los cuadriláteros no contuvieron la “furia” de los luchadores que siguieron la batalla entre el público.

Rudos pusieron salsa al Ben Hur

Lucha libre, bailes, humor y la famosa competencia de los carretones hicieron vibrar el Estadio Competidores se llevaron muchos premios y la satisfacción de ganar Octavio Enrí[email protected] Cuando terminó todo, el remate llegó en un estrado donde los ganadores de la “loca carrera de carretones” del Ben Hur se juntaron a Pedro Solórzano frente a […]

  • Lucha libre, bailes, humor y la famosa competencia de los carretones hicieron vibrar el Estadio
  • Competidores se llevaron muchos premios y la satisfacción de ganar

Octavio Enrí[email protected]

Cuando terminó todo, el remate llegó en un estrado donde los ganadores de la “loca carrera de carretones” del Ben Hur se juntaron a Pedro Solórzano frente a la tribuna. En ese grupo estaba exaltada Juana Suárez González, una humilde mujer que vende nacatamales, elotes y yoltamales en su caballo “Nueva era” y que ayer ganó la carrera de mujeres, bajo el patrocinio del diario LA PRENSA.

Eran las 9:15 de anoche, pero no importaba el tiempo. Se escuchaba “we are the champions” en alto parlante y Suárez se gozaba con una risotada la calidad de su caballo.

En 2003 ganó también el campeonato, pero esa vez bajo el patrocinio del diario Hoy. Lo que se llevó ayer fue una casa, además de una provisión de productos de todos los patrocinadores, según confirmó Yader Valle, uno de los que colaboró en la organización del evento.

“Me siento orgullosa y feliz, porque esta vez me ha patrocinado LA PRENSA”, dijo Suárez, una habitante del barrio Bello Amanecer, ubicado en Ciudad Sandino.

El otro gran premio fue una camioneta pick up acompañada de 2 mil 500 dólares, que se ganó Guillermo Selva sobre el carretón patrocinado por Reencauchadora Moderna, que jaló el caballo “pestañita”.

“Este premio se lo dedico a Dios”, dijo agradecido Selva sobre el podium de los triunfadores, después de dar un paseo en el campo del Estadio con el ministro Pedro Solórzano acompañándolo para cerrar un espectáculo que, si bien duró un poco más de tres horas, no se sintió agotador por los bailes tradicionales nicaragüenses y un nuevo campo en el que incursionó Solórzano como organizador.

El grito de guerra de la lucha libre mexicana se oyó en un estadio nacional Denis Martínez, que se fue llenando a medida que avanzaba el tiempo. “¡Qué vivan los rudos!”, dijo el presentador de lucha mexicana ante una muchedumbre, que prefería sin embargo a los adversarios de sus favoritos: los técnicos.

Así entraron “La parca”, “Polvo de estrella”, “Octagón” y otros más de los luchadores. ¿Qué se podía esperar de gente llamada así? Repartidos en dos cuadriláteros, uno cerca de tercera base y otro de primera, se vio bastante planificación en cada una de los lances de los luchadores, pero no por eso la gente no presenció algunos pleitos.

El Presidente Enrique Bolaños llegó a dar el bandarillazo para la carrera final y después se sentó sobre el dogout cerca de primera en compañía de algunos jóvenes, a quienes algunos llamaron fresas. Media hora antes habían pasado un percance cuando el resto de ese sector del estadio los agarró a bolsazos de agua para que les permitieran ver las danzas del Instituto Experimental México, el baile de los jóvenes estudiantes, además de una Nueva Compañía inspiradora. Durante todo el espectáculo los helicópteros sobrevolaron el coloso. De hecho, fue de cuatro de estos aparatos que se bajaron los luchadores mexicanos. También participó el humorista Luis Enrique Calderón, en una noche “sin límite de tiempo”.

ACCIDENTES Y ESPECTÁCULO

Durante el espectáculo, ocurrió un accidente que hizo que Pedro Solórzano se movilizara para ver en qué condiciones había quedado el caballo “Chispa”, cuyo dueño Noel Gutiérrez, lucía inconsolable después que el animal se lastimó al dar una vuelta, después de la competencia número nueve.

El animal se golpeó contra uno de los cuadriláteros que minutos antes habían desocupado los luchadores mexicanos, no sin antes aprovechar la visita del Presidente Enrique Bolaños para tomarse una fotografía con él.

Una de las cosas que más llamó la atención fue que estos luchadores no tenían una musculatura impresionante, lo que hizo que algunos de los asistentes le gritaran ¡rotoldo! (el apodo de Arnoldo Alemán) a muchos de ellos en medio de sonrisas de los pobladores que gozaron más cuando dos luchadores se liaron a golpes sobre las mallas del sector de tercera base.

En ese momento había entrado Luis Enrique Calderón, imitando a Alemán, y de un lado alguna gente miraba al humorista, pero la gran mayoría miraba el pleito de los luchadores.

Las entradas de Luis Enrique también fueron criticadas porque fueron una sorpresa. Irrumpió en el campo, por ejemplo, cuando estaban practicando una danza. Debieron suspenderla y darle lugar. Después de los chistes del humorista la danza volvió a empezar, mientras la gente decía: “¡Arnoldo, mejor andate!”

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