- En Casa Alianza funciona un verdadero refugio para menores y jovencitas que han sido víctimas de las drogas, maltrato y abuso sexual
Emiliano [email protected]
Atrás quedan los malos recuerdos de una vida llena de tempestades e incertidumbres. Algunas han sido rescatadas de las calles, donde las drogas y actividades insanas casi destruyen sus vidas.
Otras han sufrido el maltrato de sus familias, han sido víctimas del abuso y acoso sexual, entre otras penas.
Pese a los momentos duros que les ha tocado vivir por diferentes circunstancias, niñas, niños y jóvenes tratan de salir adelante y olvidar el pasado, y con la ayuda de Casa Alianza tratan de rehabilitarse para emprender una vida mejor.
En el Hogar Conrad N. Hilton, edificio central de Casa Alianza, funciona un verdadero refugio donde personas, —en su mayoría menores de edad— que pensaban que sus vidas no tenían ningún valor, reciben ayuda sicológica y espiritual.
NIÑAS MADRES
Casa Alianza inauguró en el 2001 el Hogar de Niñas y Madres, donde actualmente atiende a 12 jóvenes y 12 bebés. Cada una de ellas tiene una historia que contar, pero también anhelos de triunfar en la vida. El centro está ubicado del Ministerio de Defensa dos cuadras y media al sur.
Aquí viven niñas madres de diferentes edades, a quienes se les brinda atención sicológica, así como una preparación acerca de cómo asumir la responsabilidad materna.
En el hogar se encuentra una niña de 12 años, que es madre de una pequeña de seis meses. Quedó embarazada a la edad de 11 años. En el centro recibe cariño y se le brinda terapia sicológica.
También viven dos niñas madres de 13 años, a quienes se les brinda una atención especial para ayudarles a elevar su autoestima y responsabilidad materna.
Elizama Martínez, a sus 15 años ya tiene una bebé de un año. Sus anhelos y metas son capacitarse en algún oficio para poder enfrentar la vida y salir adelante junto a su hija.
Dice sentirse un poco afligida por la lejanía de su familia, sin embargo cree que en el hogar “he podido encontrar mucho apoyo y amor de las maestras y psicólogas. En Casa Alianza me han enseñado cuánto valor tengo”, afirma.
ABISMO SIN FONDO
Lisseth del Carmen Zelaya, a sus 19 años, tiene dos hijos. Cuenta que a los 12 años empezó a consumir drogas hasta convertirse en adicta.
Dice que su vida era como un “abismo sin fondo y peor aún no encontraba la ayuda de mi madre porque en ese entonces, en vez de apoyarme más bien me pegaba”, recuerda, aunque actualmente está contenta porque su mamá la visita todos los domingos.
“En Casa Alianza yo me siento totalmente diferente. Ya no vivo para las drogas sino que vivo esforzándome para buscar como tener una mejor vida”, afirma, mientras sonríe apenada.
Lisseth actualmente recibe capacitación de costura y consejería para convertirse en una madre responsable.
LLENAS DE ESPERANZA
Karla Patricia Bustos, psicóloga del Hogar de Niñas y Madres, sostiene que en este centro hay una estructura definida para el tipo de problemas que las jóvenes enfrentan.
Asegura que las menores una vez que están en el centro pasan por un período de tratamiento que consiste en tres niveles, dependiendo del tipo de problema. Los tres niveles son: estabilidad emocional, superación de crisis e higiene.
Dentro de esos tres niveles se trabaja con un programa denominado Plan de Vida o proceso de la Niña. Dicho plan consiste en abordar el problema específico de la niña y de esa forma poder realizar en ella una rehabilitación que le permita una estabilidad emocional.
LABOR INCANSABLE
Si hay alguien que conoce muy bien de los sufrimientos y anhelos de las jóvenes y niñas, esa es Zelmira García, directora de Casa Alianza, quien desde su fundación desempeña una incansable labor a favor de la niñez desprotegida y maltratada.
“Nuestro mayor esfuerzo es que ellos se sientan protegidos, y sientan que en Casa Alianza nos preocupamos por ellos”, expresa.
Zelmira reconoce que lidiar con niños y niñas que han sido golpeados en las calles, ha sido una tarea muy dura “pero ha sido muy satisfactorio trabajar por eso, y un triunfo”, reconoce.
García afirma que aunque Casa Alianza no recibe apoyo del Gobierno ni de la empresa privada, el trabajo ha sido “muy positivo”.
Indicó que el principal reto de Casa Alianza y Covenant House de Nueva York es: “Ser un organismo número uno en proveer servicios a niños necesitados. Pero para lograr ese reto se necesitan recursos y ese es una etapa dura que estamos pasando. Pero a través de estos años nos hemos amarrado la faja hasta donde más podemos”, expresa García.
Subrayó que pese a los pocos recursos económicos, el personal que trabaja en la rehabilitación de los jóvenes, tiene mucha conciencia y dan todo su empeño por el bienestar de los jóvenes.
En el edificio central Conrad N. Hilton de Casa Alianza, residen 94 jóvenes, entre mujeres, varones y niños, que han sido rescatados de las calles, mientras otros han sido víctimas de la violencia en sus hogares. En Casa Alianza se les brinda atención sicológica, educación, alimentación y atención espiritual, así como atención médica.