José Rizo Castellón
Se avecinan malos tiempos económicos para Nicaragua. A pesar de lo que se ha dicho, es muy posible que volvamos a las jornadas de racionamiento, a las tardes en las que nos alumbrábamos con velas y candiles. El aumento de tarifas y demás acciones recientemente tomadas, no son soluciones de fondo, ni permanentes.
Todo esto se da por dos razones: hay una deficiencia estructural en la producción de energía eléctrica, y no existen planes contingentes para enfrentar esa situación. Todavía no hemos oído —mucho menos visto— planes alternativos de parte de las autoridades competentes para enfrentar esa situación con determinación y tratando de evitar que la crisis energética nos golpee demasiado, afectando más dramáticamente a los que tienen menos recursos para defenderse.
La premisa más importante es: si no hay suficiente energía, Nicaragua va a dejar de ser un país productivo, eficiente, y dinámico. Vamos a empobrecernos más. Vamos a dejar de ser un país normal.
El nicaragüense es muy trabajador, y sabe acostumbrarse a tiempos difíciles. Pero los momentos que se avecinan, no podrían ser más desalentadores.
Es cierto que, desde el gobierno no se ha hecho nada por invertir en mayor oferta eléctrica. Es decir, no invertimos en producir más energía barata, limpia, y renovable. A pesar de todo, nosotros tenemos muchos volcanes, ríos, lagos, días soleados, zonas de vientos fuertes con los cuales podríamos generar casi todo tipo de energía. En más de un 80 por ciento, dependemos de los hidrocarburos para generar electricidad. Hoy los costos de producción de la misma, son los más altos, y seguirán creciendo año con año. Quien sabe si no, mes a mes.
Tampoco es tiempo para lamentarse. La pregunta es: ¿Qué vamos a hacer para salvarnos de esta situación? Las respuestas deben venir del gobierno, del sector privado, de las universidades, de cualquier ciudadano que haga aportes.
Escribo este artículo, no con el ánimo de ser alarmista. Sino con el ánimo de motivar a los nicaragüenses a actuar con prontitud, diligencia, y en una dinámica convergente y desapasionada.
Con los cortes o racionamientos diarios de energía, todos vamos sufrir de una u otra manera. Claro está, habrá personas de mayores posibilidades económicas o grandes productores o industriales con capacidad para suplir sus demandas con sus propios recursos o sus propias plantas generadoras. Pero, siempre van a gastar más de lo previsto.
Ellos estarán a salvo porque disponen de los medios para protegerse. Sin embargo, ¿cómo harán los pulperos, los que tienen ventas de carne, de leche, de queso, de productos perecederos, los dueños de pequeños restaurantes, los dueños de cines, los peluqueros, los sastres, las heladerías, los vendedores de hielo, los zapateros que manejan máquinas eléctricas, los electricistas, los soldadores, los ebanistas…?
La lista es enorme porque más de la mitad de los nicaragüenses vive y trabaja —o sobrevive— con un empleo que funciona con energía eléctrica permanente.
Si nos vamos a las grandes empresas donde los sistemas de computación son indispensables para el almacenamiento de datos, para el procesamiento de facturas, para el análisis de costos, ¿cuánto daño más no habrá?
Y si pensamos en las grandes zonas francas, las maquilas que le dan trabajo a más de cien mil personas, las pérdidas serán mayores por tres razones: 1) en primer lugar al abastecerse de energía con plantas propias, los costos fijos de producción aumentarán; 2) consecuentemente, o se trabajará menos o se despedirá a muchos empleados; y 3) al disminuir la capacidad productiva de las zonas francas, muy posiblemente, un mayor número de empresas establecidas en Nicaragua, decidirán irse de acá. Y disminuirá el número de empresarios que quieran venir a invertir a nuestra tierra. Entonces las posibilidades de crecer económicamente, van a ser más remotas y difíciles.
Este problema es de todos, porque nos afecta a todos. Y es entre todos los nicaragüenses que debemos resolverlo ya. No podemos permitir que escenarios caóticos como éste, nos quiten más esperanzas y nos llenen de mayores frustraciones. Todos podemos encontrar una solución favorable, si actuamos juntos. Las medidas unilaterales e impuestas, no son una solución. ¡Tenemos que actuar ya en la búsqueda de un consenso!
El autor es Vicepresidente de Nicaragua