María Lorena Blandón de Rodríguez
Quiero manifestar mis condolencias a la familia del señor Marcos José Calero y admirar la valentía que tuvo al sacrificarse por salvar a dos menores; es difícil pensar que alguien deja a un lado el instinto de supervivencia por salvar otras vidas. A los padres de los menores les manifiesto mi comprensión porque entiendo bien la angustia que puedan estar sintiendo.
Revivo mis sentimientos por el accidente de mi hija Claudia Lorena ocurrido el 10 de agosto del 2003 en ese mismo sitio, quien al no poder frenar oportunamente se fue a estrellar a toda velocidad contra un árbol.
No quiero juzgar dónde estuvo la falla pero tengo entendido que después de ese accidente pusieron protectores en los árboles. Tampoco quiero juzgar en esta oportunidad el estado de los cables. La verdad es una: el accidente del guía con los niños sucedió. Tampoco quiero juzgar a los propietarios de este tipo de negocio a quienes nunca tuve el gusto de conocer.
Hago un llamado a las autoridades que regulan este tipo de negocios, y en segundo lugar, a los propietarios de estos negocios de alto riesgo para que a lo inmediato tomen las medidas necesarias, para evitar accidentes como éstos y otros, que posiblemente están en el anonimato. Sólo me queda comentar que la recuperación de mi hija fue traumática. Le doy gracias infinitas a Dios por su misericordia y por no permitir males mayores.
Agradezco a Claudia Brockman, su amiga, quien desde la tarima en que se encontraba se aventuró para desviar la ruta del accidente, sin pensar que también a ella pudo ocurrirle otro percance. Finalmente, muchas gracias al doctor Gustavo Rodríguez por su fina atención y esmerados esfuerzos.