- Un debate sobre los efectos médicos, sociales, comerciales, económicos y financieros de una pandemia de gripe aviar que, de convertirse en tal, podría matar a 150 millones de personas en todo el mundo. El escenario sería el peor: gente asustada y en pánico, empresas trabajando a modo de emergencia y mercados financieros inestables
The Trought Leadership Series
La doctora Sherry Cooper es experta en Estrategia Global Económica y Vicepresidenta Ejecutiva del BMO Financial Group de Toronto. Se desempeñó anteriormente como economista en el directorio de la Reserva Federal de los Estados Unidos en Washington, D.C., en donde asistió al entonces director Paul Volcker.
Frecuente disertante y comentarista de televisión, Cooper es conocida por su habilidad para desmitificar las oscuras aguas de la economía y las finanzas y se ubica entre las mujeres más influyente en su país adoptivo, Canadá.
En 2002 fue nombrada por Bloomberg News como la mejor pronosticadora del producto doméstico bruto de la economía de Estados Unidos.
Durante los pasados meses Cooper y sus colegas de BMO han emprendido un exhaustivo proyecto de investigación sobre las potenciales consecuencias humanas y económicas de una pandemia de gripe desarrollada a partir del virus de la gripe aviar. Conversa aquí con James Nelson acerca de sus descubrimientos y convoca a tomar acciones.
Los medios han estado repletos de aseveraciones y contraaseveraciones sobre las posibilidades de una pandemia de gripe causada por una evolución del virus H5N1 (gripe de los pollos). Usted ha investigado exhaustivamente ese peligro. ¿Cómo interpreta la situación?
La evidencia sugiere que prácticamente ningún país está preparado. La explosión de SARS fue controlada en forma relativamente rápida, en el transcurso de unos pocos meses. Si los gobiernos mundiales pudieran disminuir la exposición a los animales infectados, fortalecer un sistema de alarmas tempranas y contener el contagio de la enfermedad en las fuentes, podrían posiblemente evitar una potencial pandemia de gripe aviar.
Pero la mayoría de los expertos, incluyendo la Organización Mundial de la Salud (OMS), creen que la epidemia de la gripe entre los pollos está lejos de ser erradicada y que, en algunas partes de Asia es prácticamente imposible eliminar la exposición de los humanos y otros mamíferos a las aves infectadas. Muchas aves no presentan síntomas y aún así portan la enfermedad, en su mayoría son aves migratorias silvestres.
La detección rápida, el tratamiento temprano, la medicación preventiva y las vacunas, son esenciales. Esto requiere una inmediata colaboración para compartir globalmente la información. Aún ahora, esto tiene unas significativas implicancias económicas. Si ocurriera una pandemia, los efectos económicos podrían ser colosales, afectando virtualmente a todos los sectores y regiones.
No me considero una experta en pandemias, pero mi investigación incluyó conversaciones con los principales virólogos, epidemiólogos y líderes en salud pública, como también representantes de la OMS, del Instituto Nacional de Ciencias de Estados Unidos, del Departamento de Salud y Asistencia, del Centro para el Control de las Enfermedades y Prevención de Salud y de Salud Canadá.
También me he reunido con autoridades médicas y líderes en gestión de crisis de muchas instituciones financieras mundiales.
La conclusión es que una pandemia de gripe es posible, pero nadie sabe cuándo y dónde, o si será una cepa del H5N1, la gripe de los pollos.
Sin embargo, el H5N1 muestra muchas características consistentes con el mortífero virus de la gripe española de 1918, que mató entre 50 y 100 millones de personas, sobre una población mundial de 1,750 millones (1.75 billones).
El doctor Michael Osterholm, Director del Centro de Investigación y Políticas de Enfermedades Infecciosas (CIDRAP) y Director Asociado del Centro Nacional para la Protección y Defensa de los Alimentos, es una autoridad en bioterrorismo y pandemias.
Me ha aseverado que cree que tenemos un ciento por ciento de probabilidades de tener una pandemia de gripe A, pero que no sabe cuándo y dónde. A pesar de las incertidumbres, cree que la próxima pandemia de gripe A se desarrollará a partir del virus aviar H5N1. No son buenas noticias.
¿Cuán mortal es el virus H5N1?
El virus ha mutado desde los primeros casos detectados en aves en el sudeste de China en 1996-1997, y se ha vuelto mucho más virulento y letal. Puede matar a las aves infectadas en menos de un día, a los patos en uno o dos días y presenta una alta tasa de mortalidad en humanos, alrededor del 50 por ciento en las regiones afectadas.
Esto significa 10 veces la tasa de fatalidad de la horrorífica pandemia de 1918, aunque pueden existir casos no reportados de gente que se recobró de la enfermedad.
En los pasados cuatro meses han muerto muchos miles de aves migratorias silvestres de diversas especies. Antes de este episodio no se presentaron casos de enfermedad masiva de aves. Por eso, el virus sigue evolucionando como un patógeno letal y parece estar propagándose globalmente. Cuanto más se extiende el virus, mayores son las posibilidades que la mutación se transmita fácilmente entre los humanos.
¿Algún gobierno ha realizado estimaciones confiables sobre el número de muertes de seres humanos que una pandemia podría causar en sus países?
Michael Leavitt, el Secretario de Salud y Asistencia de Estados Unidos ( HHS ) ha advertido que el estallido de una pandemia de gripe en Estados Unidos podría causar entre 100,000 y dos millones de muertos y tanto como 10 millones de hospitalizados, cuyo costo excedería los 450 billones de dólares en el peor escenario. Estas estimaciones parecen agitar tanto al Congreso como a la Casa Blanca. Por supuesto, la cifra mundial podría exceder estos números muchas, muchas veces.
¿Cuán nociva tiene que ser una epidemia para ser considerada una pandemia?
Una pandemia es una epidemia que se esparce e infecta una región entera, un continente o —muy probablemente con los viajes globales— el mundo. Se sabe que las pandemias de gripe atacan tres o cuatro veces por siglo. Ocurren cuando surge una nueva cepa con características específicas: se transmite fácilmente entre humanos; genéticamente es única por lo que la población carece de inmunidad preexistente y es altamente virulenta. Cada pandemia es única, por eso la tasa de mortalidad de la próxima, no es fácilmente predecible.
En los últimos 300 años se registraron al menos 10 pandemias. La última fue en 1968, y mató un estimado de uno a cuatro millones de personas en todo el mundo. Anteriormente hubo también un episodio moderado en 1957, que causó aproximadamente el mismo número de muertes.
La realmente mortal pandemia de gripe fue la de 1918, conocida como la gripe española. No se originó en España, aunque causó daños devastadores allá. En esa pandemia, una cepa H1N1 infectó de 200 millones a mil millones de personas. De acuerdo con un detallado estudio realizado país por país y publicado en el Boletín de Historia Médica, se estima que entre 50 y 100 millones de personas murieron en todo el mundo.
En el período de 1918 a 1920, aproximadamente la mitad de la población mundial fue infectada en tres olas sucesivas aunque separadas varios meses entre sí, siendo, la del medio, la peor.
La tasa de fatalidad fue de un tres por ciento de los infectados, matando alrededor de 500,000 personas en Estados Unidos, y cerca de 60,000 en Canadá. Esto hace que los 44 muertos de Canadá por el SARS sean casi una trivialidad. Por otra parte, en 1918, la población mundial era de 1,750 millones. Hoy la población mundial se estima en 6,400 millones (6.4 billones).
La tasa de mortalidad fue mayor entre los jóvenes adultos saludables de entre 20 y 40 años y entre las mujeres embarazadas. La tasa entre las mujeres en cinta fue de entre 23 por ciento a 71 por ciento. En los casos en los que la mujer sobrevivió, no lo hizo el feto.
¿Por qué fue mayor la tasa de mortalidad entre los jóvenes saludables? Uno pensaría que tendrían un sistema inmune más fuerte.
Y lo tienen, irónicamente en la pandemia de 1918 ese fue exactamente el problema. La tasa desproporcionadamente alta entre los jóvenes adultos fue el resultado de lo que los médicos llaman una “tormenta de citocinas”, en las que la producción de citocina causa enormes daños en los pulmones y otros órganos.
Las citocinas son proteínas reguladoras, tales como las interleuquinas y los linfoquinas, que son liberadas por las células del sistema inmunológico y actúan como mediadores intercelulares en la generación de la respuesta inmunológica. La gente que tiene un sistema inmunológico más fuerte produce más citocina y, por ende, tiene las tasas más altas de mortalidad.
Millones de personas experimentaron síndrome de sufrimiento respiratorio agudo, una condición inmunológica en la que las células que combaten la enfermedad colapsan los pulmones en su lucha contra el virus, por lo que las células pulmonares se convierten en daño colateral y la víctima se sofoca. Aún con nuestras modernas unidades de cuidado intensivo, la ciencia médica no es capaz de manejar esta condición de forma mucho más efectiva hoy que en 1918.
Los estudios actuales de los casos de H5N1 en el sudeste de Asia, como también el cuadro clínico y epidemiológico del virus, indican un fenómeno similar a la tormenta de citocina, que podría matar desproporcionadamente al grupo etario económicamente más productivo.
EL ESCENARIO
Si una pandemia llegara a golpear, ¿qué escenarios necesitarán confrontar las empresas?
En el caso de una pandemia global, la disgregación es exagerada debido a su penetración. Se rompen las cadenas de suministros. La gente está asustada. Todas las empresas trabajan en modo emergencia. Los mercados financieros se desestabilizan y muchos pueden no operar durante cierto período. El precio del oro se dispara, pues los inversores buscan un refugio financiero. Los bancos centrales agregarán liquidez, pero eso sólo ayuda si los mercados accionarios están en funcionamiento, los bancos dan préstamos y la gente los solicita.
Al mismo tiempo que el precio del oro puede subir, otros commodities caerán al desacelerarse el crecimiento global, particularmente en Asia. Claramente el funcionamiento de la economía global será débil durante cierto período, que dependerá de la severidad de la pandemia. Algunos expertos sugieren que ésta podría durar entre 12 y 18 meses y alcanzar a la mayoría de las regiones del mundo.
Las empresas deberán hacer frente a, digamos, un 25 por ciento de ausentismo, quizás más, dado que muchos trabajadores enfermarán, se quedarán en casa para cuidar a sus hijos enfermos o se negarán a ir al trabajo, sobre todo en las torres de oficinas sobrepobladas.
El virus y su poder sobre los humanos
Sobre el poder del virus, los expertos temen lo peor. ¿Cuál es el consenso actual entre los médicos sobre la mutación del virus de la gripe aviar y su transmisión persona a persona y cuáles serían los costos humanos? La doctora Sherry Cooper responde a esta inquietud.
El doctor Robert Webster del St. Jude Children´s Research Hospital en Memphis ha estudiado los virus de la gripe durante 40 años y dice que nunca vio algo como esto. En términos de ser altamente patógeno, es posiblemente el peor virus de la gripe que ha visto o con el que ha trabajado. Con las muertes conocidas hasta ahora, muchos expertos en salud pública temen una catástrofe. El doctor Webster y muchos otros, creen que el virus H5N1, que todavía no se transmite entre humanos, “aprenderá a hacerlo”.
Las estimaciones de las potenciales pérdidas de vidas humanas varían mucho. Estas estimaciones son altamente controversiales y sujetas a polémicas. A fines de septiembre el doctor David Navarro, el reciente nominado coordinador de las Naciones Unidas para los preparativos de una gripe aviar global, advirtió que una pandemia podría matar hasta 150 millones de personas. Las muertes vendrían en oleadas, extendiendo la crisis y elevando el nivel de pánico.
Esta estimación del número de víctimas, aún las conservadoras, es alarmante. Demandan atención, acción, coordinación y planes de respuesta, ahora. Como Helen Branswell, la reportera canadiense, señalara, cualquiera sea el número de víctimas, la situación será extremadamente difícil y económicamente colosal.
El doctor Klaus Stöhr, jefe del Proyecto Pandemia Global en la Organización Mundial de la Salud, dice que no hemos estado tan cerca a una pandemia desde 1968, y por primera vez en la historia la estamos viendo desarrollarse en cámara lenta. Por eso la detección, la contención y la prevención son críticas.
Pero, una vez que un virus pandémico emerge es demasiado tarde para comenzar a planificar y colaborar. Habrá sólo una ventana de 20 y 30 días entre el surgimiento y la pandemia. El doctor Stöhr sugiere que será necesaria la profilaxis antiviral del ochenta por ciento de la población circundante dentro de los 20 días para atrasar o detener la dispersión de la enfermedad. Le lleva cuatro a cinco días al paciente notar los síntomas y concurrir a un hospital. En ese tiempo, el virus es altamente contagioso y se esparce rápidamente.
Luego lleva tiempo tomar muestras, tests, diagnósticos e investigación de campo. Esto depende de la habilidad de los funcionarios de salud de la región para ubicar la enfermedad y reportarla rápidamente; un enorme desafío, dado los problemas con el cuidado de la salud y la renuencia a revelar información en muchos países. Por eso, el período de intervención es realmente de sólo 10 y 14 días.
Cooper agrega: muchos expertos suponen que las potenciales vacunas y otras medidas preventivas y curativas tendrán poca efectividad en los estados tempranos de la pandemia y que no pueden ser fabricados lo suficientemente rápido como para producir una gran diferencia. No sólo toma varios meses desarrollar una vacuna, sino que las restricciones en la capacidad productiva limitaría su distribución a suficiente cantidad de gente como para desacelerar la propagación. Una multitud de compañías en todo el mundo están trabajando en el desarrollo de una vacuna. Los problemas son enormes, incluyendo el tipo de cepa viral que podrían atacar a los humanos, retrasos en los procesos de producción y la fuerza de la respuesta inmunológica.
La OMS ha dejado en claro que estas vacunas no son una panacea infalible y ha advertido sobre insuficiencias en la capacidad de producción de las mismas, además de los problemas de conseguir las vacunas para los que más la necesitan, especialmente las economías emergentes del este asiático.