Andrés Hernández
Soy nicaragüense y con orgullo. Ahora vivo fuera, en EE.UU. Me vi forzado, como muchos, a salir en busca de una vida decente. Fue chocante y frustrante el hecho de que el compatriota Natividad Navas muriera (podría decir asesinado) de manera tan vil, triste e inhumana. Lo que más enoja es saber que hubo autoridades que pudieron hacer algo por este nicaragüense en un momento desesperante y no lo hicieron.
Si Natividad realmente andaba robando, no era ése el castigo. En los países extremistas les cortan las manos a los ladrones, pero no los matan, y en los países democráticos, como se hace llamar Costa Rica, hay cárceles para los ladrones y hasta donde conozco no hay pena de muerte por robar.
En mi opinión, el Gobierno de Nicaragua por medio de los canales diplomáticos debe hacerse oír de manera enérgica sobre este caso. Primero, trato injusto a los indocumentados, negación de acceso a la salud, etc. Ahora, asesinato. ¿Quiénes son más culpables, los perros o las autoridades presentes? ¿Qué podemos esperar después? ¿Un genocidio de nicaragüenses en el exterior?