AFP
TEHERAN.- El laico ultraconservador Mahmud Ahmadinejad ganaba la presidencial iraní con más de un 60% de votos a su favor cuando se habían computado unos 13 millones de votos, indicaron la noche del viernes al sábado de fuentes cercanas al recuento.
Ahmadinejad sumaba 7.847 millones de los 12.856 millones de votos computados, indicaron las fuentes.
Un colaborador del religioso moderado y contrincante, Akbar Hashemi Rafsanyani, admitió la derrota ante Ahmadinejad al declarar a la AFP: “Se acabó”.
Según las primeras indicaciones, 22 millones de iraníes votaron este viernes, indicaron fuentes cercanas al recuento. Esa cifra representaría un 47% de electores.
Casi 47 millones de iraníes estaban habilitados para elegir entre el pragmático ex presidente Akbar Hashemi Rafsanyani y el alcalde conservador de Teherán, Mahmud Ahmadinejad.
Hacia las 23H00 locales (13H30 en Managua), tras cinco prórrogas, las oficinas de votación recibieron la orden de cerrar una vez que los últimos electores hubiesen votado, e iniciar el recuento de votos, informó el Ministerio del Interior, que agregó que el cómputo ya había comenzado en algunas provincias.
El Guía Supremo iraní, ayatolá Alí Jamenei, prohibió que los partidarios de los dos candidatos participantes en la segunda vuelta de las presidenciales celebren la victoria en las calles, para evitar hechos de violencia, informó la agencia oficial Irna.
Todos los pronósticos anunciaban una competencia codo a codo en esta elección, que se desarrolló bajo una enorme tensión. El campo de Rafsanyani denunció “enormes irregularidades”, como la detención de muchos de los observadores enviados por el candidato a las oficinas de votación.
Invitado sorpresa a la segunda vuelta de las presidenciales iraníes, el ultraconservador Mahmud Ahmadinejad, de 49 años, intenta transmitir la imagen de un sencillo hombre del pueblo, pero es un duro entre los duros.
“El pueblo espera de los fundamentalistas que le sirvan”, explicó durante la campaña este representante de la nueva derecha ideológica iraní, radicalmente opuesta a la liberalización social promovida por el presidente saliente Mohamad Jatami.
Un “fundamentalista”, para Ahmadinejad, es alguien apegado a los valores islámicos y revolucionarios. Para este ex especialista del Consejo de Vigilancia, órgano de contraloría constitucional que ha obstruido sistemáticamente las reformas del gobierno de Jatami, la omnipotencia de los consejos no electivos del régimen teocrático iraní no puede ser cuestionada.
Ex oficial del ejército ideológico iraní de los Guardianes de la Revolución, este hombre menudo y seco, de mirada penetrante y cuidada barba negra, era un desconocido para el gran público hasta que llegó a la alcaldía de Teherán en mayo de 2003, beneficiado por una débil participación en las elecciones municipales.
Mientras su desafortunado rival de la segunda vuelta, el ex presidente Akbar Hashemi Rafsanyani es atacado por su presunta fortuna, este hijo de un herrero de la provincia de Semnan (norte) cultiva una imagen de hombre sencillo.
Se muestra con traje de barrendero, circula en un automóvil barato y se precia de no utilizar la infraestructura municipal para su campaña, aunque el jefe de redacción del periódico municipal fue destituido tras negarse a apoyarlo. En Teherán, su prédica halla eco entre la población común, amenazada por el desempleo y la inflación, que recuerda más su acción contra los embotellamientos endémicos que las restricciones culturales, el cierre de restaurantes, el estricto código de vestimenta impuesto a los empleados municipales.
NOBEL: “COMICIOS ILEGÍTIMOS”
La Premio Nobel de la Paz iraní, Shirin Ebadi, instó a boicotear la elección presidencial iraní, y criticó duramente a Rafsanyani.
En una entrevista con la AFP, Ebadi afirmó el jueves que no votaría porque consideraba que estas elecciones no eran legítimas, y añadió que no había ninguna diferencia si ganaba cualquiera de los dos candidatos.
“Yo protesté desde el principio por esta ley electoral. Para mí, la única opción es la desobediencia civil, y eso es lo menos que podemos hacer. Los votos no son justos, porque no son libres”, protestó.