Todavía persiste el dilema sobre la viabilidad de las Escuelas de Negocios, para muchos son imprescindibles.

Educación Fórmula 1

Las escuelas de negocios son una liga tan exigente como las más competitivas del mundo y que en el futuro podrían incorporar a jugadores no tradicionales… Sí, como consultoras y empresas de tecnología Felipe Abarca Z. [email protected] Belo Horizonte, Madrid, Phoenix, San Francisco.- La historia es conocida. Cuando un ejecutivo es contratado, demora un tiempo […]

  • Las escuelas de negocios son una liga tan exigente como las más competitivas del mundo y que en el futuro podrían incorporar a jugadores no tradicionales… Sí, como consultoras y empresas de tecnología

Felipe Abarca Z. [email protected]

Belo Horizonte, Madrid, Phoenix, San Francisco.- La historia es conocida. Cuando un ejecutivo es contratado, demora un tiempo antes de sentirse como en casa. Pero el tiempo real que toma la formación de este ejecutivo hasta que puede llegar a ese cargo específico es muy anterior al momento en que atraviesa la puerta de la compañía y se incorpora a las nuevas rutinas de su puesto. Saque la cuenta: si se trata de un gerente de alto nivel, el sujeto pasó al menos unos siete años en la universidad -incluyendo dos años de maestría-, a los que debe sumar los años de experiencia en otras firmas y los cursos de capacitación realizados.

Ahora ¿cuánto puede esperar realmente una empresa para disponer de talento en su mayor grado de madurez? En teoría, y especialmente en las industrias hipercompetitivas, este tiempo se ha ido reduciendo considerablemente. En algunos casos, la necesidad por acortar ese tiempo puede llegar incluso a tribunales. Éste fue el caso del chino Lee Kai-Fu, ex vicepresidente de Microsoft y ahora flamante ejecutivo de Google. La compañía del buscador online lo levantó de la firma de Bill Gates por su conocimiento sobre la forma en que los computadores reconocen el lenguaje, un importante campo de investigación en el negocio de esta empresa. Después de una dura batalla legal, finalmente el bueno de Lee pudo trabajar para Google, en un caso que no sólo refleja lo difícil que resulta identificar, atraer y retener el talento. También devela la necesidad de apurar al máximo su formación.

La pregunta de fuego que están enfrentando las universidades es si realmente están en condiciones de ir a la velocidad que hoy demanda el mercado. Con seguridad, las escuelas de negocios que están en la segunda versión de nuestro Ranking de Educación Ejecutiva muestran interesantes atributos que les permiten seguir de cerca a la crème de la crème corporativa de América Latina, como muestra la metodología que creamos especialmente con este propósito. En el listado de este año, el IESE de Barcelona se apalanca en su cercanía estratégica a las empresas y logra superar a la innovadora Stanford, que pasa al segundo lugar. Por su parte, la sorprendente Fundação Dom Cabral se dispara, ubicándose en el tercer lugar, superando a la emblemática Kellogg, que quiere atacar América Latina desde Miami. Este año también se incorporan seis invitados nuevos de Brasil, Chile, Colombia y Perú, que cumplen con el requisito de ofrecer programas cerrados a empresas que operen en la región.

Adecuarse a la velocidad que demandan las compañías más competitivas del mundo no es un truco fácil para ninguna escuela de negocios del mundo. A medida que la educación de negocios -incluyendo los MBA, otras maestrías y también la Educación Ejecutiva- se ha ido profundizando como mercado, y el mercado y las empresas también le han ido ofreciendo soluciones eficientes a sus necesidades, han surgido dos tesis hasta ahora excluyentes de lo que debe ser el desarrollo del talento. Una, más bien académica y de largo plazo. La otra, con rasgos más cercanos al mundo real, enfocada en las necesidades más específicas de las empresas y de desarrollo permanente, pero con horizontes temporales más estrechos. De aquí se han derivado distintas respuestas y modelos de escuelas, que incluyen el mantenimiento del estatus de las facultades, la creación de nuevos institutos, o, incluso, su escisión y conversión en sociedades con fines de lucro, como la excelente división de Educación Ejecutiva de la Fuqua School of Business, de la Universidad de Duke. A tanto ha llegado la presión del mercado, que hasta los MBA duran menos. Apenas diez meses en algunos casos.

En este contexto, son el mercado y las empresas los que están presionando a las universidades para potenciar sus negocios al máximo. Si antes lo razonable podía ser un año de adaptación a un trabajo, el estándar ha bajado a la cuarta parte de este tiempo: tres meses.

¿Hasta dónde podrán llegar en esta carrera las escuelas de negocios y las universidades sin traicionar su esencia de instituciones académicas? No es un dato menor el hecho de que se trata de organizaciones tradicionalmente menos flexibles. Por ejemplo, para ilustrar este punto sólo basta considerar la figura de los tenior professors, funcionarios que pueden estar en sus cargos de manera vitalicia, en una posición casi de intocables, muy al contrario de lo que ocurre en las empresas, donde el principio básico de la gestión del talento se engarza con la necesidad del cambio competitivo y la consecuente flexibilidad laboral. De ahí que las principales preocupaciones de las escuelas de negocios sigan siendo el retorno sobre la inversión en Educación Ejecutiva y el desarrollo de metodologías que generen cambios de comportamiento.

Con todo, la reacción de los profesores todavía se inclina más hacia la academia que hacia el negocio. En una reciente reunión de The International University Consortium (Unicon), en el Campus Aloysio Faria, en Nova Lima, Belo Horizonte, Brasil, fue difícil encontrar un consenso sobre la importancia de contar con medidas financieras del retorno sobre la inversión en Educación Ejecutiva, y un trabajo de investigación al respecto consideró que ésta era una responsabilidad del «cliente». El problema es que si la compañía -que ciertamente está más preocupada de la rentabilidad de su negocio- no tiene alguna justificación concreta del costo y de los beneficios de estos programas, la decisión bien puede implicar la búsqueda de proveedores de educación ejecutiva con un mayor enfoque en el cliente. El dilema es que, por la competencia actual de las escuelas en los programas MBA y en los pregrados, el área de Educación Ejecutiva debería representar al menos un tercio de los ingresos totales de la institución.

Uno de los más escépticos respecto al papel de las universidades es Jérôme Couturier, vicepresidente de Educación Ejecutiva de la estadounidense Thunderbird. Con experiencia en el área -estuvo a cargo del área de educación ejecutiva en la francesa Insead-, Couturier ve un escenario negro para las escuelas. Para él, primero las empresas dejaron de reclutar graduados MBA, porque las escuelas son proveedores poco flexibles -siguen anclados al modelo del campus- y demasiado caros para acelerar el talento, además de que sus resultados son inciertos y no garantizan nada. Estas instituciones tampoco han sido grandes innovadoras, se resisten al cambio en sus propias organizaciones y les cuesta muchísimo enfocarse en el cliente. Además, tienen un conflicto existencial entre atender a «estudiantes» y a «clientes».

En estas circunstancias surge inevitablemente la pregunta acerca de posibles proveedores sustitutos a las escuelas de negocios. De alguna forma, las universidades corporativas ya lo son: algunas tienen hasta sus propios MBA o los desarrollan en consorcio con otras empresas, por ejemplo, entre empresas del sector bancario, comercio minorista o fabricantes de automóviles o aviones. Aunque las escuelas han buscado complementarse inteligentemente con ellas, la dinámica no dista mucho de la que hay entre las marcas privadas y los grandes supermercados, y ya se sabe perfectamente quién es el que gana en estas pulseadas. Para Couturier los competidores más inmediatos de las escuelas son las consultoras, los centros de formación no académicos, los propios profesores y las empresas de tecnología. «La tormenta perfecta sería una mezcla de estos agentes, con diversas alianzas y formatos, hechos a la medida de las compañías y a la carta», dice. «Estas organizaciones podrían dar un mejor servicio, de manera más eficiente y sin los privilegios de los académicos».

De esta profecía dependerá mucho cómo evolucionen las escuelas de negocios. Algunas, como el Centro de Formación de Ejecutivos de la chilena Universidad del Desarrollo, ya creó un programa de gestión de proyectos en conjunto con la empresa de tecnología Unisys. Lo cierto es que, al menos en negocios, las escuelas y las universidades ya no son las únicas «fábricas» del conocimiento y aceleradoras del talento. Aunque en América Latina todavía falta bastante para llegar a un mercado de formación ejecutiva con esta profundidad, muchas empresas ya están dando sus primeros pasos en países donde el capital humano es precisamente uno de los recursos más esquivos y difíciles de encontrar. Salvo contadas excepciones, a las escuelas de negocios latinoamericanas todavía les falta mucho por aprender en el negocio de la Educación Ejecutiva, lo cual les puede hacer perder terreno frente a actores globales, como los que se encuentran en nuestro Ranking.

EL RANKING

El Ranking de Educación Ejecutiva de América Economía evalúa la calidad de los diversos programas de Educación Ejecutiva impartidos por escuelas de negocios

Se consideran programas de Educación Ejecutiva aquellos no conducentes a grado académico, lo que excluye a posgrados como los MBA u otras maestrías.

En el Ranking puede participar cualquier escuela de negocios, ya sea latinoamericana o de otras regiones del mundo, pero que al menos haya desarrollado durante el último año (2004) programas de Educación Ejecutiva para empresas locales, multilatinas o multinacionales con operaciones en América Latina. El Ranking no evalúa a las escuelas de negocios en su totalidad, sino solamente el área o unidad de la escuela -y sus respectivos recursos- efectivamente comprometida en la realización de estos programas.

La metodología considera los programas hechos en forma abierta a la comunidad de ejecutivos latinoamericanos y especialmente aquellos desarrollados en forma cerrada o exclusiva para empresas, los que constituyen el requisito básico de participación. Esto se debe a que, en general, a diferencia de los programas de licenciatura, MBA u otros posgrados, la Educación Ejecutiva busca satisfacer principalmente las necesidades de formación de las empresas, siendo estas últimas las depositarias de los beneficios que se deriven de éstos, y en muchos casos, la entidad que actúa como «cliente».

En cada área de análisis y en sus respectivos parámetros, la evaluación se realiza a partir de los datos proporcionados por las escuelas a través de un cuestionario ad-hoc, elaborado por AméricaEconomía Intelligence (AEI), que busca sistematizar información relevante respecto de los distintos ámbitos de la Escuela de Negocios y sus programas de Educación Ejecutiva. Toda esta información es corroborada a través de información pública de las escuelas y, de ser necesario, a través de contactos de chequeo. AEI se reserva el derecho de no considerar información suficientemente verificable.

Dentro del proceso de evaluación se incluyen visitas, por parte del equipo de AEI, a las Escuelas de Negocios con el fin de hacer una evaluación cualitativa del know-how y expertise de las escuelas en el desarrollo de estos programas.

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