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Armando Lau Gutiérrez No es de extrañarse la no ratificación del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre EE.UU., Centroamérica y República Dominicana, por parte de los pactistas del FSLN y el PLC en la Asamblea Nacional. Es del conocimiento de todos que el beneficioso en dicho pacto ha sido el FSLN. Las exigencias de la […]

Armando Lau Gutiérrez

No es de extrañarse la no ratificación del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre EE.UU., Centroamérica y República Dominicana, por parte de los pactistas del FSLN y el PLC en la Asamblea Nacional. Es del conocimiento de todos que el beneficioso en dicho pacto ha sido el FSLN. Las exigencias de la cúpula arnoldista no ha hecho mella en la liberación del reo doctor Arnoldo Alemán Lacayo.

Daniel Ortega tiene cifrada sus esperanzas de volver al poder a costa de la liberación de Alemán. Y el TLC es un gran programa que viene a poner orden en el desorden social y económico que vive el país, por lo tanto no es conveniente a los sistemas de izquierda. Además, con el TLC desaparecerá el monopolio productivo en manos de unos pocos.

Mientras estemos supeditados a las inclementes decisiones de los pactistas libero-sandinistas, marcharemos a la deriva en un juego político personalista que no está llevando al desastre social y económico. Todo Nicaragua está consciente de la importancia que juega el TLC para el desarrollo productivo y económico del país, la cual nos obliga a encauzarnos paralelamente con los demás países subdesarrollados en el mercado internacional. A los pactistas no les interesa el desarrollo socioeconómico del país; en especial, los del PLC, ellos viven en un mundo de sobrevivencia entronizada y temerosa, en donde todo el empeño político se lo han dedicado a la liberación de su líder, el reo doctor Arnoldo Alemán.

Para que el pueblo pueda librarse del cáncer político que lo tiene imposibilitado es menester abrir un referendo, recolectando 50 mil firmas debidamente identificadas y notariadas, para luego exigir una constituyente y liberarnos una vez por todas de las pesadillas políticas gubernativas que nos tiene en la indefensión social, política y económica.

Los caudillos y dictadores destruyen la paz y la felicidad de los pueblos, porque matan la libertad.

Cartas al Director

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