El edil Álvaro Portocarrero Silva entrega a la profesora María Morales de Rueda el reconocimiento de Hija Dilecta de la Ciudad.

Hija dilecta de Carazo

Comuna le reconoce sus 33 años de labor magisterial Lucía Vargas C.CORRESPONSAL/[email protected] La profesora de generaciones, María Morales de Rueda, fue distinguida como Hija Dilecta de Jinotepe, luego que el Concejo en pleno aprobara una resolución municipal en sesión ordinaria con el propósito de reconocer la gran labor que como educadora realizó durante 33 años. […]

  • Comuna le reconoce sus 33 años de labor magisterial

Lucía Vargas C.CORRESPONSAL/[email protected]

La profesora de generaciones, María Morales de Rueda, fue distinguida como Hija Dilecta de Jinotepe, luego que el Concejo en pleno aprobara una resolución municipal en sesión ordinaria con el propósito de reconocer la gran labor que como educadora realizó durante 33 años.

El homenaje se hizo durante un acto realizado en la sala de sesiones de la municipalidad, en la que convergieron alumnos, personalidades, familiares y la delegada del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, Rosa María Peugnet.

El alcalde Álvaro Portocarrero Silva se mostró agradecido con Morales “por sus enseñanzas, sus orientaciones, reprimendas y correcta inducción para formar gente con buenos principios y valores”, pues dijo ser un discípulo suyo.

Roberto Samcam leyó un pensamiento en nombre de los alumnos de la promoción de 1973 y junto a ellos le entregó un ramo de flores. “Uno recuerda con aprecio a sus maestros brillantes, pero con gratitud a aquéllos que tocaron nuestros sentimientos”, decía parte del escrito.

La danza y el canto se fundieron en un solo abrazo de agradecimiento a la maestra, con la interpretación que hizo el doctor Ricardo Jarquín, del tema Jinotepina linda, cuya letra fue escrita por el poeta Antonio Briceño.

MUY ENFERMA

La profesora María Morales, quien dijo estar muy enferma e imposibilitada de sus ojos, dio gracias a Dios por haberla hecho escoger la noble profesión de enseñar a los demás y por haberle dado el regalo de amar tanto a sus alumnos.

“Algunos ya están panzones y otros canosos, pero siguen siendo mis muchachos”, dijo la maestra. Destacó que tuvo la oportunidad de trabajar con lo más sublime de los elementos que integran al ser humano, como son la mente y el alma de niños y jóvenes.

La maestra considera que “cuando se está al final de la jornada y de la vida, no hay mejor material para sentir que se dejó un poco de sí mismo en cada uno de esos corazones”. Pero también dijo que siente mucha alegría cuando ve a sus alumnos triunfar y tristeza cuando los ha visto tomar caminos equivocados.

“Todavía este espíritu está joven dentro de este cuerpo viejo”, refirió la maestra, tras indicar que aprendió a reír con sus alumnos durante estos 33 años de trabajo dando clases en aulas donde había entre 50 y 60 muchachos.

“La penúltima lección que dejo a mis muchachos es que el éxito de todo trabajo es amor y rigor a partes iguales”, expresó finalmente.

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