Julio César Zelaya Campbell
Que bonito es el sonido de las campanas de la libertad. Ojalá esa dulce música fuese algo más que eso. En Nicaragua la esclavitud camina entre mi pueblo disfrazada de democracia, empleo y religión. Hace pocos días ciudadanos mexicanos arribaron con maletas y medio millón, inversionistas dicen que son. Tenía un pariente que vendiendo nieve su futuro enriqueció. Otro cuyo lema es cuánto tenés cuánto valés.
Otro que por meses sólo y sin hermana en un hospital hasta su muerte agonizó. Entre reggaeton, alcohol, y caballos alabamos a Dios, los caballos somos nosotros. Usted amigo mío por su pobreza no se aflija, recuerde que es libre; eso sí, cuidado, mucho cuidado con pisar una suciedad, no vaya ser se le embadurne el caite.
Masaya