Mientras unos se dedican a las labores agrícolas, otros están pendientes de defenderse a punto de pistola.

Mulukukú resuelve sus problemas a balazos

Luis Alemán [email protected] El uso de las armas de fuego como medio para enfrentar la actividad delincuencial, lejos de solucionar el problema de la inseguridad, lo ha incrementado. En Mulukukú, como promedio a la semana se registra una persona muerta o lesionada por delincuentes o el uso indebido de las armas de fuego en manos […]

Luis Alemán [email protected]

El uso de las armas de fuego como medio para enfrentar la actividad delincuencial, lejos de solucionar el problema de la inseguridad, lo ha incrementado. En Mulukukú, como promedio a la semana se registra una persona muerta o lesionada por delincuentes o el uso indebido de las armas de fuego en manos de la población civil

Cuando dos armados con fusiles AK le salieron al frente interceptándole el paso, Matilde Jarquín Chávez, productor de la comarca Baká número cinco, en el municipio de Mulukukú, no dudó un segundo en disparar su viejo revólver calibre 38.

Si no hubiera hecho eso, seguramente estaría muerto o, en el mejor de los casos, le hubieran robado el dinero que ese día recolectó de la venta de leche que produce su pequeña finca.

Después de eso Jarquín Chávez decidió comprar una escopeta. “Yo no la quiero para modelar ni por lujo, es que tengo que defender mi propiedad y mi familia”, argumentó.

Matilde está claro que garantizar la seguridad de los ciudadanos es papel de la Policía, pero también reconoce que esa institución en el municipio de Mulukukú, tiene grandes dificultades. “De aquí a que baje a poner la denuncia, que los policías consigan en qué ir hasta mi finca, ya mataron a mi familia”, asegura.

Pero no sólo don Matilde ha decidido armarse para garantizar su seguridad. Para los habitantes del municipio de Mulukukú, el arma se ha convertido en una necesidad, hecho que la Policía misma no puede ocultar.

Pero en vez de solucionar el problema de la seguridad comprando un arma, lo que ha ocurrido es que la inseguridad se ha profundizado.

Según estadísticas del puesto de salud del municipio, como promedio a la semana se registra una persona muerta por arma de fuego, el número de lesionados es mayor.

La cantidad de armas de fuego en manos de civiles es un serio problema en ese municipio de reciente formación. Ana Cecilia Urbina Treminio, vicealcaldesa de Mulukukú, asegura que eso es sólo una parte del problema global de la inseguridad ciudadana.

Reconoce que la población está doblemente amenazada tanto por los civiles que portan armas supuestamente para defenderse, como por la delincuencia que opera impunemente por no existir una respuesta inmediata de la Policía Nacional.

“Una señora resultó lesionada por las balas que dispararon unos hombres en estado de ebriedad que estaban en una cantina”, comenta el doctor Marcos Blandón, director del puesto médico de Mulukukú.

La sede policial del poblado tiene nueve policías, pero en realidad sólo hay siete, debido a que dos agentes siempre están de descanso en cumplimiento al programa de vacaciones que es rotativo.

Un informe preliminar del censo realizado por el INEC en Mulukukú, señala que la población del municipio alcanza los 30,000 habitantes. Según estadísticas de la Policía Nacional, esa institución tiene 12 policías por cada 10,000 habitantes, con relación a otros países de Centro América. Eso significa que Mulukukú debería tener 36 agentes, evidentemente no es así.

Pero el problema aún es más grave. La delegación policial no tiene patrullas, hay una sola motocicleta que generalmente está sin combustible, y los agentes cuando van a cubrir un caso que se registra en el pueblo más cercano deben hacerlo a pie.

“Tienen razón los productores, pero esas son las condiciones que tenemos”, reconoce el inspector Alfredo Ruiz, jefe de la Policía de Mulukukú, quien asegura que a pesar de las limitaciones, la institución policial hace muchos esfuerzos para esclarecer los hechos relevantes que se presentan.

Al problema de la seguridad le son inherentes otros males como el excesivo consumo de licor y la prostitución, temas que traen como consecuencia los pleitos callejeros, lesiones con arma blanca y la violencia intrafamiliar.

“Ya ebrios agreden a sus mujeres o arman unos pleitos”, afirma el padre Carmelo Carrato, párroco del pueblo, quien lamenta que desde que comienzan las primeras casas del municipio hasta las últimas sobre la carretera a Siuna, están llenas de cantinas.

El padre Carrato va más allá del problema del licor, el consumo de droga ha comenzado a manifestarse en este poblado.

Recuerda que Mulukukú es un municipio de tránsito hacia la Costa Atlántica y por ahí no sólo pasan los productos que se comercializan en la zona, sino también la droga, “algo debe quedarse”, comenta.

El doctor Marcos Blandón, director del puesto de salud de Mulukukú, coincide con el padre Carrato. “Cada dos casas usted encuentra una cantina que está abierta todo el día”, afirma.

Sobre la calle principal del municipio que a su vez es el pase hacia el territorio de Atlántico Norte, hay varias casas en construcción. “Parece que el pueblo está en pleno desarrollo, pero le aseguro que son salones (bares) los que están construyéndose, hay mucho consumo de licor y eso genera violencia en la familia y entre los vecinos”, asegura Blandón.

El padre Carrato cuenta preocupado que otro mal en Mulukukú es la prostitución, que a su criterio está creciendo. En el interior de cada bar o cantina se pueden apreciar jóvenes, incluso adolescentes, quienes cumplen la doble función de servir al cliente pero también ofrecer su cuerpo.

ARMAS RECUPERADAS

Para la Policía de Mulukukú, la recuperación de un viejo fusil Galil y dos revólveres es un éxito dentro del plan de control de armas que impulsa esa institución en todo el país.

En Mulukukú la Policía ocupó un Galil a dos supuestos delincuentes que se movilizaban en la comunidad Los Valdés, ubicada al norte de la cabecera municipal, cerca de la comunidad Baká Uno.

Los delincuentes fueron sorprendidos por dos policías voluntarios, produciéndose un ligero intercambio de disparos que dejó como resultado que los armados huyeran y dejaran abandonado el arma.

Los dos revólveres fueron ocupados a dos ciudadanos, que ebrios disparaban por todo el pueblo.

MAYOR INTERÉS ESTATAL

La vicealcaldesa Ana Celia Treminio considera que el Estado debe ver con más interés al nuevo municipio, y en esto coincide con el jefe policial.

“Aquí no tenemos juzgado ni delegaciones estatales que contribuyan a fortalecer la estructura de un municipio”, afirma Treminio, quien está segura de que la presencia de las delegaciones estatales en el municipio contribuiría a que la población tenga una mejor visión de su municipio.

Para Francisco Vásquez, director del Instituto Autónomo de Mulukukú, la población tendrá mayor confianza y seguridad en sus autoridades cuando exista una verdadera estructura municipal. “No hay confianza, la gente no tiene seguridad”, asegura.

No hay quien aplique las leyes. Según la vicealcaldesa, hay una especie de anarquía. “Los madereros no piden permiso para cortar los árboles ni a los dueños, menos a la Alcaldía, el Concejo resolvió controlar el despale aplicando un permiso, pero nadie quiere pagar y más bien hasta agreden a nuestros inspectores”, asegura.

TAREA DE TODOS

Para el inspector Alfredo Ruiz, jefe policial del municipio de Mulukukú, solucionar el problema de la inseguridad es tarea de todos. “Tenemos planes operativos contra la delincuencia y la tenencia de armas ilegales, pero también hacemos llamados a quienes tienen armas legales para que reflexionen sobre la necesidad de hacer un uso responsable y evitar que nuestro municipio viva inseguro”, afirma.

La Policía no tiene estadísticas sobre la cantidad de armas ilegales que hay en el municipio, tampoco tiene listado de la cantidad de armas legales que están en manos principalmente de pequeños, medianos y grandes productores que las usan para su autodefensa.

“Las gestiones para la legalización de un arma son hechas en el municipio de Siuna”, explica el inspector Alfredo Ruiz, quizás por esa razón se desconoce el número de armas.

La delegación policial de Mulukukú, antes de que fuera declarado municipio, estaba bajo la jurisdicción de la Policía de Siuna; aún ahora, los casos relevantes son investigados y enviados a 270 kilómetros, hasta Siuna.

ALCALDE AUXILIAR MUERE EN ENFRENTAMIENTO

El pasado 14 de junio, el alcalde auxiliar del municipio de Mulukukú, Julio Rugama Campos, de 40 años, murió en un enfrentamiento con un grupo de armados que habían secuestrado al hijo de un productor de la comunidad conocida como Sislao, a escasos 30 kilómetros de Mulukukú.

Cuando la Policía llegó al lugar, Rugama Campos había muerto y según la vicealcaldesa, Ana Celia Treminio, el armado que la Policía logró capturar fue porque éste se había entregado.

Pero el jefe de la Policía de Mulukukú afirma que Rugama Campos y un grupo de productores que quisieron enfrentar a los armados, no esperaron a que la Policía ejecutara un plan operativo preparado a la par de negociaciones que se mantenía con los armados.

“Eso muestra desconfianza, como que la Policía no quiere actuar o no puede”, afirma la vicealcaldesa.

Para el padre Carmelo Carrato, la violencia no es más que la expresión que dejó entre la población el conflicto militar de los años 80.

Mulukukú fue escenario de la guerra y en su territorio funcionó una de las escuelas militares más grandes que tuvo el Ejército y en la que se formó la mayoría de jóvenes que integraron los Batallones de Lucha Irregular (BLI) que enfrentaron a la Resistencia Nicaragüense.

Delitos

El abigeato es el delito de mayor relevancia en Mulukukú. En el mes de junio recién pasado, se registraron 13 robos de ganado, de ellos sólo seis se pudieron esclarecer, con la recuperación de varios animales. Otro delito de mayor relevancia es el robo con intimidación, principalmente a los camiones cargados de mercadería y a los buses, según información de la Policía en Mulukukú.

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