Con el DR-Cafta aprobado…

Antonio Lacayo

La situación económica de Nicaragua pasa en estos meses por una etapa de profundas implicaciones para el futuro del país. En los últimos 15 años los nicaragüenses hemos logrado insertarnos en el mundo global, pagando enormes costos por los ajustes económicos que se tuvieron que hacer para sacar al país de la postración en que quedó tras la caída del sandinismo en 1990.

En estos 15 años nuestras exportaciones han crecido, así como la economía y los empleos en algunos sectores, aunque a ritmos que a todos nos han dejado insatisfechos.

Por eso urge ahora saltar hacia delante, tomando ventaja de la plataforma que con tanto costo se ha construido, y de las oportunidades que nos abrirá el DR-Cafta recién aprobado por Estados Unidos, si somos capaces de enfrentarlo con la determinación de sacarle todo el provecho que ofrece.

Es cierto que el DR-Cafta traerá costos asociados, los que como sociedad deberemos enfrentar con la creatividad que nos ha caracterizado en muchas ocasiones, y para ello lo mejor será afrontarlo unidos, como una sola familia, conscientes de que toda otra forma de hacerlo sólo nos traerá mayores frustraciones.

El DR-Cafta debe ser visto como una oportunidad, la que nos exige una serie de acciones que no pueden seguir postergándose, y que deben pasar a ser el centro de las decisiones de las instituciones del Estado.

Me refiero a la urgente necesidad de garantizar la educación primaria a todos los niños y niñas del país, así como su nutrición durante los primeros años, lo que debe ser prioridad número uno en los presupuestos nacionales, junto a las carreras técnicas para los miles de jóvenes que se esfuerzan por entrar cada año al mercado laboral que ahora podrá absorber gran parte de ellos.

Me refiero también a la infraestructura básica, la energía hidroeléctrica y todas las otras formas de energía renovable, para abaratar su costo a los caminos de penetración hacia las zonas más productivas de productos tradicionales y no tradicionales, al suministro de agua potable a todos los centros urbanos del país, y otras urgencias nacionales ampliamente conocidas.

Pero tan importante como ello, me refiero también a la necesidad de un entendimiento nacional compartido por los distintos liderazgos nacionales para enfrentar nuestro desarrollo a base de lo único viable por ahora: la atracción de la inversión de nacionales y extranjeros que venga a contribuir a esta magna tarea del desarrollo con nuevas industrias y empresas productivas, generadoras de empleo y exportaciones para dinamizar nuestra economía y hacerla crecer a niveles de ocho por ciento cada año.

No existe gobierno ni partido político alguno que pueda enfrentar solo esta tarea. Esto es de todos, junto a la Comunidad Internacional. Nicaragua no tiene los recursos financieros para progresar solos. Lo sabemos desde que nuestros gobiernos comenzaron a gestionar la ayuda externa en los ochenta, lo que se ha convertido en el bastón sin el cual no habríamos podido ni siquiera llegar adonde hemos llegado.

Pero esta misma cooperación internacional viene demandando desde hace buen tiempo este entendimiento nacional. Dejar esa demanda a un lado, o dejar descarrilado el acuerdo con el FMI, o rechazar el DR-Cafta, pondría en serio peligro la cooperación internacional.

Llama poderosamente la atención que mientras el Presidente de Cuba, Fidel Castro, clama a voces porque se levante el embargo impuesto a Cuba, y pueda ese país comerciar libremente con Estados Unidos, algunos simpatizantes suyos en Nicaragua piden que aquí se rechace el DR-Cafta y se promueva una suerte de autoembargo ante Estados Unidos. Da la impresión que se quiere dañar la economía, ahora que gobiernan los liberales, para aumentar el descontento del pueblo y subir así las posibilidades del FSLN de regresar al poder en las próximas elecciones.

Pero vivimos momentos en que hay que ver esta cosas con el lente de los intereses del país, los de las grandes mayorías que necesitan progresar, con una economía capaz de ofrecer mejores oportunidades de empleo y educación, mayores líneas de financiamiento a la producción, y más mercados para nuestros productos, todo lo cual tendría un mejor futuro con el DR-Cafta que alejados del mayor mercado del mundo de hoy, los Estados Unidos.

Los diputados tienen una gran responsabilidad: enfrentar a lo inmediato la decisión que implica el DR-Cafta, votando sí. En Nicaragua, votar no, o posponer su aprobación, sería una irresponsabilidad, por la cual, sin duda, los votantes los harían responsables a ellos y a sus partidos políticos. Sólo unidos al mundo desarrollado, produciendo y exportando más, vamos a alcanzar el bienestar nacional que nuestro pueblo merece.

El autor es empresario, fue Ministro de la Presidencia.

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