrá en la maleta. Y es que la conectividad hace más fácil todo, así como la posibilidad de compartir las experiencias. Como le ocurrió al venezolano Eduardo Jaimes, de American- Express Bank en Brasil. Él aún no puede olvidar el día en que la compañía lo envió por una semana a un encuentro de mercadeo a la ciudad tailandesa de Phuket. Jaimes estaba conectado comunicándose con una colega en España vía Mensajería Instantánea, cuando en medio del Business Center del hotel se le apareció un elefante. Su vigilante se había descuidado un rato y, como hacía tanto calor, el paquidermo no halló nada mejor para aliviar el sopor que el aire acondicionado del centro de negocios. «Se lo comenté a mi interlocutora en España, pero no me creyó», dice. «Así que se lo tuve que mostrar en la cámara, y ya imaginarán la reacción».
Si la conectividad ayuda a los cortos viajes de negocios, también resulta fundamental para las expatriaciones corporativas, que van al alza. Según un estudio de Mercer Human Resource Consulting (MHRC), en América Latina, el 36% de las empresas están incrementando las transferencias entre subsidiarias. Aunque ya no se trata de las eternas asignaciones del pasado -cuando la perspectiva de irse a trabajar a otro país significaba mudarse por más de cinco años-, Mercer detectó que las asignaciones que más crecen son de corto y mediano plazo (de uno a tres años); el 28% de las empresas de la región disminuyó sus asignaciones internacionales más prolongadas.
A sabiendas de las complicaciones que trae una relocalización, las empresas han mejorado sus políticas de traslados. En la gigante holandesa Philips, por ejemplo, la llamada Política de Expatriación Mundial contempla una serie de incentivos para los ejecutivos que acepten reubicarse. Según José Manuel Salvador, Gerente de Remuneración y Expatriación para América Latina de Philips, la compañía otorga una ayuda de instalación, que se paga una vez; otra por expatriación, equivalente a 10% del salario anual si el cambio es interregional o 5% si es dentro; y otra por locación, que representa del 10% al 25% del salario, dependiendo del país y factores como la calidad de vida, seguridad o contaminación, por ejemplo.
Para facilitar la vida de los ejecutivos móviles incluso hay empresas especializadas cuya función va desde cubrir desde el trámite de sus visas y el proceso migratorio, además de la documentación para bancos, ubicación y renta de su nueva vivienda, transporte de sus pertenencias, asistencia con los colegios y entrenamientos de lenguaje y de adaptación cultural.
La asistencia es bienvenida, pero ésta poco puede hacer para facilitar la relación del expatriado con el medio. «La mudanza generalmente es traumática para la familia», dice Gustavo Sorgente, presidente para la Región Sur de Sun Microsystems, quien, tras pasar tres años viviendo con su familia en Miami, está de regreso en su natal Argentina. «Por ejemplo, para esposas o esposos de ejecutivos que viven en el extranjero, no hablar el idioma de ese país puede resultar una gran frustración por la barrera social que crea».
De hecho, para Alberto Mondelli, director de la división de capital humano de MHRC, en la mayoría de los casos el éxito de la reubicación está relacionado con la adaptación de los hijos a nuevas escuelas, cultura y amigos, y la inserción del cónyuge en la vida social y cultural.
«Hasta las diferencias en las comidas pueden tener impacto en estas situaciones», dice Mondelli, quien coincide con la visión del chileno Claudio Villarino, vicepresidente y gerente general de Kodak Health Group en la región. En los 29 años que lleva en la empresa, a Villarino le ha tocado pasar por diversos países, como Perú y EE.UU.
«Uno sigue en su ambiente de trabajo, aunque sea en otro país, por lo que el cambio no es tanto», dice. «Pero la familia es la que más sufre».
Pero volvamos al principio. Un ejecutivo al que le proponen trasladarse tiene que hacerse muchas preguntas antes de aceptar. Una de ellas es qué ocurrirá con sus ahorros en salud o retiro. Zanyk dice haber hallado virtudes en el sistema chileno de AFP (retiro) -al punto de que se evalúa su implementación en otros países-, pero aun así eso no es una solución segura. «Tener unos años contribuyendo en un país con un sistema 100% separado y luego unos años invirtiendo en otro país con otros sistemas… Uno queda con una jubilación parcial en un lado y una jubilación parcial en otro, y la suma de las partes no es como hubiera sido al contrario», dice.
Para Teobaldo Palacios ésta no fue una preocupación al aceptar su traslado a México. Como suele hacer con sus expatriados, Nokia le proveyó un fondo de jubilación privado y un seguro de salud. «[La empresa] vela por no perjudicar en ningún aspecto a sus empleados», dice. «Es más, yo diría que trata de ofrecer los beneficios necesarios para balancear siempre el estar alejado de su país de origen».
Afortunadamente, tanto movimiento lleva a cambios correlativos en los beneficios de los ejecutivos. Argentina y Chile, por ejemplo, han firmado convenios para transferir los fondos aportados entre sus respectivos sistemas jubilatorios. En el caso de Zanardo, su firma, Datastream, incluyó en el sueldo un adicional para cubrirle un seguro de salud privado en Argentina para su familia, que él paga en forma particular además del aporte legal que realiza en Chile.
Las compañías multinacionales suelen ser las más proactivas en la búsqueda de este tipo de soluciones. Nestlé, por ejemplo, se ocupó de todos los trámites cuando hace cinco años mudó de Santiago a Suiza a Ricardo Cortés, su vicepresidente y director jurídico para América Latina. La compañía, dice Cortés, se asegura de dar un plan de jubilación y un seguro de salud en cada país al que muda a su gente, además de otros seguros complementarios.
No obstante, estas facilidades que funcionan como incentivos para las relocalizaciones, aún no se derraman de las empresas grandes a las pequeñas o medianas. Según el estudio, el 69% de los ejecutivos latinoamericanos cree que sólo las grandes empresas están bien preparadas para trasladar a sus ejecutivos.
Más allá de eso, la mayoría de los expatriados no pierde la perspectiva: un cambio de aires puede incrementar su perfil para futuras promociones, pero, antes que eso, es una excelente oportunidad para crecer culturalmente y aprender nuevas vivencias. Cortés, por ejemplo, encontró similitudes entre Chile y Suiza que superan la distancia y el idioma. «Las costumbres aquí son bastante parecidas al Chile tradicional en que me crié, con un énfasis más marcado en el respeto a las normas. ¿Las aficiones personales? Soy andinista, así es que cambié a alpinista», dice. «Además me gustan los autos deportivos convertibles, por lo que estoy en el paraíso [especialmente con Alemania a una hora, donde las Autobahn no tienen límite de velocidad]».
Pero, claro, la añoranza siempre está, sea fuera o dentro de la casa natal, pues, como dice el peruano Palacios, las costumbres evolucionan. A él ya le gustan los tacos de Ciudad de México y se ha convertido en un experto velociraptor que evita los congestionamientos del Periférico. Ahora que está de regreso en Lima, dice extrañar un buen desayuno mexicano y sus buenos amigos chilangos. Él ahora es un convencido de que la relocalización no implica sólo pensar en ganancias económicas, sino en las espirituales, algo que sólo se obtiene insertándose en la nueva sociedad. «La experiencia de entender el estilo de vida de otros países es impagable», afirma Sorgente, de Sun. «Mi mejor consejo a quien tenga la oportunidad de hacerlo es que viva fuera por un tiempo, aunque no haga una gran diferencia económica».
Y es que con mercados cada vez más identificados con la globalidad y la tecnología, hoy ser móvil y multicultural y estar conectado dejó de ser una ventaja competitiva. Es la nueva regla corporativa.
LOS EJECUTIVOS INMÓVILES
Para ser un ejecutivo, no siempre es necesario subirse a un avión. Ni siquiera a un taxi. Así es por lo menos para quienes han optado por hacer el trabajo desde casa a través de un sistema de teletrabajo. De acuerdo al estudio Estilos de Vida, un 45% de los entrevistados ha tenido o tiene una experiencia personal de teletrabajo. Y, entre ellos, el 87% evalúa positivamente esa experiencia.
Mientras argentinos y brasileños son los que tienen una visión más favorable hacia esta tendencia, en Venezuela, Perú y México el tema es ignorado o, directamente, posee mala reputación pues, se le relaciona con pereza o desinterés por trabajar duro.
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