Thomás Salomón Ríos Escobar
En Matagalpa, el pasado 12 de mayo, los ciudadanos convocados por el Movimiento por Nicaragua y asociaciones de la sociedad civil, incluyendo INDE, Cámara de Comercio y otras instituciones privadas, marchamos por las principales calles y avenidas de la ciudad promoviendo la paz y repudiando las asonadas, tranques, quemas de llantas y vehículos y todo tipo de barbarie que solamente promueven la muerte, hambre y destrucción, la instrumentalización de la juventud, el irrespeto y abuso de la propiedad y sobre todo el sagrado derecho de todos los nicaragüenses de circular libremente por todo el territorio nacional.
Fue algo realmente maravilloso y digno de ser imitado por todos. Muchas de las personas que participamos por primera vez en algo como esto, estamos impactados por la inmensa participación de la ciudadanía a pesar de ser un día laboral y el trauma causado por los tranques recientemente, la gente participó activa y alegremente en un clima de hermandad, orden y disciplina que vale la pena haberlo vivido, lógicamente en el mes de la Santísima Virgen María, del Espíritu Santo y de todas las madres nicaragüenses, era algo que estábamos esperando felizmente.
Esta marcha debe ser un signo de esperanza para toda Nicaragua, porque denota la ansiedad de todo el pueblo por salir del círculo maligno del irrespeto a la voluntad de todo un pueblo de salir adelante, ya que a pesar del caos institucional que vive la República, provocado por el pacto y que está condenando a Nicaragua al alejamiento de la ayuda internacional y el derrumbamiento de la economía nacional.
Todavía podemos hacer un alto en el camino y reflexionar porque estamos a tiempo de enderezar los destinos de Nicaragua por el camino de la paz, que es fruto del amor de Dios, se puede llegar a un auténtico diálogo, que no se trata de repartición de puestos y prebendas, se trata de salvar el honor y la dignidad nacional pisoteados por intereses mezquinos y egoístas que tratando de reservarse cuotas de poder los pactistas pretenden mantenernos sometidos a la voluntad de los caudillos, sin importarles para nada la buena voluntad del pueblo que desea vivir en paz, progreso y prosperidad.