Mabel Vásquez Orozco
En innumerables ocasiones he escuchado a don Eduardo Montealegre hablar de primarias dentro del PLC. Esto no debería ser una demanda, sino un tema puntual en la agenda del Partido. Cuando Eduardo habla de primarias provoca enfurecidas reacciones en el clan arnoldista.
El jefe de la Bancada Liberal, Enrique Quiñónez, quien por cierto dista mucho de la figura de Eduardo Montealegre, es el primero en reaccionar. El mismo que en las elecciones pasadas dirigía un programa que se llamaba Fuego Cruzado, cuyo principal contenido le venía como anillo al dedo el cual era despedazar a Daniel Ortega, resulta que ahora hace un solo corazón con el descuartizado, o sea que escupió para arriba y le cayó la saliva en el rostro. En realidad el nombre más idóneo para su programa sería “Amores Perros”.
Quiñónez y compañía no son políticos y jamás lo serán, son tontos con suerte que han mantenido su estatus a base de servilismos y serruchos, pero lo más triste es que los han convertido en “decapitadores” y “negociadores”, están repartiendo lo poco alcanzado por una libertad y decapitando la posibilidad. ¿Cuál será el juego sucio tras estas acciones?
Buscan y debaten en sus reuniones del CEM algo que les permita reproducir sus mediocridades en el Ejecutivo, pero postergan lo que para los liberales ya está claro. El competente para el desafío es Eduardo Montealegre, un verdadero liberal, un ciudadano con calidad moral, el único que en las filas pelecistas provoca confianza y esperanzas de cambio. ¡Liberales, de nosotros depende!