- Mucho cuidado con sumarse a seguidoras de las dietas de moda
Una de las dietas más polémicas y que más fama ha alcanzado en esta década es la Dieta Atkins. Desde 1972, el libro La nueva revolución dietética, y la versión actualizada de 1992, han vendido 18 millones de copias en todo el mundo. La última edición fue traducida a 25 idiomas.
Muchos de los productos que aportan carbohidratos, como el pan blanco, son granos altamente procesados, bajos en fibras y que se absorben en el torrente sanguíneo con mayor rapidez que los granos enteros altos en fibras. Estos alimentos poseen un índice alto de glucemia, lo que significa que provocan una elevación aguda de la glucosa y disparan el consiguiente aumento de la producción de insulina del páncreas.
Atkins, como otros defensores de las dietas bajas en carbohidratos, sostiene que las oleadas de insulina causan que se desplome el azúcar en la sangre, lo cual a su vez produce una necesidad de mayores cantidades de carbohidratos, y así sucesivamente, en un aumento en espiral de una guerra entre la glucosa y la insulina.
No todo el mundo se ha convertido al evangelio del doctor Atkins, entre las que me incluyo. Dean Ornish, director del Instituto de Investigación de Medicina Preventiva en Sausalito, California, y uno de los defensores de una dieta baja en grasa opina: “Atkins se mete en camisas de once varas cuando aconseja comer bacon (tocino) y provocar la Ketosis. Ése es un estado tóxico. Me encantaría decirle a la gente que está bien comer bacon y salchichas. Pero no es así. Ésta es una forma de perder peso, a mi humilde parecer, muy poco conveniente”.
Nuestro organismo necesita los carbohidratos porque es su mejor fuente de energía, es decir, es el combustible con el que funciona mejor nuestro organismo “máquina de combustión”. Al quitarle o reducir los carbohidratos al máximo, obligamos a nuestro organismo a obtener energía a partir de grasas y proteínas y esto nos resulta caro.
Las sustancias de desecho al quemar hidratos de carbono son anhídrido carbónico y agua (CO2 y H2O) que se eliminan respectivamente por la respiración y la orina; sin embargo, los productos de desecho de la combustión de las grasas y proteínas son cuerpos cetónicos y urea (que se traduce en ácido úrico) que son sustancias tóxicas para nosotros y sobrecargan nuestro hígado y riñones.
Esto, además, produce una pérdida de peso a costa de la deshidratación de la persona; es decir, la persona que sigue este tipo de dietas tóxicas pierde más agua y masa muscular y no tanta grasa. No nos interesa perder peso solamente, nos interesa perder grasa. Eso es lo que debemos de entender. El peso es la suma de la grasa, el músculo y el agua. La principal preocupación de una buena parte de la comunidad científica es el efecto potencial de las dietas bajas en carbohidratos a largo plazo, y estos efectos potenciales no han sido estudiados de manera apropiada.
Ni siquiera los más expertos se ponen de acuerdo en cuál es la mejor dieta, ¿a quién debemos creerle? A mí, por supuesto, no me convencen, no tienen fundamento y se basan en unos resultados temporales, sin analizar la causa del sobrepeso de la persona.
La persona lo que tiene que hacer es mejorar, en primer lugar, sus hábitos alimenticios y aprender a qué comer y cómo comer. Necesitan educación nutricional, que todas estas dietas no ofrecen. Lo único que ofrecen es una intoxicación temporal que cursa con bajada de peso, al igual que baja de peso el que fuma, el que toma anfetaminas, o el que se droga. Pero, más allá de esto… ¿qué tal si utilizamos el sentido común?
La primera ley de la gordura dice que cualquier alimento que alguien consuma más allá de su necesidad inmediata de energía se convierte en grasas, ya sea que esas calorías excedentes provengan de grasas, proteínas o carbohidratos.
La dieta Atkins, al igual que la South Beach, son disociadas. Muchas personas buscan una fórmula mágica para deshacerse de los kilos de más, por lo que son presa fácil de programas dietéticos científicamente inconsistentes.
PARA BAJAR DE PESO
Hacerlo de manera segura y prolongada.
No debe bajar de peso de golpe, pues tampoco subió de golpe. Desesperarse por bajar en tres días es contraproducente. Bajar de peso es cambiar de hábitos alimenticios y de vida. Es como otra filosofía de vida en la que se debe incluir el ejercicio, nuevos horarios de alimentación, mejor hidratación y nuevos alimentos.
La motivación es nuestra mejor aliada. No siempre es el momento adecuado para entrar en este régimen de disciplina, pues supone un cambio de vida que uno debe estar preparado para asumirlo.
La dieta es para toda la vida. No debe ponerse a dieta para poder volver a comer, pues lleva a duplicar el peso que tenía con esa mentalidad y le hará perder confianza y capacidad para luchar.
Las personas que quieran hacer dieta deben buscar una persona experta en nutrición, pues cada persona es diferente.
Master en Mesoterapia y Medicina Natural