En pequeñas balsas huyen del hambre y las inundaciones, los indígenas del río Coco.

El eterno calvario de los indígenas de río Coco

Los habitantes asentados en las riberas del río más largo del país conviven con inundaciones perennes, pestes, hambre, pobreza extrema y el abandono gubernamental. Hoy muchos huyen a Honduras, aunque sea en busca de frutas Heberto Jarquín [email protected] Ver gráfico“Las ratas se comieron toda mi siembra de arroz, maíz, yuca y el pasto del potrero, […]

  • Los habitantes asentados en las riberas del río más largo del país conviven con inundaciones perennes, pestes, hambre, pobreza extrema y el abandono gubernamental. Hoy muchos huyen a Honduras, aunque sea en busca de frutas

Heberto Jarquín [email protected]

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“Las ratas se comieron toda mi siembra de arroz, maíz, yuca y el pasto del potrero, antes que se murieran de hambre sacrifiqué las dos vacas y cinco chanchos que tenía, y cuando vi que ya no quedaba nada para echarle al estómago, decidí montarme en un pipante (bote), con mi mujer y mis seis hijos, y dejamos nuestro rancho en Andres Tara para ir a buscar quien nos regalara un bocado”.

DIEZ DÍAS HUYENDO DEL HAMBRE

Después de navegar durante diez días sobre las turbulentas aguas del río Coco, Humberto López López y su prole famélica, llegaron a Waspam donde contaron el calvario de miles de familias que están a punto de perecer por la falta de alimentos en los confines de este extenso municipio en la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN).

Una balsa frágil de troncos de guano (madera blanda), semihundida, servía como tabla de salvación de otra familia que se dejaba llevar por la corriente sin rumbo fijo, huyendo de las inundaciones y el hambre, cuando el equipo de LA PRENSA se acercó a la orilla del río para tratar de conversar con ellos, el capitán de la precaria embarcación se limitó a decir: “Me llamo Over Martin” y cabizbajo continuó el viaje.

El Alcalde de Waspam, Cornelio Tebas Raymundo, informó que 44 mil 081 habitantes de 90 comunidades perdieron sus cultivos de arroz, maíz, yuca y musáceas porque una plaga de ratas y otras alimañas devoraron las plantaciones.

Tebas Raymundo dijo que la situación empeoró por el repentino crecimiento del río Coco que ya inundó varias comunidades. “La situación es dramática, si no recibimos ayuda humanitaria muchas personas podrían morir por la hambruna que se ha desatado”.

“Algunas familias desesperadas por la escasez de comida se han ido a Honduras con la esperanza de recolectar frutas”, indicó el vicealcalde de Waspam, Calixto Osorio Bans.

En tanto, la agroecóloga Johanna Castillo, dijo que la gente se ha puesto a güirisear y el poco oro que obtienen se lo venden a un cubano y un mexicano para poder adquirir un poco de alimento.

MISERIA PERPETUA

El municipio de Waspam está clasificado como uno de los más pobres y vulnerables a desastres naturales en toda Nicaragua. Las tormentas, inundaciones y epidemias son frecuentes.

“Los habitantes de río Coco vivimos en emergencia permanente; la famosa enfermedad grisis signi se produce cuando la gente pierde el equilibrio por el hambre y la pobreza”, refirió Rose Cunnigham Khan, una dirigente comunitaria de la zona.

SIN TREGUA

Cunnigham Khan señala que el municipio de Waspam no se ha recuperado desde el paso del huracán Mitch en 1998. “Pero no hemos tenido tregua porque después se han producido innumerables inundaciones y apariciones de plagas que arrasan con los cultivos de arroz, frijoles, maíz, yuca, plátanos y bananos”.

Mientras que la jurista indígena Hazel Law Blanco se quejó de la indolencia del Gobierno. “Parte de la tragedia de nuestro pueblo es la indiferencia del Estado que nunca escucha los llamados de auxilio. Las ratas comenzaron a devorar los cultivos desde junio, pero nadie ha hecho algo para eliminar esta plaga”.

PLAGA MALIGNA

La agroecóloga Johanna Castillo Jarquín, del organismo TNC (The Nature Conservancy), tiene tres años de trabajar en varias comunidades del río Coco, donde realiza una investigación etnopecuaria. Ella explica que las ratas se reproducen desproporcionadamente en un ciclo que se repite cada siete o diez años cuando florece una planta llamada carrizo (especie de bambú), y de sus frutas se alimentan los roedores.

“En la zona de río Coco ha disminuido la población de reptiles, especialmente de boas que son cazadas por la gente para comer la carne y comercializar su piel, esto contribuye a la proliferación de las ratas por la falta de depredadores”, indicó Castillo.

El agrónomo y funcionario del Sistema Nacional de Prevención de Desastres, Bernabé Balladares Deshon, señaló que se ha producido un desequilibrio ecológico porque los roedores han emigrado hacia la zona selvática allende al río Coco, huyendo de las quemas que los campesinos realizan en las tierras de labranza en otras regiones.

“Por esa razón y la disminución de ofidios, las ratas se comen impunemente los cultivos de los indígenas sin que nadie pueda evitarlo”, opinó Balladares, quien participa en labores de socorro a las víctimas de la hambruna.

CATÁSTROFE

Un informe elaborado por la Alcaldía de Waspam y el Comité de Emergencia Municipal, indica que en el presente ciclo agrícola se sembraron ocho mil 897.74 manzanas de arroz, seis mil 875 de maíz, siete mil 756 de musáceas (banano y plátanos) y un mil 905.25 de yuca.

El reporte revela que las ratas y las inundaciones arrasaron con seis mil 457 manzanas de arroz, tres mil 367 de maíz, tres mil 44 de musáceas y un mil 356 de yuca, dejando a la población a merced de la hambruna.

“Las reservas de alimentos se han agotado y la asistencia humanitaria no aparece por ningún lado”, se quejó el Alcalde de Waspam, Cornelio Tebas, quien teme que el hambre, las ratas y la insalubridad provocada por las inundaciones desaten una epidemia incontrolable.

PROPUESTAS

La agroecóloga Castillo sugiere que se cambien los sistemas de agricultura para evitar que siga avanzando la frontera agrícola y la degradación de los suelos. También propone que se introduzcan variedades de semillas resistentes a las plagas.

“Se tiene que proteger la flora y la fauna para que no se rompa el equilibrio ecológico. También se debe sanear el río Coco.

Mientras que Rose Cunnigham plantea que no se puede vencer la pobreza y el hambre si no se invierte en la producción. “El Gobierno ejecuta proyectos de construcción de letrinas y pozos, pero no hace nada por rescatar la agricultura y la ganadería”.

LEJANÍA Y AISLAMIENTO

El municipio de Waspam se localiza en el extremo nororiental de Nicaragua, a 634 kilómetros de Managua, capital del país, y a 138 de Bilwi, cabecera de la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN), tiene una extensión de nueve mil 341.71 kilómetros cuadrados y sus principales referentes geográficos son los extensos llanos cubiertos de pino, densas selvas tropicales, sus costas cenagosas bañadas por el Mar Caribe y el sinuoso río Coco que alberga en sus riberas a la mayor parte de los 62 mil 819 habitantes del territorio.

Los indígenas miskitos representan el 60 por ciento de la población, los mestizos el 15 por ciento, los indígenas sumo-mayangna el 23 por ciento y los creoles el 2 por ciento. La densidad poblacional apenas llega a los 5.6 habitantes por kilómetro cuadrado en el área urbana y 3.4 por kilómetro cuadrado en el campo.

Waspam cuenta con una economía de autoconsumo, los agricultores producen arroz, frijoles, maíz, yuca, plátanos, bananos, cocos y frutas tropicales. La pesca artesanal, la recolección de frutas silvestres y la caza se conservan como prácticas tradicionales.

El corte de madera y la güirisería son dos rubros importantes para un segmento de la población.

La lejanía y el aislamiento inciden para que los servicios y los productos de consumo básico traídos de Managua sean costosos y de mala calidad.

ABANDONADOS

“Hasta el momento sólo hemos conseguido 138.5 quintales de arroz, frijoles, azúcar, sal y otros artículos, pero esa cantidad apenas da para alimentar a cuatro mil personas por seis días, los otros 40 mil damnificados seguirán ayunando por tiempo indefinido”, se quejó el alcalde de Waspam, Cornelio Tebas.

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