¿Mucha tierra?

Deborah Robb [email protected] El Gobierno Territorial del Rama, ubicado en la isla de Rama Cay, comunicó la semana pasada que recurrió de amparo contra el presidente de la Junta Directiva del Consejo Regional de la Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS), reverendo Rayfield Hodgson Bobb, por “certificar” otra Autoridad Territorial del Pueblo Indígena Rama de […]

Deborah Robb [email protected]

El Gobierno Territorial del Rama, ubicado en la isla de Rama Cay, comunicó la semana pasada que recurrió de amparo contra el presidente de la Junta Directiva del Consejo Regional de la Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS), reverendo Rayfield Hodgson Bobb, por “certificar” otra Autoridad Territorial del Pueblo Indígena Rama de San Juan del Norte.

Hay un grupo grande de campesinos miskitos y mestizos que se está proclamando como “pueblo rama” para asentarse en la Reserva Indio-Maíz. Sólo que los ramas reconocidos no llegan a más de dos mil personas en toda Nicaragua, lo que los ubica, para decirlo en los términos más rudos, como una verdadera especie en extinción.

Les va muy bien que se les reconozca dominio histórico sobre una extensión de tierra que colinda con cinco parques forestales bajo protección de la UNESCO: la Reserva Natural de Cerro Silva, la Reserva Natural de Punta Gorda, el Refugio de Vida Silvestre de Río San Juan y la Reserva Biológica de Indio-Maíz. Dice el comunicado: “La cantidad de gente que ellos (grupos recién certificado como rama) pretenden introducir sería fatal para su medio ambiente”. Allí viene la pregunta: ¿Cómo es que una sola persona tiene el poder de “certificar” a comunidades enteras?

El reverendo Hodgson siempre está en la mira porque ya lleva 15 años en el gobierno regional. Es difícil verle una obra completada. Gana todas las elecciones, quizás porque entre la casta política actual de la Costa, sólo Brooklyn Rivera ha sido más habilidoso con el “naipe étnico”. Hodgson habla miskito, lo que no es tan frecuente entre los políticos de la RAAS. Es un liberal, pero su base de votos no le percibe como tal. Le llega a la gente como un pastor de su propia raza, a conducirles por las amplias avenidas del Estado, de los negocios o de lo divino.

Pero ni él, ni las partes que le interpelan judicialmente en más de otra ocasión se escapan del aparentemente inútil laberinto legal en este país. La realidad en el terreno “es puro Macondo”, dice un ex diplomático extranjero casado con una costeña y que ahora cultiva cocos en las márgenes del Río Indio. “Calculé más de mediodía de viaje desde San Carlos con lancha muy rápida para llegar a la propiedad; todo mundo anda con más plata que uno por el negocio de la droga, sólo yo pago salarios en córdobas, la moneda más corriente es el colón; la gente va y viene y cuando se le acaba la plata, asalta a la plantación y se lleva los cocos por el río. La Policía da el zarpe sin problemas, como si soy el único que está cultivando cocos aquí”, dice.

Confluyen toda suerte de intereses en las reservas forestales de la RAAS, incluido el asunto del cambio climático, el suspiro de alivio de los costeños en Gran Caimán, porque la cola del huracán Wilma sólo inundó Newlands, por el lado de Bodden Town. Pero en la RAAS, las manifestaciones todavía son más contra fulano o sicrano. Si el fulano del momento es el presidente de la Junta Directiva del Consejo Regional, los sicranos puede ser el Alcalde de Bluefields, quien mereció halagos porque las chinampas de la Flor de Caña y de la Toña ya son instalaciones fijas en el Parque Reyes.

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