Edgard Rodríguez [email protected]
A Tito Rondón le bastaba pisar la grama del Estadio Nacional para sentirse como pez en el agua. Y aunque no lo dijo, cuando decidió marcharse a Estados Unidos lo hizo con la nostalgia de que no estaría aquí para celebrar una etapa trascendental para el beisbol.
"Viene lo que podría ser la época de oro de nuestro beisbol", solía decir, mientras hacía el recuento de los nicas en las Menores, a los que seguía con pasión de aficionado, pero juzgaba con frialdad de experto.
A la altura del 8 de septiembre del 2003, Nicaragua tenía 35 jugadores en las sucursales de Grandes Ligas. De esos 35 pinoleros, 13 estaban en EE.UU., 11 en República Dominicana y otros 11 en Venezuela.
Y aunque registros de las Ligas Mayores del beisbol señalan que sólo uno de cada cien firmados llega a las Grandes Ligas, nosotros nos hemos resistido a admitir esas cifras y hemos colocado nuestra esperanza en el esfuerzo y los deseos de estos chavalos.
De esos 35 prospectos que había al final del 2003, 17 fueron botados al año siguiente. Y la reducción ha continuado con Julio Raudez, Omar Reñazco, Aristides Sevilla y más recientemente Franklin Sánchez, mientras las nuevas incorporaciones son escasas.
De los 35 que mencioné, sólo cuatro (Mairena, Raudez, Juárez y Portobanco) subieron a un nivel más allá de Clase A. Eso representa un 11.4 por ciento. Es decir que la mayoría de nicas que se firma no pasará de Clase A.
¿Cuáles son las causas? Eso requiere un análisis serio, pero hay detalles que saltan a la vista. A menudo decimos que el jugador nica tarda en madurar y que lo hace después de los 20 años. Más bien creo que se le enseña tarde a jugar.
Los jugadores no tienen una buena base y llegan a aprender un poco a la Primera División y un poco más a la Selección Nacional. Agreguen el bajo nivel académico y ahí está otro pegón para la poca comprensión y la casi nula visión.
Aquí hay jugadores para quienes es más importante ser estrella aquí (lo que incluye ser invitado por los amigos y perseguido por las muchachas) que destacarse en las Grandes Ligas y asegurar un mejor porvenir para ellos y su familia. Claro, eso implica sacrificio.