Roberto Amador N.
Recordemos a esos hombres y mujeres que en nombre de la Patria dieron lo más grande que tenían, sus vidas. No buscaron puestos públicos ni lucharon para apropiarse de propiedades ajenas ni siquiera tenían una cuenta bancaria, jamás pensaron en obtener una diputación, menos en ser candidatos presidenciales, con costo tenían un segundo uniforme. Sus botas de tanto caminar estaban rotas y gastadas, caminaban cientos de kilómetros en las agrestes montañas nicaragüenses.
Su único ideal era ver libre a la Patria de las cadenas que le imponían en ese momento, muchos quedaron en esas montañas, algunos nunca les sabremos su nombre, quizás sólo los recordaremos por sus nombres de guerra: “cordón detonante”, “chivo rojo”, éstos fueron dos de los muchos que dieron todo a cambio de nada. Sus cuerpos estarán en algún lugar de las montañas de Río Blanco, como están Didier Guido en la zona de El Castillo, Río San Juan, y miles de otros anónimos, dignos hijos de la Patria y merecedores de recordarse en estos días patrios.
No olvidemos a Enrique Bermúdez ni a Arges Sequeira, menos a un Jorge Salazar. Todos ellos dieron sus vidas por esta querida Nicaragua.