Humberto Marenco
¡Ay. mi país! ¿A quién tomó por sorpresa la decisión de la juez Roxana Zapata? Todos estamos claros por dónde anda la justicia en Nicaragua y de cómo son manejados jueces y magistrados, a conveniencias de los dos partidos políticos que ya conocemos.
Imagino a la juez Roxana Zapata tratando de conciliar el sueño, sentada en su escritorio de casa navegando sobre un mar de papeles, quizá tomando algo de café. La veo llevarse las manos a la cabeza a la altura de la frente rebatiéndose sagazmente el rostro, consultando libros y apuntes personales, repasando revés y derecho el Código Penal para resolver el caso que tiene en sus manos. Ahí está, ahora toma aire con la vista al cielo raso y los sentidos mucho más allá, saca todo el dióxido de carbono de sus pulmones y parece haber encontrado la sabia decisión: “Sí. A fin de cuentas todos vivimos presos en una superficie de 510 millones de kilómetros cuadrados de un globo llamado Tierra. Confinar al doctor Alemán a vivir ‘privado de libertad’ en los 3,465 kilómetros cuadrados de Managua es una total y soberana grosería… y un suficiente castigo…”