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Costa Rica invierte unos nueve mil dólares anuales por cada hombre sobre las armas, un presupuesto entre los más altos de Centroamérica y muy por encima del presupuesto que en Nicaragua se asigna al Ejército de Nicaragua y a la Policía Nacional juntos.
Mejor pagados que cualquier policía o soldado del área, los distintos cuerpos de las fuerzas de seguridad costarricense cuentan con un personal similar en tamaño a los 12 mil soldados con los que cuenta el Ejército de Nicaragua.
Aunque el presidente Abel Pacheco desestimó ayer que su país se esté militarizando, los mismos datos oficiales que el Ministerio de Hacienda de Costa Rica ofrece en su página web indican lo contrario.
La propuesta de presupuesto del 2006 para el Ministerio de Seguridad Pública de ese país es de 50.7 mil millones de colones, equivalente a unos cien millones de dólares al cambio actual.
El contraste con el presupuesto asignado al Ejército de Nicaragua, de unos 33 millones de dólares, indica que el presupuesto de Defensa de Costa Rica es 318 por ciento más alto que el de Nicaragua.
Sin embargo, hay que hacer notar que respecto al Producto Interno Bruto (PIB) de ambos países, el gasto real de Costa Rica es equivalente a un 0.05 por ciento en Defensa, ligeramente menor que el de Nicaragua, estimado en un 0.07 por ciento, pese a la diferencia abismal entre ambos PIB.
LA PRENSA solicitó una entrevista al Ministerio de Seguridad Pública de Costa Rica para comentar estos datos, pero no se obtuvo respuesta.
ADMIRABLE MERCADEO
Pero estos contrastes son solamente una parte de la paradoja que Costa Rica ha sabido vender en forma francamente admirable. Los economistas coinciden en que el despegue económico de ese país ha estado fundamentado en dos factores que aparentemente no tienen que ver con la economía: la abolición del ejército en 1948, que permitió el desvío de recursos a la educación y salud, y sus políticas enfocadas a preservar y mejorar el medio ambiente.
Con esas banderas, Costa Rica ha exportado una imagen creíble que le permite, contradictoriamente, demandar a la “belicosa Nicaragua” para ejercer un supuesto derecho a navegar con guardias armados el nicaragüense río San Juan.
De hecho, basándose en datos del Gobierno de Nicaragua, la frontera sur de Costa Rica está densamente resguardada (ver mapa), lo que indica que la capacidad costarricense de cobertura sobre su territorio también es superior a la nicaragüense.
Mientras las fuerzas de seguridad de Costa Rica tienen posibilidad de cubrir 4.2 kilómetros por policía en todo el territorio, en Nicaragua se cubren 7.2 kilómetros entre el Ejército (12 mil) y la Policía (8 mil).
La superioridad numérica de las fuerzas armadas nicaragüenses sobre las fuerzas de Defensa de Costa Rica también es aparente, ya que para obtener el mismo nivel de cobertura sobre el territorio nacional Nicaragua debería aumentar sus fuerzas en más de 11 mil efectivos.
LA DONACIÓN NICA
Aunque el armamento costarricense, más allá de las reglamentarias M-16, no es un tema del que se pueda tener información de primera mano, sí se puede afirmar que desde 1993, en que Nicaragua donó a Costa Rica un helicóptero MI-17, este país ha obtenido cuatro helicópteros adicionales provenientes de Estados Unidos. La fuerza aérea nicaragüense tiene una flota de ocho helicópteros.
Extraoficialmente se conoce que Costa Rica posee tres guardacostas, entre otros medios navales. Más llamativo aún es el hecho de que entre su armamento se encuentren unos 50 medios antitanques, lo que implicaría unos cien hombres formalmente entrenados en infantería terrestre, es decir, el equivalente a una compañía en un ejército regular.