Eduardo Enríquez
Es muy fácil decir que el Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos (DR-Cafta en inglés) es malo y que no hay que aprobarlo. Eso es chiche.
La pregunta que a mí me gusta hacerle a los que están en contra es: si no es el DR-Cafta, ¿entonces qué?
Porque nadie puede negar el nivel de pobreza del país. Tampoco nadie puede negar que la única manera de generar riqueza es produciendo y vendiendo. Y por último, que para que esa riqueza generada sea “sostenida y sostenible”, como a muchos les gusta decir, es necesario que se invierta en la educación y la salud de la población para que su nivel de vida suba.
Pero las cosas deben comenzar por el principio, y lo primero es abrir las puertas de un mercado al que hasta los chinos continentales, recalcitrantes comunistas y autoritarios como son, quieren llegar.
¿Alternativas a eso? El Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, propone fomentar el comercio entre los latinoamericanos. Pero eso no es más que limitarse a vender entre los pobres, un mercado que tarde o temprano se va a saturar, además, ¿qué nos vamos a vender si todos producimos lo mismo, o si esos productos se pueden encontrar más baratos en otros mercados?
Otra opción es venderle a los europeos que tienen casi tanto dinero como los norteamericanos. Eso tiene un poquito más de sentido, pero si ya estamos claros de que la respuesta está en el intercambio comercial ¿por qué desperdiciar a ese gigantesco mercado norteamericano que está a un paso de nosotros?
Ahora, el DR-Cafta no es garantía para nadie. Lo único seguro es que las personas con inteligencia y decisión tendrán la oportunidad de sacar ventaja de él, pero si vamos con la mentalidad de que debe haber “garantías” para esto y “garantías” para aquello, ya vamos mal.
El mismo tratado contempla ya algunas “salvaguardas” para productos sensibles como el maíz, que probablemente no sea capaz de resistir la embestida del maíz norteamericano, pero los productores de maíz van a tener 18 años de protección para poder hacer los ajustes necesarios.
Y quedemos claros que esa protección significa que los nicaragüenses estaremos pagando un maíz más caro porque simplemente eso tiene más sentido como nación que lanzar de buenas a primeras al abandono a miles de productores.
Entonces hay que ver el DR-Cafta como lo que es, una herramienta de transacción que va a permitirle a la región proyectarse como una plataforma de exportación y una oportunidad para nuestros productores de penetrar el mercado de Estados Unidos.
Eso, para los más audaces y los más agresivos, significa oportunidad de crear riqueza. Mientras los que sigan esperanzados en que les caiga el maná del cielo, con DR-Cafta o sin él, están perdidos.