ACAN-EFE
TEGUCIGALPA.- El Comisionado de los Derechos Humanos en Honduras, Ramón Custodio, cuestionó ayer las políticas represivas de los gobiernos centroamericanos contra la juventud en el marco del clima de violencia en la región.
Custodio, también presidente del Consejo Centroamericano de Procuradores de Derechos Humanos, exhortó a los gobiernos de la región “para que prioricen el desarrollo de políticas de prevención de la delincuencia juvenil en lugar de políticas represivas”.
“Insto a los gobernantes del área a que establezcan acciones e iniciativas tendentes a evitar la violencia contra los niños, niñas y adolescentes, tanto en situaciones de conflicto interno como en la cotidianeidad”, expresó.
Custodio dijo a periodistas que en Centroamérica persiste una visión represiva hacia los niños y jóvenes manifestada a través del endurecimiento de las leyes penales, que se aplican “sin tomar en cuenta los problemas estructurales que causan que los menores cometan delitos”.
“Los miembros del Consejo Centroamericano de Procuradores de Derechos Humanos coincidimos en reconocer la deficiente atención que los Estados centroamericanos han brindado a los niños, niñas y adolescentes en las últimas décadas”, expresó.
Esta situación, agregó, “ha generado en los jóvenes un marco de pobreza, carente de oportunidades, que les permita dignificarse a través del respeto y de una realización propia”.
Por tal razón, indicó, consideramos que los gobiernos centroamericanos “deben implementar y desarrollar adecuadamente, a través de políticas públicas y de una inversión social apropiada, planes, programas y proyectos que tiendan al fortalecimiento de la familia como núcleo social”.
Los presidentes de Centroamérica acordaron el jueves en una cumbre que celebraron en Honduras, medidas para combatir a las pandillas que operan en la región, entre ellas la creación en El Salvador de una base de datos para el intercambio de información sobre estos grupos.
Decenas de miles de miembros de las llamadas Mara Salvatrucha (MS) y Mara 18 (M-18), con nexos en Estados Unidos, que llevan la cabeza rapada, tatuajes y ropa holgada, han sembrado el terror con asesinatos, asaltos y otros delitos, sobre todo en ciudades de Guatemala, El Salvador y Honduras.