Espectáculo macabro

Luis Solórzano Fue conmovedor y deprimente el solo observar en un vídeo el calvario que sufrió el ciudadano nicaragüense Natividad Canda Mairena. Aunque él se hubiera introducido a la propiedad ajena para robar, los vigilantes no debieron permitir que los perros le quitaran la vida a mordiscos, mientras ellos veían el espectáculo macabro con complacencia. […]

Luis Solórzano

Fue conmovedor y deprimente el solo observar en un vídeo el calvario que sufrió el ciudadano nicaragüense Natividad Canda Mairena. Aunque él se hubiera introducido a la propiedad ajena para robar, los vigilantes no debieron permitir que los perros le quitaran la vida a mordiscos, mientras ellos veían el espectáculo macabro con complacencia. Pudieron salvarle la vida y entregarlo a la Policía, ya que la víctima se encontraba desarmada.

Imaginemos el triste espectáculo, presenciado por el dueño de los perros y sus vigilantes y todos los vecinos que se despertaron con seguridad al oír los gritos del infortunado joven. Cuando vi el vídeo se me figuró que retrocedíamos en la historia, a la época de Nerón y de Amin Dada, el ex dictador de Uganda. Es increíble que seres humanos puedan presenciar y permitir que dos perros le quiten la vida a otro ser humano y que en un país que tiene la imagen de muy civilizado se pueda observar tanta crueldad.

Indudablemente algunos de los vecinos se compadecieron de la pobre víctima y llamaron a la Policía y a los Bomberos para que salvaran la vida a una persona, sin importarles su condición o nacionalidad, pero el intento resultó inútil, ya que ni los Bomberos ni la Policía hicieron nada. Y las declaraciones ridículas de los policías, que no dispararon a los perros porque podían herir a la víctima, ni pudieron obligar al dueño de los perros para que los detuviera, los coloca junto al dueño de los perros como cómplices de ese asesinato.

Este espectáculo macabro refleja la crisis de valores morales de la sociedad costarricense, lo cual debería de preocupar a los defensores de los Derechos Humanos y a las autoridades, ya que en cualquier país civilizado, actos de esta naturaleza no deben de quedar impunes, para que no se repita tanta crueldad.

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