Violeta Pérez [email protected]
Una vez un lector de este diario me pidió que escribiera un artículo acerca del orgullo de ser nicaragüense, lo que no consideré un tema fácil. Desde entonces, muchas ideas han llegado a mi cabeza, pero no había logrado darles forma en el texto.
Ahora, en el contexto de la crisis política y social que vivió nuestro país me atrevo a presentar a ese lector un primer borrador de su propuesta.
Ser nicaragüense debe llenarnos de orgullo porque pertenecemos a una nación que ha logrado sobrevivir dificultades y desastres, económicos y naturales. Una nación cuyo principal problema siempre han sido sus gobernantes y/o los grupos que aspiran llegar al poder.
Detrás de los conflictos y batallas que se libran en la esfera política se encuentra el verdadero tesoro de nuestro país: su gente. ¿Quién en el mundo no conoce la calidez de nuestro pueblo, y expresa que al visitar Nicaragua sintió que se le trataba como familia? ¿Quién no ha escuchado acerca de la dedicación y entrega de los nicaragüenses al trabajo que realizan, ésa que los motiva a llegar a sus lugares de trabajo en medio de una huelga de transporte, y los ha llevado a destacar en diferentes ámbitos? y ¿quién que conoce un nicaragüense en el extranjero no ha escuchado recordar su patria con nostalgia y cariño, pensando siempre en pisar su suelo una vez más?
Para sentirnos orgullosos de nuestro país y de sus ciudadanos hay que ver más allá de las minorías que se dejan manipular por los intereses políticos de otros, y más allá de los oportunistas que aprovechan la crisis para obtener beneficios particulares o desahogar algún tipo de resentimiento. Hay que llegar al ciudadano promedio, aquél que utiliza medios democráticos para manifestarse, que premia o castiga con su voto y su opinión, aquél que ama su país más que los políticos, ése que se niega a tomar partido en batallas absurdas y se avergüenza de la violencia que se vive en las calles.
La verdadera democracia debería apelar a ese ciudadano que entiende que el alza del petróleo no es un problema coyuntural, sino que afecta a todos los países, que está consciente de que las protestas y paros solamente contribuyen a deteriorar nuestra economía, y que lamenta que la imagen de Nicaragua se vea oscurecida a través de los medios.
En una rotonda de Managua se presenta la frase de un empresario: “Que los gobernantes tengan compasión por la nación”, quizás habría que agregar “Que los gobernantes y los políticos tengan compasión por la nación” y “que aprendan a amarla tanto como esos ciudadanos orgullosos de ser nicaragüenses”.
La autora es administradora de empresas.