Guillermo Dema
Mañana 12 de junio se cumple el cuarto año desde que la Organización Internacional del Trabajo encabezó la celebración del Día Mundial contra el Trabajo Infantil. La OIT lanzó el Día Mundial en 2002, como una forma de dar a conocer el problema y de poner de relieve el movimiento global tendiente a eliminarlo, especialmente en sus peores formas. Ese día sirve como agente catalizador para fortalecer el apoyo que se presta a este movimiento, cuya creciente adhesión se refleja en el número cada vez mayor de ratificaciones de los Convenios de la OIT sobre las peores formas de trabajo infantil, CIT 182, y sobre la edad mínima para la admisión al empleo, CIT 138.
Este año, bajo el lema Una carga demasiado pesada: trabajo infantil en minas y canteras, el foco de atención está dirigido a la dura y peligrosa situación de las personas menores de edad involucradas en trabajo peligroso.
La OIT estima que aproximadamente un millón de niños, niñas y adolescentes trabajan en minas artesanales y canteras alrededor del mundo. Los estudios de la organización demuestran que estos niños trabajan en algunas de las peores condiciones imaginables, haciendo frente al riesgo de morir en el trabajo o de sufrir lesiones y problemas de salud que los afectarán a lo largo de sus vidas. Tanto en minas subterráneas, como de superficie, los niños trabajan largas horas, llevan cargas pesadas, manejan explosivos, ciernen arena y piedras, se arrastran en túneles estrechos, respiran polvo dañino y trabajan dentro del agua —a menudo contaminada con peligrosos tóxicos como plomo y mercurio. Los niños y las niñas trabajan en minas de diamantes, oro y otros metales preciosos en África; de gemas y en canteras de Asia y de carbón, esmeraldas, estaño y oro en las Américas.
La región de América Central no es ajena a este problema. Niños y niñas han sido detectados, en canteras, arrastrando cargas pesadas, respirando partículas contaminantes y utilizando peligrosas herramientas y equipos para el triturado de piedras y minerales. Confinados en la oscuridad de estrechos túneles, otros niños, niñas y adolescentes centroamericanos laboran largas jornadas en minas, siendo expuestos a graves accidentes que afectan su seguridad y su salud.
La experiencia del Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC) de la OIT en proyectos piloto en Bolivia, Colombia, Ecuador, Guatemala, Mongolia, Nicaragua, Níger, Perú y Tanzania, demuestra que es posible eliminar el trabajo peligroso que realizan los niños y las niñas, ayudando a las comunidades a adquirir derechos legales, organizarse en cooperativas u otras unidades productivas, mejorar la salud y seguridad en el trabajo y la productividad de los trabajadores adultos y asegurar servicios esenciales en estas comunidades.
Este año se espera que las organizaciones locales y nacionales y los grupos de niños, niñas y adolescentes se unan a los esfuerzos de la OIT alrededor del mundo para reclamar el retiro inmediato de los niños, niñas y adolescentes que están trabajando en las minas artesanales y en otros sectores de trabajo peligroso. Nos mueve una gran responsabilidad: quitar de las espaldas de la niñez una carga demasiado pesada.
El autor es coordinador subregional del Programa IPEC América Central, República Dominicana y Haití.