César Grijalva
Creo que pecaríamos de jactancia considerar que el enjuiciamiento de Alemán fue un logro positivo de nuestro proceso democrático, considerando que la justicia de nuestra nación todavía está secuestrada y en manos de personas que no tienen la probidad suficiente para tener en sus manos la responsabilidad de la administración de justicia.
Nicaragua no puede sacarle provecho a que se haya enjuiciado al ex presidente Arnoldo Alemán. Sería promover el falso orgullo. Para poder reclamar prestigio de nación civilizada y seria, con un sistema judicial respetable por su ecuanimidad, nuestro país tendría que comenzar por cambiar el zoológico de caudillos, caciques y sus adláteres que han continuado corrompiendo a la nación.
Si se diera la posibilidad remota de enjuiciar al menos a una docena de bandoleros políticos y se purgara de la función judicial del país a unos cuantos judiciales, magistrados y jueces de muy dudosa reputación con un espantoso pasado, tal vez nuestra nacionalidad empezaría a llamar la atención por gozar de un revitalizado Poder Judicial que impulsa con facilidad la justicia y la equidad, un sistema motivado por un ejército de personas rectas y de sano juicio con una íntegra hoja de vida profesional.
El prestigio, notoriedad, celebridad, fama, renombre y popularidad no se gana por haber únicamente enjuiciado a un presidente. Si en cualquier país de la tierra la justicia se imparte por delincuentes y en contra de delincuentes, el efecto sería como querer darle validez a que el diablo también pueda redimirnos o condenarnos de nuestros pecados.
En Nicaragua tenemos algunos judiciales, magistrados y jueces de la República, que cargarán por el resto de sus vidas un dantesco y pavoroso pasado que trastoca hasta el día de hoy todo concepto de vida democrática, además de ofender al buen ciudadano nicaragüense.
En Nicaragua, no hay acto recto, razonable, objetivo, imparcial, equitativo, neutral y honrado, que nos magnifique frente a las demás naciones o frente a la opinión pública internacional.
No podemos ni debemos exagerar los beneficios de este enjuiciamiento que se hizo motivado por la vileza engendrada en el odio de dos que se disputan la presa, nuestra nación, Nicaragua, un lugar en donde el más perverso se impone o donde perece el gallo lisiado al acecho de las aves de rapiña.
Toronto, Canadá