Sistema de valores

Bayardo Quinto Núñez Esencialmente la democracia es un notable sistema de valores. En el quehacer de nuestra vida nacional la promoción para la democracia y la cultura de paz tiene que ir más allá de una simple declaración ocasional pública: “somos un país que vive en democracia”. Es necesario recuperar los valores de nuestra verdadera […]

Bayardo Quinto Núñez

Esencialmente la democracia es un notable sistema de valores. En el quehacer de nuestra vida nacional la promoción para la democracia y la cultura de paz tiene que ir más allá de una simple declaración ocasional pública: “somos un país que vive en democracia”.

Es necesario recuperar los valores de nuestra verdadera identidad de nación, descartando continuar oscilando entre la anarquía, el interés y la dictadura de saco y corbata. Es más viable fomentar los nuevos sujetos y no objetos de la democracia, que conlleve al arquetipo político de hacer política para la gente, el bienestar común, social y cultural.

No crean que estar haciendo leyes, organizando y dirigiendo elecciones, efectuando gestiones para la consecución de medios para el país o estar solamente dictando sentencia, es hacer democracia. Pues no. Eso es trabajar por un salario por el cual se fue contratado. Democracia es otra cosa que va más allá de esos simples cánones laborales.

El ejercicio democrático de ir a votar es la llamada democracia representativa, en la que Nicaragua se ha quedado estancada. Por ello es que no avanzamos social, cultural, política y moralmente. Para la legitimidad de la democracia es necesario contar con el consenso de toda la nación, donde se deje atrás las confrontaciones, la delincuencia política y la corrupción. Es necesario trabajar por una organización estatal y un sistema político definido.

El reto actual es dotarnos de un lenguaje político más civilizado, dialogando, conversando, escuchando la voz del pueblo como máxima sabiduría de todos los tiempos, sólo así, es posible construir la democracia nicaragüense tan anhelada. Entonces para la gobernabilidad democrática debe estar intrínsecamente vinculada a los ciudadanos como promotores y artífices de ese futuro.

Pretender instalar y desarrollar un sistema democrático en un país empobrecido, desempleado, donde no existe equilibrio de poderes, donde el imperio de la ley es la injusticia es una tarea difícil. Primero hay que limpiar la casa y después acomodar y reacomodar. Es posible que alcancemos la democracia.

Cartas al Director

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