- Lo que parecía ser una buena temporada de lluvias se convirtió este año en la peor temporada de huracanes para la región centroamericana, el Caribe y Norteamérica, aunque Nicaragua fue uno de los países menos afectados gracias a la voluntad divina y a un efectivo sistema de prevención
Wilder Pérez [email protected]
El presente mes pondrá fin a una temporada lluviosa ambigua. De “benévola” pasó a “maligna”. Tras darle esperanzas a los productores les trajo hambruna a municipios enteros. Al final, las únicas tres personas muertas que se registraron fue por efectos indirectos de un débil y lejano huracán llamado Stan.
Las cifras que maneja la Defensa Civil indican que una veintena de fenómenos meteorológicos provocaron que 22 mil 851 personas se desplazaran a centros de albergues temporales, pero el número de afectados fue de casi el doble: 40,064. Una parte de las 7,724 familias perjudicadas quedó sin casas, pues 148 viviendas quedaron destruidas.
El agua anegó a 3,293 viviendas y dañó otras 755, deterioró 51 puentes, 44 tramos de carreteras, 26 alcantarillas, 667 letrinas y 310 pozos. Sólo en infraestructura vial, el Ministerio de Transporte e Infraestructura (MTI) calculó 210 millones de córdobas en daños, mientras que en el casco urbano de Managua la cifra sumó los treinta millones de córdobas.
Hasta octubre de este año, la Defensa Civil contó 4,326 manzanas de cultivos perdidas y 500 hectáreas de bosques arrasadas.
Una buena parte de daños las causó el huracán Beta, que el 30 de octubre impactó en el norte de la Región Autónoma Atlántico Sur (RAAS), en el municipio Desembocadura de Río Grande, afectando a las comunidades de La Barra, Sandy Bay Sirpe, Kara, Karawala, Tasbapauni, Wawashang, entre otras.
Ese día, el número de afectados se elevó a más de 17 mil personas, tanto en la RAAS como en la RAAN (Región Autónoma Atlántico Norte), así como en ciertos municipios de Matagalpa, Estelí y Jinotega. Las 7,403 manzanas de cultivos arrasadas en la Costa Atlántica, según cuantificaciones locales, se sumaron a las centenares que ya estaban perdidas en Waspam, Wiwilí y San José de Bocay, en la rivera del río Coco.
INVIERNO SOBRADO
Pero el Beta fue sólo el cierre de una temporada verdaderamente huracanada. Según Milagros Castro, directora de Meteorología Sinóptica, del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter), para este año se pronosticaron nueve huracanes en el mar Caribe, y hasta el viernes pasado se habían formado 13, más del doble del promedio, que es de seis.
Incluso las ondas tropicales, que el año pasado llegaron a 58, hasta hoy se registran 61. Las depresiones tropicales ahora van 27, y las tormentas tropicales llegan a 24.
Este último dato fue un récord histórico, ya que desde 1933 el número de tormentas no pasaba de 21. Superada la cantidad, los científicos debieron auxiliarse por primera vez del alfabeto griego para nombrarlas, ya que la lista de nombres tradicionales no dio abasto.
LOS PROMOCIONADOS
El coronel Mario Pérez-Cassar reveló que para el 26 de octubre había declarado la temporada como “un invierno bueno”, porque en comparación con el resto de Centroamérica, México y Estados Unidos, Nicaragua había sufrido daños mínimos… y al día siguiente, nacía Beta, que provocó una gigantesca movilización de personas.
“Desde el punto de vista de salvar vidas, protegerlas, echar a andar todo un plan, éste ha sido como un año donde la Defensa Civil ha logrado su promoción, un organismo serio, profesional, que ha logrado sus mejores éxitos demostrándole a la población un producto terminado de mucha calidad”, dice orgulloso Pérez-Cassar.
Según el Coronel, las acciones frente al Beta, de movilizar entre seis mil y siete mil personas en menos de ocho horas, sin desorden ni saqueos, y al final sin víctimas humanas, “es la conclusión que hemos venido viviendo como Sinapred, como Defensa Civil, donde cada municipio tiene un escenario de riesgo muy bien definido (117 municipalidades estuvieron en Alerta Amarilla y la RAAN en Alerta Roja) y donde hay un plan de respuesta que responde a las amenazas de forma particular, con alcaldes y gobernadores que se ponen a la cabeza, hay un liderazgo con conocimiento”.
Fue una temporada en la que nunca hubo calma detrás de cada tormenta. Desde ahora nadie, ni siquiera el Ineter, se confía en lo bueno que aparente ser un invierno, pues Castro advierte que “no hemos terminado la temporada de huracanes”.
UNA TRAS OTRA
La fuerte actividad lluviosa dio sus primeras campanadas el 15 de mayo, cuando apenas pasaba la onda tropical número dos. Un total de 240 casas fueron anegadas, afectando a 525 personas, según las estadísticas de la Defensa Civil.
Cuatro días después y de manera sorpresiva, un huracán llamado Adrián, apareció en el Océano Pacífico, totalmente adelantado a su temporada, afectando a 2,157 personas.
Posteriormente las ondas tropicales 8, 9, 14, 15 y 17, más la tormenta tropical Arlene, causaron daños. La siguiente onda (18) cobró las primeras dos víctimas mortales. Tres ondas más y un eje de vaguada también causaron afectaciones, mientras el huracán Katrina pasaba de lejos, causando el peor desastre en la historia de Estados Unidos.
La influencia del huracán Rita fue mínima, aunque en Nicaragua afectó junto a la onda tropical 45 y un eje de vaguada.
No obstante, el mayor número de víctimas las causó el huracán Stan, por efectos indirectos desde Guatemala el 10 de octubre, a pesar de que era apenas de categoría uno en la escala Saffir-Simpson, la menos dañina. Un centro de baja presión provocó más daños materiales que Stan, pues afectó a ocho mil 554 personas.
Entre el 20 y el 23 de octubre, Wilma, el más poderoso de todos los huracanes (escala cinco Saffir-Simpson), pasó a sólo 150 kilómetros de la Costa Atlántica nicaragüense, pero no causó estragos.
Luego el 30 de octubre llegó el huracán Beta, el cual tuvo una ruta que burló tanto a autoridades de defensa civil, como a los expertos en meteorología.