Katrina

Marlon José Navarrete Espinoza El huracán Katrina demostró que igual se puede ser una súper potencia o un país pobre para demostrar la capacidad de destrucción de la naturaleza. Sin embargo es bueno destacar que el hecho de ser una nación poderosa, una potencia mundial como Estados Unidos, lo hace más sorprendente el impacto arrasador […]

Marlon José Navarrete Espinoza

El huracán Katrina demostró que igual se puede ser una súper potencia o un país pobre para demostrar la capacidad de destrucción de la naturaleza. Sin embargo es bueno destacar que el hecho de ser una nación poderosa, una potencia mundial como Estados Unidos, lo hace más sorprendente el impacto arrasador ante una verdad irrefutable de que no estaban preparados para enfrentarlo. La gente cuestiona para qué tanta tecnología, tanto orgullo en el despliegue de fuerza en el mundo así como avances científicos y tecnológicos si de nada sirvieron éstos para salvar vidas y aminorar o reducir el efecto del huracán y sus consecuencias.

Para los poderosos no era importante preparar refugios seguros, almacenar comida y medicina para grandes cantidades de personas damnificadas; planes o rutas de evacuación acertados, buscar cómo asegurar medios de comunicación para monitorear acciones de ayuda antes, durante y después de la catástrofe, pero lo peor de todo fue la desorganización y la lentitud de respuesta de las autoridades en los diferentes niveles de gobierno, quienes indolentes e insensibles esperaron varios días haciendo aguantar hambre y sed a los miles de afectados, abandonados a su suerte y dejando que la muerte se propagara a su antojo.

Las imágenes hablan por sí solas y no ameritan explicación ni análisis, no se trató de que no hubiera capacidad de respuesta inmediata o presupuesto para planificar la asistencia con los medios adecuados, se trató de un práctica de abandono total de quienes creían que el poder político o económico era suficiente garantía de sobrevivencia, evitando que un huracán les hiciera ver sus grandes debilidades por orgullo e inhumano olvido de su pueblo más desvalido y expuesto a la tragedia ya antes anunciada y advertida.

Esto a la larga se convierte en una debilidad del capitalismo que sólo considera a los seres humanos como instrumento de producción y no como individuos con necesidades, anhelos de superación y proyectos de futuro, que esperan que su gobierno los proteja y no los margine.

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