- En la región de Centroamérica y República Dominicana cerca de 20 millones de personas están desempleadas, según cifras de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), y eso que aceptan que las cifras están subregistradas, es decir que hay más desempleados
Amparo Aguilera Iríaseconomí[email protected]
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TEGUCIGALPA, HONDURAS.- Encontrar un empleo que por lo menos cubra las necesidades básicas de una familia de cinco a seis miembros, en cualquier punto de Centroamérica, Panamá o República Dominicana, en estos momentos es tan difícil como su integración política y comercial.
“Sencillamente no los hay”, reitera Amanda Villatoro, secretaria política de la Organización Regional Interamericana de Trabajadores.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) también lo reconoce. Incluso los países que participarán en la Cumbre de las Américas, que acontecerá a finales del año en Mar de Plata, Argentina, lo admiten al punto que han decidido que el tema del empleo y la democracia rijan al encuentro.
Daniel Martínez, director regional de la OIT para las Américas, revela que el desempleo regional a la fecha alcanza una tasa del 10.5 por ciento, lo que equivale a 19.5 millones de trabajadores urbanos sin empleo. Algo menor a la cuantificada en el 2003 donde se registró una tasa del 11. 1 por ciento.
“Pero hablamos del desempleo registrado por los gobiernos de la subregión, pues hay que tomar en cuenta que hay un subregistro especialmente en las zonas rurales”, indica el funcionario a LA PRENSA. Aunque de cualquier manera, sostiene que la “situación es gravísima”.
“Porque la falta de un empleo obviamente está incidiendo en que haya más pobreza (reflejada en 27.5 millones de personas). Además el hecho preocupa porque se ve una afectación (de desempleo) muy significativa en el sector de las mujeres y los jóvenes”, comenta.
Según las estadísticas de la entidad descrita, el primer grupo representa casi la mitad de desempleados. Mientras el segundo acapara el 46 por ciento. El resto corresponde a hombres más adultos.
“EDUCADOS” AFECTADOS
Por otro lado los datos registran el hecho de que los desocupados no son necesariamente analfabetas. Una buena parte cuenta con una primaria o secundaria completa y hasta con educación superior, es decir universitaria.
Aunque para el economista Leonardo Garnier, esto se debe en parte a que los “más educados” pueden darse el lujo del desempleo. “Lo que quiero decir es que pueden y suelen esperar por un empleo acorde a sus conocimientos y a sus demandas”, comenta en sus propuestas.
“Por el contrario, la gente más pobre y de menor educación no puede hacerlo porque se ocupan de generar cualquier ingreso que contribuya a la subsistencia suya y a la de sus familiares. En otras palabras consiguen ocupaciones de baja o nula productividad, que sólo generan una mínima transferencia de recursos hacia estas personas, que en realidad son más desempleadas que las desempleadas”, apunta el especialista.
No obstante también admite que en lo anterior influye la oferta y demanda del mercado laboral regional.
“Puesto que entre más bajo nivel educativo de la población general, se agregan pocos empleos de calidad. Eso se nota en seis de los siete países, ya que en Costa Rica el hecho se revierte, a como bien lo explica Juan Diego Trejos (otro experto en el tema), al contar el país con una estructura productiva más diversificada. A diferencia de otras naciones como Nicaragua”, señala.
EMPLEO “PRECARIO”
Sin embargo eso no quiere decir que el empleo en el vecino país como en el resto de Centroamérica, Panamá y República Dominicana llene las expectativas. Según la OIT el empleo existente es “precario”.
“Vemos que no garantiza el bienestar de la familia, ni asegura protecciones laborales o protecciones sociales. En la actualidad tenemos una tasa de desempleo similar a la de 1998, pero además contamos con ingresos pobres, y una informalidad creciente”, señala Virgilio Levaggi, director regional adjunto de la OIT para las Américas.
“Por ejemplo de cada 10 nuevos asalariados, sólo seis tienen acceso a algún servicio de protección social. Pero esto se agrava en el sector de la informalidad, pues de cada 10 nuevos asalariados informales, sólo dos cuentan con algún tipo de protección social. En otras palabras la gente está más desprotegida”, especifica.
En cuanto a los ingresos, Garnier refiere que en Nicaragua, por ejemplo, el salario mínimo más bajo que se puede pagar es de 29 dólares. Mientras el ingreso laboral, de la ocupación principal, promedio es de 129.9 dólares.
En tanto en Honduras el salario mínimo es de 60.4 dólares y el ingreso promedio, de 167.1 dólares. Guatemala sigue la tendencia con un salario mínimo de 87 dólares y un ingreso promedio, según ocupación principal, de 178.8 dólares.
República Dominicana, mientras tanto, registra un mínimo de 57.2 dólares y un ingreso promedio de 202 dólares.
En El Salvador, por otra parte, se contabiliza un salario mínimo de 53.5 dólares y un ingreso promedio de 232.2 dólares. Pero en Costa Rica y Panamá el panorama es mejor.
En el primero el salario mínimo que se puede pagar es de 179 dólares y el ingreso promedio de 381 dólares. En el segundo, en cambio, el salario mínimo es de 142 dólares y el ingreso promedio de 428.5 dólares.
GENTE ESTRESADA
A esto se suma el estrés que hay en la población latinoamericana de perder el empleo que se tiene, por “precario” que sea.
“La gente está cada día más preocupada de quedar desempleada en los próximos doce meses. Según lo demuestra una de las últimas encuestas de latino barómetro, donde el 76 por ciento de los entrevistados señala que no tienen la certeza de lo que hoy está haciendo, lo sigan haciendo dentro de un año”, indica.
Tanto Martínez como Levaggi coinciden en que para revertir las cosas los gobiernos deberían de introducir en sus políticas macroeconómicas, una política de empleo que sea “decente”. Es decir que procure calidad de vida, asegure protección laboral y social.
“Vemos bien que los gobiernos se preocupen por la estabilidad de precios, por reducir el déficit fiscal o mantener las reservas. Pero hacerlo a costa del sacrificio de la gente, tampoco es viable”, sostiene Levaggi.
“A nuestro criterio —añade Martínez— se deben vincular a lo macro, política y microeconómicas. Es decir inversión en infraestructura productiva, en formación profesional, en innovación tecnológica, en créditos a la pequeña y mediana empresa, es decir en todo un conjunto de medidas de cara a la generación de empleos dignos”. Aunque reconoce que ya eso dependerá de los mandatarios de la región.
“Como OIT tenemos la intención de presentar este tipo de propuestas, pero eso sí, serán los gobiernos quienes decidirán si las asumen y las aplican en sus países. Nosotros confiamos en que así sea”, puntualiza recordando que al menos la Cumbre de Presidentes, que aconteció a finales de la semana pasada en la capital hondureña, así lo dejó ver.
CARDENAL CLAMA EMPLEOS DIGNOS
El cardenal hondureño Oscar Rodríguez Maradiaga admitió que en Centroamérica, República Dominicana y Panamá, como en el resto del mundo, urgen empleos dignos que de paso reduzcan los índices de trabajo infantil.
“Necesitamos ir reduciendo la brecha que hay entre ricos y pobres. Hay que recordar que está el encuentro del 68, viene el de la ONU y de la OMC (Cumbre de Doha en diciembre) donde se discuten políticas internacionales comerciales, que también inciden en que haya más o menos desigualdad”, comentó.
“¿Por qué las grandes economías no pueden hacer un esfuerzo? Nosotros no necesitamos más préstamos para seguirlos pagando con intereses por años y años, necesitamos ayuda para el desarrollo”, confió.
“En realidad en la lucha contra la pobreza extrema (donde 1,200 millones de personas viven con un dólar o menos al día), hambre, enfermedad … debe realizarse un cambio sustancial”, sostuvo.
“Es decir hace falta que los países cumplan con sus compromisos adquiridos (que incluye la generación de empleo), que rindan cuentas a la ciudadanía y tomen medidas decisivas en el ámbito de la ayuda, de la reducción y condonación de la deuda, aranceles de comercio justo que apuesten por una cooperación multilateral que impulse un desarrollo humano justo y sostenible de los países pobres, que deben ser corresponsables de su propio desarrollo”, reiteró celebrando los pasos encaminados hacia una política de empleo “decente”.
LA PROPUESTA
En días recientes los trabajadores, empleadores y ministros de Trabajo de Centroamérica, República Dominicana y Panamá, acordaron enfocarse en una política de empleo “decente”. Es decir que procure calidad de vida y asegure protección laboral y social.
“En otras palabras nos referimos, entre otras cosas, a educación, capacitaciones, fortalecimiento a los ministerios del Trabajo, a una inversión productiva que genere mejores ingresos y protección sociolaboral a la gente, a la reducción del trabajo esclavo y a la eliminación del trabajo infantil”, dijo a LA PRENSA Fernando Trejos, presidente pro tempore del Consejo de Ministros del Trabajo de Centroamérica, Panamá y República Dominicana.
Sin embargo Humberto Villasmil, especialista en legislación laboral en la OIT, aclara que la declaración no es vinculante, es decir puede o no ser validada por los gobiernos.
“Pero tiene un enorme efecto político e institucional y ya es un primer paso consensuado entre sectores incidentes en la economía de nuestros países”, indica.
Enrique Bolaños, Presidente de la República, en la clausura de la Cumbre de Presidentes que aconteció recientemente en Honduras, se comprometió a echarla a andar. Al igual que el sector privado y trabajadores de la región.
Al respecto Gerardina González, directora subregional de la OIT, indicó que ya se creó un grupo de alto nivel para darle seguimiento a la declaración. “Este grupo será operativo hasta crear la estructura subregional (integrada por gobierno, empleadores y trabajadores). No obstante ya estamos desarrollando proyectos de cooperación técnica, para materializar el documento, que someteremos a consideración de los organismos donantes”, puntualizó la funcionaria tras indicar que lo último tomará unos seis meses. Aunque aplicarlo llevará de cinco a diez años.
CRECIMIENTO SIN EMPLEO
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) admite que en Centroamérica, República Dominicana y Panamá, al igual que el resto de América Latina, se está dando un crecimiento económico sin empleo. “En el 2004 la economía creció a un ritmo del cinco por ciento, teniendo con ello la mayor tasa de crecimiento desde 1985, y este año podría crecer en un 4.1 por ciento. Sin embargo seguimos contando con una tasa de desempleo similar a la de los años noventa”, refiere Virgilio Levaggi, director regional adjunto de la OIT para las Américas.