¿Quién tiene la culpa?

Ron Fournier AP Roman, Times, serif»> ¿Quién tiene la culpa? Ron Fournier AP WASHINGTON.- A cada instancia, los dirigentes políticos defraudaron a las víctimas de “Katrina”. No reforzaron los diques. Entregaron las calles a los saqueadores. Abandonaron los cadáveres. Miles murieron o sufrieron por falta de agua, comida o esperanza. ¿De quién es la culpa? […]

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¿Quién tiene la culpa?


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WASHINGTON.- A cada instancia, los dirigentes políticos defraudaron a las víctimas de “Katrina”. No reforzaron los diques. Entregaron las calles a los saqueadores. Abandonaron los cadáveres. Miles murieron o sufrieron por falta de agua, comida o esperanza. ¿De quién es la culpa?

Hay suficiente para repartir: la Casa Blanca, el Congreso, agencias federales, gobiernos locales, la Policía e incluso los residentes del Golfo de México que desoyeron las órdenes de evacuación.

Pero la atribución de culpas distrae la atención de lo más importante: los políticos y la población a la que dirigen desatienden con demasiada frecuencia las señales de peligro hasta que estalla la crisis.

No era un secreto que los diques construidos para evitar la inundación de Nueva Orleans no soportarían un huracán de gran magnitud, pero los líderes gubernamentales nunca hallaron el dinero para reforzar completamente las barreras de tierra, acero y concreto.

Los gobiernos de George W. Bush y de Bill Clinton propusieron presupuestos que minimizaban las necesidades. Los políticos locales tomaban cualquier monto que podían y declaraban victoria. Y el público no exigió un alza tributaria para financiar los proyectos de protección ante inundaciones y huracanes.

El año pasado, el Cuerpo de Ingenieros del ejército solicitó 105 millones de dólares para los programas de inundaciones y huracanes en Nueva Orleans.

La Casa Blanca redujo el monto a 40 millones. El Congreso finalmente aprobó 42.2 millones de dólares, menos de la mitad de la solicitud original.

Sin embargo, los legisladores y Bush acordaron una ley de autopistas por 286,400 millones de dólares que incluyó más de 6,000 proyectos pequeños para los legisladores.

El Congreso destinó fondos para controlar el polvo en los caminos de Arkansas, construir un almacén en el canal Erie y 231 millones de dólares para un puente hacia una isla pequeña y deshabitada de Alaska.

¿ Cómo pudo Washington gastar 231 millones de dólares en un puente sin utilidad, y no destinó 42 millones de dólares para los proyectos de inundaciones y huracanes en Nueva Orleans? Es una cuestión de poder y política.

Alaska está representada por el republicano Don Young, presidente de la comisión de Transporte de la Cámara de Representantes, y por el senador republicano Ted Stevens, miembro importante de la influyente comisión de Medios y Arbitrios del Senado. La delegación de Luisiana tiene bastante menos poder.

Al llegar el huracán, la ayuda llegó lentamente al Golfo de México.

Incluso, el director de la Agencia Federal de Administración de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés), Michael Brown, calificó los resultados iniciales como inaceptables.

El huracán fue la primera prueba importante que enfrenta la FEMA desde que se convirtió en parte del Departamento de Seguridad Interior, una enorme burocracia masiva que muchos temían convertiría a la respetada FEMA en otra agencia federal lenta.

Pronto se produjeron saqueos y la policía local los permitió. Se le ordenó a miles de soldados de la Guardia Nacional que se dirigieran a la costa del Golfo de México, pero sus filas se han visto disminuidas drásticamente por la guerra en Irak.

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