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‘Ejemplo’ de democracia
Douglas Carcache
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En tres lugares distintos, representantes del Frente Sandinista (FSLN) mostraron en los últimos días que en su partido prevalece la obsesión de bloquear o eliminar, si pudieran, las opiniones contrarias; a pesar de que, cuando se acercan las elecciones, pregonan que han cambiado y ahora son “demócratas”.
Los transportistas sandinistas que hicieron un paro la semana pasada agredieron a los transportistas que querían seguir laborando, porque según los líderes de la protesta, todos tenían que sumarse a la huelga, a la fuerza.
¿Dónde queda entonces el derecho individual a pensar de una u otra forma, y a discrepar? Para estos transportistas, que se autodenominan sandinistas y con frecuencia provocan la violencia en las calles de Managua, no cabe más que la opinión de ellos; y quienes osan contradecirlos se exponen a sus pedradas y otras agresiones.
Pero esa actitud va más allá del círculo de esos transportistas, porque ha sido notorio que otros representantes del FSLN actúan de la misma manera. Por ejemplo, hace cuatro días LA PRENSA publicó la foto de dos diputadas sandinistas, Rita Fletes y Alba Palacios, cuando estaban apostadas en la puerta de la Asamblea Nacional impidiendo el ingreso de los ciudadanos que llegaban a mostrar su apoyo al tratado de libre comercio entre Centroamérica y Estados Unidos (Cafta).
A esas diputadas, igual que a los transportistas sandinistas, les molesta que haya personas con opiniones distintas a las suyas, y lo grave es que quieren impedir la expresión de los otros.
Tal vez sea casualidad, aunque lo dudo, que representantes del FSLN se comporten autoritarios y agresivos contra quienes opinan diferente. Me contaron que el domingo 18 de septiembre, cuando las comunidades centroamericanas en Los Ángeles, California, se disponían a desfilar por las calles de esa ciudad para celebrar la independencia de sus naciones, se armó una discusión en el grupo de los nicaragüenses.
Según los testigos, uno de los nicas quería imponer ciertas normas en el desfile y como otros estaban en desacuerdo, él les pegó cuatro gritos y les dijo que se fueran, porque era él quien mandaba en la actividad. Un señor bastante mayor tuvo que intervenir para que se calmaran y no estropearan el festejo centroamericano. Cuando pregunté quién era el intolerante, me dijeron: “Aquí lo conocen como el representante del Frente Sandinista en Los Ángeles”.
Hace 15 años que el FSLN fue bajado del gobierno, por una mayoría de nicaragüenses que votó en su contra, pero la conducta política de sus líderes y activistas parece ser la misma de los años 80, cuando estuvieron en el poder.
En esos años, quien disentía del gobierno sandinista o reclamaba, era reprimido de muchas formas. En marzo de 1988, un grupo de trabajadores de la construcción, organizados en el Sindicato de Carpinteros, Albañiles y Similares (SCAAS) hicieron una huelga pacífica en la sede de esta organización, pidiendo aumento salarial, y la Policía los desalojó y los golpeó por órdenes de Tomás Borge. Los obreros no habían bloqueado calles, ni habían hecho hogueras o lanzado piedras contra ciudadanos. Lo más visible eran sus mantas contra el régimen sandinista y ese fue su pecado: opinar distinto al FSLN.