Las políticas gubernamentales y el empleo

José Antonio Poveda [email protected] Al comienzo del siglo XXI, los gobiernos se encuentran ante el problema fundamental de no generar para todos suficientes empleos decentes y productivos en condiciones de libertad, igualdad, seguridad, y dignidad humana. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) señala que la ocupación decente resume las aspiraciones de los individuos en lo […]

José Antonio Poveda [email protected]

Al comienzo del siglo XXI, los gobiernos se encuentran ante el problema fundamental de no generar para todos suficientes empleos decentes y productivos en condiciones de libertad, igualdad, seguridad, y dignidad humana. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) señala que la ocupación decente resume las aspiraciones de los individuos en lo que concierne a su vida laboral, e implica oportunidades de obtener una función productiva con una remuneración justa, seguridad en el centro de trabajo y protección social, para la familia, mejores perspectivas de desarrollo personal e integración social, libertad para manifestar sus preocupaciones, organizarse y participar en la toma de decisiones que afectan su vida, así como la igualdad de oportunidades para las mujeres y los hombres.

El trabajo decente debería constituir la esencia de las estrategias mundiales, nacionales y locales de progreso económico y social, y es indispensable en los esfuerzos destinados a reducir la pobreza y alcanzar un desarrollo equitativa, global y sustentable.

La búsqueda de que se cuente con un trabajo decente es tarea de todos, se requiere una reflexión colectiva que dé lugar a nuevos acuerdos que coloquen el empleo en el centro de la discusión. El debate gubernamental sigue sumido en los problemas de la estabilidad y poco se ocupa de los conflictos productivos y de ocupación.

La creación de empleo digno y productivo se ha convertido en uno de los mayores problemas de las naciones en desarrollo. Este grupo de países no ha podido aumentar el trabajo remunerado a una tasa que permita ofrecerlo a toda su población, lo que ha dado como resultado el crecimiento del desempleo, la economía informal y los movimientos migratorios.

De acuerdo con el informe Tendencias Mundiales de Empleo, 2004, de la OIT, en el 2003 había en el mundo un total de 185.9 millones de desocupados, lo que da cuenta de la magnitud de este problema, que es ya fundamental para las economías en desarrollo.

Es necesario ubicar las causas de esta situación mediante el análisis de los factores que han mantenido el dinámico crecimiento de la oferta de empleo y los que han contribuido a debilitar la demanda del mercado laboral. La hipótesis principal es que el problema ha derivado del vigoroso crecimiento de la población, de la baja inversión y del empleo de tecnologías ahorradoras de mano de obra, lo que se hace traducido en crecientes presiones sociales.

La apuesta del país actualmente de incorporarnos al DR-Cafta tendría como un supuesto básico de mayor inversión extranjera y un aumento de la exportación de mercancías aparejada de un incremento del empleo. Esto tendría como respuesta absorber a la creciente población económicamente activa y frenar la emigración hacia otros países mediante el fortalecimiento del mercado laboral.

Por desgracia el incremento de las exportaciones en los países que ya han tenido experiencia en ratificar en sus propios países los tratados de libre comercio, no estuvo acompañado de uno de igual magnitud en el empleo, lo que, en consecuencia, creó desequilibrios que acabaron resolviéndose con desempleo, mercados informales y una creciente emigración a otros estados. Esta debilidad del mercado laboral ha motivado reflexiones colectivas de cómo impulsar la demanda de empleo; sin embargo, no se ha logrado establecer una política activa de empleo, dejando que los mercados resuelvan el problema, con todas las consecuencias que ello implica.

El desequilibrio entre la oferta y la demanda de empleos se ha resuelto con varios mecanismos, uno de los cuales ha sido el aumento del sector informal. En este desempeño ha incidido la debilidad del Estado para responder con una política de reordenamiento laboral. Si se compara el mercado laboral de varios países se ve que la informalidad parece estar ligada al grado de desarrollo de cada uno. La pregunta que surge es: ¿cómo se eliminan los mercados informales, una vez que se han generado? No hay una respuestas clara al respecto, ya que una vez que se instalan se requiere un replanteamiento general de las reglas del juego para reducirlo.

Para revertir el proceso, varios gobiernos han tomado medidas y mecanismos de todos los negocios ante la oficina recaudadora de impuestos. Se concedió un período de gracia entre el Registro y el Cobro de impuesto a todos los que se acogieron a esta propuesta, y quienes quedaron fuera fueron sancionados; la medida fue poco exitosa ya que el número de informales aumentó paulatinamente, al perder la confianza en el Gobierno al descubrirse tanto despilfarro, robo, saqueo del erario y darse cuenta de la realidad y el desastre total en su manera de proceder y actuar y los privilegios salariales de los funcionarios públicos, en otras palabras hubo una gran frustración colectiva y la miseria aumentó y las trágicas consecuencias que esto implica.

* El autor es Catedrático de Derecho Internacional.

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