Niels Ketelhöhn
Quienes se oponen al DR-Cafta, tal vez con las mejores intenciones, están deteniendo el progreso de Nicaragua. La noción de que para proteger a los pobres hay que oponerse a la liberalización del comercio, es errada por varias razones.
Primero, el DR-Cafta representa una oportunidad para que las empresas nicaragüenses (pequeñas, medianas, y grandes) crezcan al aprovechar el mercado más grande del mundo. La única forma de combatir la pobreza en forma sostenible es creando riqueza, y la única forma de crear riqueza es a través de empresas exitosas, rentables, y con potencial de crecimiento. El Tratado de Libre Comercio con EE.UU. crea oportunidades especialmente importantes para las industrias de textil-vestuario, maní, lácteos, azúcar y carne de res, para las cuales se obtuvo cuotas de acceso por encima de las obtenidas por los demás países centroamericanos. También son importantes las oportunidades para todos los productos no-tradicionales y los bienes industriales.
Una de las organizaciones que está aprovechando la posibilidad de exportar hacia EE.UU. es Verbo, un orfanato fundado en 1980 que alberga 80 niños y que está situado en Veracruz, Masaya. Después de vender sólo tres mil dólares en productos agrícolas en el mercado nacional en el año 2003, lograron exportar 120 mil dólares de calabaza orgánica en el año 2004, sembrando las mismas 15 manzanas que tienen a su disposición. Como consecuencia de este crecimiento, Verbo emplea ahora a 30 personas a tiempo completo (en lugar de cinco en el 2003) a quienes les ha aumentado el salario en 28 por ciento. Obviamente, el aumento en el superávit permite que la institución cumpla más efectivamente su labor social.
Segundo, el DR-Cafta crea empleo formal inmediato, que es la mayor preocupación de la población nicaragüense. El Tratado de Libre Comercio nos permitirá posicionarnos como una plataforma desde la cual compañías nacionales y extranjeras pueden operar para exportar al mercado estadounidense. Con sólo la expectativa de la aprobación de DR-Cafta, ProNicaragua ha recibido en el último mes una cantidad récord de “scouts” de multinacionales investigando el atractivo de Nicaragua como destino de inversión.
Los efectos positivos de estas inversiones están ejemplificados con la experiencia de Arelí Orozco. En 1998 inició sus labores como operaria en una empresa de confección en la zona franca de Masaya. Desde entonces, por su dedicación y productividad, fue ascendida a inspectora, supervisora de personal, y jefa de área de producción. Actualmente es responsable de reclutamiento en otra empresa, en donde devenga un salario 23 veces mayor a su salario de 1998. Historias parecidas son comunes entre las 72 mil personas que hoy trabajan en las zonas francas.
Tercero. El Tratado de Libre Comercio con EE.UU. protege a los rubros más sensibles de la economía (maíz, arroz, frijoles, lácteos, cebollas, sorgo, pollo, carne de res y carne de cerdo). Hay tres niveles de protección para estas industrias: cuotas de acceso que limitan las importaciones libres de impuestos en estos rubros, calendarios de desgravación lentos (hasta de 20 años), y salvaguardas que permiten el restablecimiento de los aranceles originales en casos de importaciones excesivas. Esta sombrilla de protección deja que los nicaragüenses manejemos la globalización, en lugar de que nos arrolle como un tsunami.
Por supuesto que para aprovechar la oportunidad que representa el DR-Cafta se requiere de una agenda nacional que aumente la competitividad. La llamo “nacional” porque involucra el esfuerzo conjunto de todos los poderes del Estado, del sector privado, de las universidades y ONG. Sería un error suponer que el DR-Cafta por sí solo, sin una transformación de base, nos hará prosperar. Sería el equivalente a que Denis Martínez no hubiera intensificado sus entrenamientos cuando supo que iba a jugar a las grandes ligas.
El DR-Cafta es el siguiente paso en la evolución natural histórica del comercio internacional de Centroamérica. Nicaragua fue el primer país de la región en firmar el GATT en los cincuenta, y desde entonces ha experimentado un proceso paulatino en el que se han firmado varios tratados de libre comercio y de trato preferencial, se han disminuido los aranceles, y ha aumentado la importancia del comercio internacional. Debemos dar el siguiente paso, sobre todo porque Guatemala, El Salvador y Honduras ya lo dieron, y corremos el riesgo de quedarnos atrás una vez más. En una era en la que China y Vietnam, los contrincantes comunistas de antaño de EE.UU., buscan desesperadamente formas de ampliar el comercio con ese país, nosotros no podemos perder esta oportunidad para progresar.
En síntesis, en nombre de los pobres, les digo a los opositores del DR-Cafta: “No me ayude compadre!”
El autor es profesor del INCAE.