El desgaste de la clase política engendra inestabilidad económica

Guillermo Cárdenas Montalván Después de ver cómo colapsaba el gobierno del presidente Lucio Gutiérrez, de Ecuador, producto de la inestabilidad política y económica inducida por los adversarios de la clase política del momento y observar al mismo tiempo los conflictos que generan inestabilidad en nuestro país, uno empieza a formularse muchas interrogantes sobre el futuro […]

Guillermo Cárdenas Montalván

Después de ver cómo colapsaba el gobierno del presidente Lucio Gutiérrez, de Ecuador, producto de la inestabilidad política y económica inducida por los adversarios de la clase política del momento y observar al mismo tiempo los conflictos que generan inestabilidad en nuestro país, uno empieza a formularse muchas interrogantes sobre el futuro social, político y económico de Nicaragua.

En estos días de conflictos y desavenencias políticas impulsadas por sectores que adoptan posturas partidarias asociadas al aprovechamiento de la inconformidad de la ola alcista, acabamos de tener uno de los mejores retratos de la verdadera naturaleza de nuestro ambiente político. Lo dramático es que se trata de una fotografía muy equivalente a la que dominaba en la década de los noventa, en donde la mentira y manipulación se convierten en herramientas de cohesión para agudizar los conflictos.

El irrespeto entre los poderes del Estado es lo que ha generado esta crisis que lógicamente tiene trasfondos políticos de acuerdo a las conveniencias partidarias y aspiraciones electorales de los comicios venideros. Es asombroso como la clase política nicaragüense ha llegado a extremos nunca imaginados a causa de luchas adeptas estimuladas por intereses personales, donde la esencia del trabajo político racionalizado que parte del consenso y de gestiones dirigidas a dar respuesta a la gran mayoría se está diluyendo en las voluntades compradas por la clase política más irresponsable de la historia nicaragüense.

La clase política debe ser reconocida como la organización que aprovecha de forma sistemática determinadas relaciones de poder, como la articulación de un conjunto de medios para la consecución y la preservación de éste. La clase política organiza el poder, le otorga forma estatal y viabiliza un proyecto socioeconómico como respuesta a las demandas sociales.

En este marco, la clase política de Nicaragua de forma irresponsable representa totalmente lo contrario utiliza las relaciones de poder para dañar, organiza el poder de acuerdo a la conveniencia de las cúpulas partidarias las que han demostrado una insuficiencia moral, académica e intelectual.

El juego de la democracia se basa en la búsqueda del diálogo político a fin de resolver conflictos sociales, buscando la estabilidad social en un orden universal. La democracia en sí es una respuesta a la pluralidad de la sociedad que responde supuestamente al interés del Estado de proteger a la comunidad y procurarle las condiciones mínimas de desarrollo.

Para que Nicaragua pueda resurgir de esta crisis tan profunda no bastará con cambios cosméticos en la política y la economía. La confianza interna y externa están totalmente en barrancos, lo que exige un nuevo orden político y económico para empezar de nuevo. Necesitamos cambiar la imagen de corrupción generalizada en la dirigencia política, para lo cual son necesarias reformas que aseguren que tendremos menos y mejores políticos.

El punto de fondo es que la política tiene consecuencias económicas. El problema mayúsculo está en las repercusiones económicas que tendrá el país y que lógicamente afectará en mayor medida a los más desposeídos, cada día de conflicto genera pérdidas millonarias sumándole a esto que la imagen del país se ha deteriorado demasiado, por ende será más difícil la atracción de la inversión extranjera a un país que no respeta el estado de derecho con un sistema jurídico sesgado.

Lo cierto es que no contamos con un arreglo político compatible con las necesidades y demandas de una población creciente, especialmente en cuanto a oportunidades de desarrollo y empleo. La parálisis del Ejecutivo y el secuestro de las instituciones (el Poder Legislativo en primer lugar) por parte de algunos grupos políticos, impide que fluya la inversión e impone costos tan altos al empresario que le obliga a pensar en alternativas de inversión en otros países, y, en consecuencia, cancela oportunidades de desarrollo para el país y la población nicaragüense en general.

La inacción política y legislativa, incluyendo la incapacidad del Ejecutivo por desregular amplios sectores de la economía, así como formular y ejecutar proyectos esenciales urgentes de inversión, no son sino ejemplos del desperdicio y la incompetencia que enfrentan los nicaragüenses en su actuar cotidiano. Lo anterior se puede decir también de muchas de las acciones que sí emprenden nuestros políticos, y otras tantas legislaciones no cuidadas o mal concebidas. El país atraviesa por una etapa de estancamiento, con la propensión a impedir el desarrollo de nuestro nuevo sistema político. El problema es grave y los costos se endosan a la población en su conjunto.

Por lo anterior, el conflicto es considerado como el reflejo de las contradicciones presentes en la economía social, sus resultados, positivos o no positivos para el conflicto por el cual se generó, tiene un impacto a muy corto plazo por lo que el conflicto será recurrente mientras no se instaure un orden constitucional.

Los políticos deben darse cuenta de algo y asumirlo con mucha responsabilidad; en lugar de abonar al desarrollo y a la apertura de nuevos horizontes en el mercado mundial, están desgastándose producto de sus mentiras y manipulaciones viscerales, están llevando al país al colapso económico y al aislamiento, que traerá posteriormente situaciones más difíciles las cuales trascenderán como siempre en los más pobres.

El autor es Economista

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