Nicaragua está mejor que nunca

Cornelio [email protected]

Aunque no lo parezca, en estos días, semanas y meses se hizo evidente que Nicaragua está mejor que nunca antes en su historia. No estoy diciendo que esté bien, ni mucho menos, sino en muchos aspectos está mal, muy mal. Sin embargo aún así está mejor, mucho mejor que en cualquier época de su historia, con capacidad y fuerza para conquistar su futuro como nunca antes.

Comenzando por el conflicto entre los caudillos y el Presidente de la República, pues en momentos anteriores de la historia se hubiera recurrido a los balazos ya por mucho menos. Hoy los dos caudillos saben perfectamente que nadie les haría caso si llamarían “a las armas”. Ejercito y Policía lo han dejado fuera de cualquier duda: no prestan sus armas para arreglar bochinches políticos. Ya no hay tampoco la capacidad para movilizar a “las masas” a protestas violentas, como hasta en los primeros años de la Presidencia Alemán, sino solamente algunos grupúsculos intentan a sembrar zozobra en las calles, motivados simplemente por plata, nada de política.

En cuanto de los actores principales y sus secuaces, basta echar un vistazo a sus edades para notar que no representan ni el 10 por ciento de los nicaragüenses. Les faltan, cuando mucho, unos 5 a 10 años para jubilarse en definitiva y quizás 20 para encontrar su última morada. Son actores ya en su ocaso, no en su alba, en su último intento de inscribirse en las páginas de la historia sin darse cuenta que la misma ya les cerró el libro al pasar al milenio 21. Precisamente por su desfase llaman tan escandalosamente la atención.

Provoca mas lástima que ira, ver a los magistrados de la CSJ manchar su currículum en las últimas páginas con fallos contra ley expresa y actos bochornosos, pues no habrá oportunidad de enmendarlas, así manchados van a jubilarse, manchados morirán. Causan más risa que asombro las maniobras de los Maquiavelos del traspatio en Asamblea y CSE para asegurarse sus últimos puestos y caerle bien a los respectivos “príncipes”. Ni libros ni discursos supieron aportar para escapar del pronto olvido, como Maquiavelo, quien no obstante al final murió pobre y lejos del poder. Estos “seniores” piensan quizás por su Alzheimer ético propio, que los demás también andan olvidándose del origen de las nuevas riquezas sacadas por piñatas y huacas. Pero ni por amnistías ya habidas ni por las a haberse, Nicaragua entera caerá en amnesia de tantas maldades.

La Nicaragua de hoy y de mañana, este 80 por ciento de los nicaragüenses, quienes aún no han cumplido los 40 años, no se dejará impresionar, mucho menos amedrentar por los ruidos de los representantes del ayer. En la historia del país siempre fueron los jóvenes quienes empujaron el país a nuevos horizontes. Ellos ya no tienen que temer a la cárcel mucho menos por sus vidas al pensar y pronunciarse, como todas las generaciones anteriores. El futuro entonces está más despejado que nunca. Aunque ciertamente el sistema de educación sigue siendo un desastre, igualmente cierto nunca antes en la historia, Nicaragua contó con tantos profesionales, técnicos, egresados y estudiantes de universidades, de educación técnica, de secundaria y primaria.

Hay muchos retos y desafíos por adelante. Pero por su capacidad de soñar, pensar y actuar para enfrentarlos, nadie detendrá a esta avalancha joven, si estas generaciones nuevas se aprovechan inteligentemente de la oportunidad única en la cual hay todo un mundo por crearse aún.

El autor es profesor universitario.

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