Freddy Bonilla Torreblanca*
Por razones de índole personal, debo viajar por vía aérea con cierta frecuencia a Managua, siendo la última de ellas los primeros días del presente mes. A diferencia de otras ocasiones, en esta oportunidad se me cobró un impuesto de salida equivalente a 32 dólares, suma que me pareció exorbitante, sobre todo porque se trataba de abandonar el país.
La lógica indica que uno debe pagar impuestos al ingresar a un país extranjero, que en el caso presente fue de cinco dólares. Entonces, me parece un real desatino gravar a un turista con un cobro desmesurado. En mi país, Chile, recibimos anualmente más de un millón 500 mil turistas, y jamás se le ha ocurrido a autoridad alguna gravar con impuestos a quien abandona la nación. Muy por el contrario, tratamos que se vayan lo más grato posible para precisamente conseguir que vuelvan nuevamente. Ésa es la esencia de un país que tiene mentalidad turística.
Por conversaciones con amigos de Nicaragua entiendo que una de sus fortalezas económicas es el tema turístico, pero obviamente con este tipo de medidas desproporcionadas y carentes de raciocinio, se produce el efecto contrario. En mi caso particular, naturalmente que me deja desalentado para volver a Nicaragua.
Esta carta tiene la intención que hacer ver a las autoridades de esa nación amiga el error de proporciones que están cometiendo, ya que estas malas señales lamentablemente se propagan con extrema rapidez. No me anima otro propósito que eso, porque los países en vías de desarrollo requieren la inyección de nuevos recursos, que el turismo aporta en forma importante y que es necesario acrecentar.
* La Serena, Chile