- La violencia reciente se suma a los problemas de una Francia que aún busca un nuevo lugar en el mundo
Joji SakuraiAnálisis Noticioso AP
PARÍS.- Al ex presidente Charles de Gaulle le gustaba inspirarse en hazañas gloriosas y terminaba sus discursos con las palabras: “Vive La Republique! … Vive la France!”.
En la actualidad, Francia se encuentra como una nación herida por sucesivas crisis que han lastimado el ego de una sociedad orgullosa y le han hecho cuestionarse su papel en el mundo.
Hace algunos meses, los votantes franceses rechazaron la constitución de la Unión Europea, alentando un debate sobre si el país puede seguir siendo relevante en tiempos de la globalización. Posteriormente París, favorita como candidata a la sede de las Olimpíadas del 2012, fue humillada por la victoria de su archirrival Londres.
En los últimos días llegó otro descontento: los disturbios en vecindarios de inmigrantes pobres, que han generado una especie de búsqueda de los principios más fundamentales de la república.
Muchas personas expresan su nostalgia por los días de gloria de Francia, e incluso se preguntan si la vieja fórmula de la libertad, la igualdad y la fraternidad sigue siendo relevante en los tiempos que corren.
“Roma tuvo su caída. Francia también fue una gran nación debido a su resplandor intelectual y humano”, manifestó Daniel Robert, director de una agencia de publicidad, de 57 años. “Pero está decayendo por medio de una retórica de autoindulgencia … y por la falta de valentía y de lucidez”.
“El mito de la república que promete igualdad para todos”, sostiene el historiador y sociólogo Laurent Mucchielli, “es muy hermoso, pero es abstracto y hoy nos ciega y nos convierte en hipócritas”.
Los franceses han encontrado frecuentemente una crisis, incluso en los mejores momentos: siempre parece haber un dilema para analizar, sean los altos precios, la invasión de las películas de Hollywood, la situación apremiante de los desamparados o los problemas en el gobierno.
Pero esta vez la ansiedad parece ser mucho más profunda. La población está debatiendo temas fundamentales, entre ellos si es posible mantener un costoso sistema de bienestar social, que según los inmigrantes que participan en los disturbios de los suburbios no los beneficia, y eso perjudica la competitividad del país en momentos en que China gana cada vez más espacios.
Enfrentada repentinamente con todos estos problemas, “Francia es un país que en este momento no sabe cómo crear una visión para el futuro”, declaró el sociólogo Michel Wieviorka.
Mientras el país combate sus problemas internos también ve como su imagen internacional y su estatus decaen.
La violencia en los suburbios y la respuesta del gobierno — el empleo de una ley de emergencia establecida durante la guerra de la independencia de Argelia y la decisión de deportar a los extranjeros que hayan sido declarados culpables de participar en las revueltas — han irritado al mundo árabe.
Y entre los nuevos miembros de la Unión Europea como Polonia y Eslovaquia, la gente reverencia más a la reforma de libre mercado del primer ministro británico Tony Blair que al activismo del presidente Jacques Chirac por una Europa socialista.
DESLUCIDO CHIRAC
Un país que parece a la deriva, lleno de dudas y ansiedades, tiene un líder que luce cada vez más indeciso y cansado.
Algunos analistas ven a los disturbios como el punto culminante de una presidencia que no ha logrado cumplir con ninguna de sus metas principales: disminuir el desempleo, guiarse por la constitución de la UE, y combatir la marginación social.
Aunque aún le quedan dos años en el poder, Chirac —que recientemente ha sufrido problemas de salud— ocupa cada vez más un lugar secundario.
“Es el final de una presidencia”, expresó Wieviorka. “Este hombre ha fracasado, sus políticas son un fracaso … No es una salida gloriosa”.